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¿Y de la seguridad jurídica pa´l pueblo…qué?

El lunes 22 octubre, 2018 a las 10:53 am

¿Y de la seguridad jurídica pa´l pueblo…qué?

¿Y de la seguridad jurídica pa´l pueblo...qué?

Después del triunfo del NO A LA PAZ, en el plebiscito de octubre de 2016, luego de la ratificación y la llegada de los mismos y las mismas al Congreso de Colombia el pasado marzo y tras la derrota por “W” que sufrió la CONSULTA POPULAR ANTICORRUPCIÓN, en la tierra del sagrado corazón, cualquier cosa puede esperarse, más allá del ridículo internacional.

Cualquier cosa sirve para justificar lo injustificable en otros lados. Para la muestra un botón.

Desde hace ya 28 añitos, desde la revolcada que nos pegó don Gaviria y sus hoy, no tan muchachos, pasando por el doctor don Elefante invisible, el sapo traidor y vuelto lamberto del Caguán, don mesías del ubérrimo y el pokerista nobel, siempre se nos dijo, se nos insistió y se nos hizo creer en la necesidad de la seguridad jurídica del Estado colombiano, por eso de la competencia primero, y la confianza inversionista, después.

Los señores expresidentes y me temo que el actual sub-presidente Duque también, han hecho y harán, los mil y un malabares, las prestidigitaciones, las muchocientas untadas de mermelada, las coacciones hasta lo indecible, con tal de brindar a cuanta transnacional así lo pida, en bandeja de plata u oro por supuesto, esa preciada seguridad jurídica, pedida e impuesta desde Washington, Bruselas, Paris o Londres. En un mundo civilizadamente globalizado y con tratados de comercio simétricos y justos, es apenas obvia tal exigencia.

Los imberbes, despistados, cuadriculados, recién salidos y desempleados economistas de los programas de opinión de la capital colombiana, saludan, felicitan, exaltan, alaban hasta el orgasmo, el juicio con el que durante 28 añitos los gobiernos de Colombia en cabeza de esos ministros, con los que tienen eróticos sueños, se han plegado al nuevo orden económico mundial por medio de la cacareada seguridad jurídica para el inversionista extranjero. Pero, como afirmara un súper héroe del populacho, don Chapulín Colorado: “no contaban con mi astucia”.

Como es claro, no con mi astucia, sino con la astucia del pueblo colombiano, que en uno de esos brillantes momentos de la historia patria, ha empezado a tener conciencia de su importancia y su poder. Por fin, luego de más de doscientos años, el colombiano del común, se dio cuenta lo que significaba eso que está escrito en el artículo 3 de la Constitución Colombiana: “La soberanía reside exclusivamente en el pueblo (1)  del cual emana el poder público. El pueblo la ejerce en forma directa o por medio de sus representantes, en los términos que la Constitución establece”.

También se dio cuenta de que la Carta Magna le daba las herramientas para ejercer esa soberanía, para mandar a sus mandaderos los alcaldes, los concejales, los diputados, los gobernadores, los congresistas y hasta a don presidente, así sea de madera y con cuerditas. Y, hacendoso como es el pueblo colombiano, se dio a la tarea de emprender la defensa de su tierrita, sus derechos y su propia vida, confiado, confiada, confiados como estábamos hasta ahora, en que la democracia consistía en tener, entre otras cosas, seguridad jurídica para todos por igual.

Pero como se mencionó al comienzo, en un país como este, como el nuestro, epítome de lo absurdo, la Corte Constitucional y de segundas, el Consejo de Estado, le han asestado tremendo sopapo a la esperanza y la confianza, ya no del inversionista, sino del colombiano decente de a pie, al echar para atrás lo andado en lo concerniente a la soberanía popular, la defensa del medio ambiente, la salvaguarda de la seguridad alimentaria, la salud y la vida, nada más ni menos que la vida, al borrar de un “sentenciazo”, la seguridad jurídica del pueblo colombiano.

Hasta ahora siempre se ha defendido la valentía, la sindéresis, la integridad y la consecuencia jurídica de las cortes colombianas, se les ha socorrido y brindado solidaridad en los múltiples momentos de feroz ataque por parte de la ultra derecha del Ubérrimo. De hecho aún hoy, se les cree.

Sin embargo, no deja de ser preocupante la terrible coincidencia de las últimas actuaciones de las altas cortes, en cuanto a las consultas populares pro defensa del medio ambiente y la vida, y la intentona derechista por acabar con la consulta previa e informada, quizás la última herramienta de defensa y reclamo del pueblo colombiano.

Por el heroico historial de las altas cortes uno intenta desechar los malos pensamientos, trata de no dejarse arrastrar por el palurdo intento de desprestigiarlas, por parte de los bandidos y sus amigos, sin embargo, cuando el mandato o el intento de soberanía que pretende el pueblo colombiano al defender su futuro y su vida, es coartado por los defensores de la justicia, no dejan de entrarle dudas a la sesera de uno, para terminar preguntándose: ¿Y de la seguridad jurídica pa´l pueblo…qué?

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(1) Subrayado fuera de texto original.

Otras publicaciones de este autor: https://www.proclamadelcauca.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/omar-orlando-tovar-troches/

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