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¿Y qué pasó con la inteligencia militar y policial?

El miércoles 23 septiembre, 2020 a las 3:34 pm

¿Y qué pasó con la inteligencia
militar y policial?

¿Y qué pasó con la inteligencia militar y policial?

Uno se queda aterrado después de registrar las trágicas noticias que como periodistas tenemos que cubrir diariamente en el departamento del Cauca, porque todos los hechos criminales siempre sorprenden a las autoridades legítimas, que en muchos años no han podido garantizar el control territorial y social, evidentemente en manos de fuerzas irregulares o criminales que se disfrazan, también, y según el caso, de mineros, cultivadores de coca o marihuana, narcotraficantes, disidentes Farc, sicarios de cualquier orden, paramilitares, perseguidores étnicos o racistas, movimientos extremistas, terroristas, y hasta de delincuentes comunes y silvestres, que son los que les imponen la agenda tras cada demostración de su poder ofensivo.

Y uno se queda aterrado porque nadie parece tener información previa, ni posterior, que sirva de base para prevenir y controlar, dejando en desamparo y a merced de las fuerzas criminales a las comunidades campesinas inermes (sobre todo indígenas y afros), escogidas por los asesinos para enviar “mensajes” sobre la total incapacidad del Gobierno para cumplir con las obligaciones constitucionales adquiridas.

Por eso, los primeros sorprendidos, a los que siempre cogen fuera de base es a las autoridades civiles y militares, que tras cada masacre o asesinato, corren a convocar sobre los cadáveres y tragedias familiares consejos de seguridad absolutamente inútiles, así sean presididos por los comandantes militares o de policía, porque son los primeros desinformados, que pretenden quedar bien con las poblaciones víctimas con conclusiones manoseadas, trilladas, las mismas de siempre, explicaciones de cajón, sin darse cuenta de que se convierten en el mamarracho de víctimas y bandidos, atribuyendo, sin pruebas concretas y precisas, presuntas responsabilidades inmediatas a disidencias de las FARC o a otros actores armados, según la región y la conveniencia, y disponiendo decisiones incompetentes que no conducen a parar el etnocidio que viene padeciendo el Cauca desde que el uribismo asumió de nuevo el gobierno, sino a la preparación oficinesca del próximo consejo de seguridad, y así sucesivamente, porque además, todo el mundo sabe que los crímenes quedan impunes mientras los comunicados oficiales terminan con la manida frase: “se iniciaron las correspondientes investigaciones por parte de las autoridades competentes”.

Si la Justicia fuera eficiente y eficaz, y si las Fuerzas Militares y de Policía, y las autoridades civiles, hicieran verdadera inteligencia, y contrainteligencia, no el simple registro de estadísticas para responder burocráticamente a un superior jerárquico, podrían detectarse con anticipación las amenazas o los enemigos de la seguridad pública, previniendo y disminuyendo los riesgos, y entonces, serían muchas las vidas que el Estado podría salvar.

Pero no. Contrariamente, este gobierno se ha especializado en actividades de espionaje (perfilamientos, les dice Duque, también eufemísticamente, pues realmente son la nueva versión de las ‘chuzadas’ ilegales que tanto practicó el verdadero jefe de gobierno, así esté preso) a periodistas independientes y defensores de derechos humanos, desmovilizados y líderes sociales, a jueces, sindicalistas, y opositores legítimos del partido de gobierno, perseguidos, aunque, obviamente, no somos nunca, por nuestra actividad rutinaria, quienes estamos en capacidad de atentar contra la seguridad del Estado, como se han querido convencer los señores que están en el Gobierno, de manera absolutamente equivocada, patrocinando así, por omisión y distracción, la violencia que padece el pueblo caucano, especialmente, por parte de los verdaderos protagonistas del terrorismo.

Es más, está tan perdida la actividad de inteligencia y contrainteligencia, que hasta se violan los principios establecidos en la Ley en lo referente a los derechos humanos y al cumplimiento estricto del Derecho Internacional Humanitario y el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, incluyendo la reserva legal que garantiza la protección de los derechos a la honra, al buen nombre, a la intimidad personal y familiar, y al debido proceso. Lo ha padecido toda Colombia en los últimos días.

Yo creo en lo anterior, porque veo que el gobierno que preside Duque está más concentrado en politizar del todo a las fuerzas militares y de policía para utilizar a sus integrantes y sus familias como electores eficaces de la causa uribista, con el apoyo de oficiales de las reservas activas comandadas por el brigadier general (r) Jaime Ruiz, presidente de ACORE (Asociación Colombiana de Oficiales Retirados de las Fuerzas Militares), que en recuperar el verdadero carácter nacional, estatal, de dichas instituciones, es decir, al servicio de todos los colombianos sin distingos políticos, para dignidad de cada uno de los que portan el uniforme de la Patria. Pero no, los pretenden como otra fuerza política, fuera de eso armada, que deberá acostumbrarse al ignominioso dicho que se aprendieron de memoria: «quien no está con nosotros es el enemigo a vencer». ¡Qué peligro, el que se cierne sobre las cabezas de las mayorías de este atormentado país!, porque este gobierno ha demostrado desconocer la legitimidad de la oposición.

No sé, entonces, si nos tocará seguir aterrándonos de lo que ocurre a diario en nuestro entorno como consecuencia de las falencias que presentan las instituciones del Estado, convencernos del todo de que la situación social del Cauca es irremediable y simplemente estamos condenados a seguir padeciendo este despelote de gobierno que en mal momento nos tocó, y mientras nos programan nuestra hora, seguir enterrando amigos, paisanos, jóvenes inocentes, campesinos, indígenas y negros humildes o aspirar a que algún día este país, urgentemente, retorne a los cauces democráticos del debate y la controversia en busca de la verdadera democracia y que la Fuerza Pública asuma su verdadero rol constitucional con valentía y dignidad utilizando las herramientas que debe emplear en beneficio de las comunidades –la inteligencia y contrainteligencia-, y nunca al servicio de una clase politiquera excluyente. La incertidumbre es mucha.

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Alfonso J. Luna Geller
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