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“Yo boto la basura hoy”

El domingo 9 septiembre, 2018 a las 11:22 pm

“Yo boto la basura hoy”

“Yo boto la basura hoy”

Nada tan desolador como los dramáticos y espeluznantes cuadros de violencia física y verbal en que suelen caer las parejas que, ante la defunción del amor, asumen la decisión de separarse. Suelen parecerse a la prolongada guerra iraquí.

En algunos casos las rupturas trascienden los espacios de la vida doméstica extinguida y se tornan en conflictos que afectan hasta la propia doctrina de la Seguridad Democrática.

Útil sería que a los contrayentes, hecho de asombrosa ocurrencia en la Unión Europea y América, pues las uniones autonómicas son la regla general en los espacios de las sociedades conyugales del mundo globalizado, se les dictara previamente un curso de resolución pacífica de conflictos.

Y, desde luego, prefiero adoptar el concepto de uniones autonómicas y no el de “uniones libres”, porque, este último, expresión de genuina libertad, cayó, fatalmente, en el foso de la cultura feudaloide, equiparándose al de “concubinato”, que nunca calificó ni para que las parejas pudieran ser admitidas en un Club de Tejo o de Sapo.

Así, los damnificados y las damnificadas del amor, no tendrían que acudir a la Virgen de la Soledad, Patrona de los Separados, a la Virgen de los Desatanudos, ni a la del Buen Consejo, sino a la “Teoría de la Solución Pacífica de los Conflictos”, de la Escuela de Harvard, incluso, abrevar en la pedagogía del “Elogio de la Dificultad”, de quien fuera mi profesor, Maestro de Maestros, Estanislao Zuleta.

Prueba de que las mujeres, en una sociedad machista como la nuestra, sí pueden optar por una separación pacífica y con dignidad, que no excluye acudir a la justicia, la encontré en este micro relato, salvado del correo basura:

“Has de comprar fruta; las pocas manzanas que quedaban se pudrieron. No se te olvide descongelar hoy el pollo si vas a querer comerlo mañana.

Tienes algo de fiambre en la nevera para la cena de varios días. La paliza de anoche fue la última. Ni una más. No volverás a verme, no intentes buscarme. No más tirones de pelo, no más insultos, no más miedo. Se acabó, Alfredo. Se acabó.

Me has paralizado durante tantos años que mi recién estrenada ilusión por cambiar de vida es inmarcesible. No hay reproches, ni siquiera rabia. Me voy en silencio.

Recuerda que la puerta de la lavadora no cierra bien y a veces se desborda el agua. Yo boto la basura hoy, no te preocupes”.

La Guaira, Venezuela, agosto 6 de 2.008

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Otras publicaciones de este autor: https://www.proclamadelcauca.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/jorge-munoz-fernandez/

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