Miércoles, 29 de junio de 2022. Última actualización: Hoy

YULIANA ANDREA

El jueves 8 diciembre, 2016 a las 10:41 pm
Gloria Cepeda Vargas

Gloria Cepeda Vargas

Parece que la violación y el asesinato de Yuliana Andrea Samboní, tocó hasta las vísceras de la sociedad. Por primera vez en esta historia de crueldades impunes, hombres y mujeres piden con brío que la justicia colombiana se apropie de lo que le pertenece.

La violencia contra niños, mujeres, campesinos, indigentes y demás desvalidos, es tan vieja como el mundo. Patrones “culturales”, instaurados por el machismo de las religiones y los oportunismos consagrados, nos convirtieron en una horda de sádicos y masoquistas enmascarados. Un mazacote primitivo, convenientemente imbricado por la ignorancia humana con el honor de la especie en el caso de la mujer y los cojones siempre en hervor en lo que atañe al hombre, crece como una bola de nieve.

Desde que tuve capacidad de razonar (y perdonen que discurra en forma personal), la diferencia entre los unos y las otras me revolvía los colores. Nunca entendí esta superioridad de cartón adjudicada a los señores ni el pregonado concepto de inferioridad encasquetado a las damas.

Detrás de civilizaciones superpuestas, nos debatimos entre la racionalidad y el instinto. Blindados con la permisividad concedida hasta a sus pataletas de niño malcriado, nuestros varones se tragaron el cuento y nosotras también con los resultados que están a la vista.

Esto del machismo no es un alarde de torpeza inofensivo. Sus tentáculos deforman hasta lo más recóndito de la sociedad. Hoy nos rasgamos las vestiduras por la violencia desenfrenada contra las mujeres y los niños como si alguna vez nos hubiera quitado el sueño.

Al arquitecto Rafael Uribe Noguera, “miembro de una prestante familia de Bogotá”, le dio la gana de entretener sus demonios con las alas de un ángel. Entonces, en uso de su derecho de pernada o dando pábulo a sus putrefacciones interiores, lo desarticuló sin anestesia para terminar, ante su llanto y gritos despavoridos, asesinándolo por asfixia. En este caso, las leyes son inanes. Una mentalidad enferma de ignorancia y soberbia, no sana con pócimas o ungüentos. ¿Miserable, infame, vil, asesino, canalla Rafael Uribe? Ésas son meras evaluaciones verbales con las que intentamos definir la degradación humana. ¿Pena de muerte o prisión perpetua para el criminal? Creo que las alimañas deben exterminarse por ética o simplemente por higiene.

Sigue a Proclama en Google News
Deja Una Respuesta
Abrir el chat
1
Paute aquí
Hola 👋
¿En que podemos ayudarte?