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YO SE LO DIJE AL MINISTRO….Y ME CRUCIFICARON

El domingo 8 mayo, 2011 a las 11:24 pm
Cesar Edmundo Sarria Porras M.D
Hace un par de años, tal vez un poco más, fui invitado por la puerta de atrás a una reunión urgente en el Ministerio de la Protección Social, y digo por la puerta de atrás, puesto que la reunión era para los gobernadores, secretarios de salud distrital y departamentales, para los segundos y terceros niveles de todo el país. No estaba en planilla que asistiera alguien de primer nivel y por tanto, hasta dos días antes de ese domingo, ninguno de los gerentes de las ESE de primer nivel sabíamos de dicha reunión. No obstante, cuando arribé al Ministerio me percaté de ser el único representante de primer nivel del país.
Asistí con curiosidad a la reunión donde los genios de la salud del país manifestaban su preocupación por la crisis que se veía venir con las sentencias de la Corte, y ante la falta de dinero con qué cubrir gastos.
Todos disertaron sobre cantidad de formulas matemáticas para conseguir un dinero adicional, situación pragmáticamente anulada por el Ministro Diego Palacio, quien textualmente dijo «A MI NO ME HABLEN DE FALTA DE PLATA, QUE NO HAY, HAGAMOS UN TRABAJO DE MESAS Y AL TERMINAR LA MAÑANA, ESPERO EXISTA UNA PROPUESTA QUE PRODUZCA LOS QUINIENTOS MIL MILLONES QUE NECESITAMOS PARA PASAR EL AÑO» y salió y se fue.
Ante esta situación, los genios, más de la política que de la salud, tres ex ministros entre los asistentes, los secretarios de salud, y uno de los gerentes de tercer nivel que asistió, se fueron lanza en ristre contra los primeros niveles, argumentando entre varias cosas: los primeros niveles no son resolutivos, congestionan la alta complejidad, tienen mucha plata para lo que hacen, no cuesta lo mismo una consulta por médico general que por especialista, se roban la plata. Aquí salieron a relucir los sobrecostos de medicamentos (pero eso sí, de primer nivel), y bueno, en general, una cantidad de difamaciones sobre los gerentes de primer nivel de todo el país, en lo cual hubo consenso por parte de todos los asistentes, claro excepto yo, único entre la jauría dispuesta a acribillar aún más a los primeros niveles del país.
Y yo, hombre solo ante una complicada situación con unos agravantes superiores: primero, la reunión no era para nosotros (primeros niveles); segundo nuestro secretario de salud y gerente de tercer nivel estaban de acuerdo, obviamente sentados juntos y lejos de mí; tercero, no podía hacer quedar mal a quien me invitó a la reunión (claro, con poder superior para hacerlo), y cuarto, con la duda “si opino, se arma la de San Quintín; si callo, salen a decir que estuve de acuerdo con lo que se dijo. Mejor dicho, al ‘charco o santa rosa’: tenía que hablar; sólo necesitaba la puerta de entrada sin que con ello lastimara susceptibilidades y como para entonces ya había regresado el ministro Diego Palacio, al preguntar por la propuesta concreta, fue esa mi oportunidad, no sólo para defender a los primeros niveles técnicamente, sino que además me sirvió para decir dónde estaba el dinero. Primero dije que en los primeros niveles no había mucho dinero, simplemente nosotros atendíamos el 92 por ciento de la población, el segundo nivel el 5% y la alta complejidad el 3%, cifras internacionales y nacionales, no estamos disparados, de tal manera que no es razón justificable; segundo, los medicamentos de alto costo salen algunos del laboratorio a precios de $200.000 por dosis y se facturan por tres millones en el distribuidor; y la bomba que desató casi la tercera guerra mundial: me metí con la caja menor de las administraciones, el PAB, actual plan de intervenciones colectivas; yo dije entonces que esa platica se estaba perdiendo, y lo sigo afirmando, entonces se para la ex ministra, María Teresa Forero, quien casi convulsionando dijo que yo era un irresponsable, que quién me había invitado, que ella consideraba que existía consenso en que lo más importante era la salud pública, y claro yo estoy de acuerdo, pero no como se ejecutan los recursos en Colombia, donde estoy convencido de que no tienen ningún impacto benéfico hasta el momento, además, yo sólo planteaba que se tocara el 50% de esa plata, con el otro 50% podían seguir haciendo lo que quisieran, y pasó así sin más ni más y se armó Troya: al gobernador le vinieron a decir que por mi culpa el país entero se había perjudicado, pues según ellos, ya tenían convencido al ministro de que diera la plata que hacía falta. ¡Pamplinas! Simplemente me crucificaron porque dije lo que hoy la Contraloría y la prensa dicen.
Traigo este suceso a colación, porque aquí no hubo un elefante en el patio, hubo un gran tiranosaurio, ¡que tiranosaurio!, un raptor de la salud y ahora nadie lo vio.
Dijo un día Nelson Paz Paredes, padre de Nelson Eduardo Paz Anaya, cuando de poda burocrática se habla: ¡que tiemblen los porteros y las aseadoras! ¿Será que deben temblar los de abajo en este escándalo? o ¿veremos en el siglo veintiuno algo diferente?. Paz en su tumba y que no sea la tumba de la salud también.
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