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Volver al Huila

El miércoles 14 noviembre, 2018 a las 12:22 pm
Volver al Huila

Jorge Eliécer Pardo / Imagen: https://bit.ly/2Tev1Ba

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El Huila, de mis más profundos afectos por ser mi tierra, es siempre un atractivo de los más entrañables, su comida, su trago, su gente, ese hablar particularmente cantado me sorprende, que en mí se ha vuelto neutro por tanto lugares oídos y hablados, acumulado tras cada paso, tras cada huella que he vuelto a mirar y que el tiempo ha ido borrando, para parodiar a Antonio Machado, de cambiar los dejos pero recordar con nostalgia de dónde vengo y en dónde me parieron.

Lo anterior para referirme a la vueltica por mi tierra, gracias a invitación del escritor Feliz Ramiro Lozada, director ejecutivo de la Fundación Tierra de Promisión con motivo de la premiación de la Bienal Internacional de Novela José Eustasio Rivera, para participar como espectador de la entrega del premio al escritor y amigo Jorge Eliécer Pardo, una mención merecida por ser una persona con más de medio siglo desafiando las letras y el idioma, y desafiando el destino de un país en franca confrontación, donde sus intelectuales son un estorbo; un país de reinas y de políticos corruptos, con la derecha fascista que parece enseñoreada: En cincuenta años ha visto morir la no despreciable cifra de 280 mil, desplazar a 7.7 millones, 180 mil desaparecidos todos conciudadanos.

Hago la anterior mención porque tales cifras no justificarían en Colombia el poder de la extrema derecha, y porque la literatura de Jorge Eliecer Pardo es un testimonio agregado de esa violencia que no parece avergonzar a la inmensa mayoría de la población, tan irracional como nuestro pasado pintado de sangre, tragedia que no para y parece ensañada en nuestra conciencia; que impide reconocernos como parte de una sociedad con futuro. Lógico, Pardo no es un escritor para el presente aunque lo leamos ahora, con tantas heridas rebullidas con sal y el ardor vivo de la venganza que justifica los cientos de crímenes, peor si la educación, la cultura, la lectura, ocupan portón trasero de nuestro hábitat.

Fue un evento sobrio, aunque provinciano, con reina a bordo y un gobernador (e) que parecía en campaña electoral, tan clasicómico para fortuna olvido su nombre; y un alcalde apropiado para la ocasión con alusiones a Rivera. No entendí el protagonismo discursivo de los jurados, solo deben hablar a través del acta que otorga el premio. Un discurso del premiado lleno de sentimientos familiares, como debe ser la vida, para quienes creemos en la familia como motor de realización. Después compartir con los Pardo la gran tradición cultural en el Tolima, de Pablo y Carlos Orlando para hablar de libros, autores y ediciones, y con el editor de la novela ganadora, una mejoría imponderable con relación a la edición de otros premios de la Bienal, esfuerzo pecuniario de la Alcaldía de Neiva y de Tierra de Promisión, que debe mejorar tanto en calidad de los jurados como en la ceremonia (debe ser breve; donde el protagonista sea el escritor premiado).

Al día siguiente para Garzón, al encuentro de escritores que convoca de puño, letra y bolsillo el maestro Amadeo Gonzalez Triviño, del que les cuento en la próxima entrega.

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