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VOCES APAGADAS

El sábado 5 marzo, 2016 a las 9:28 am

José López Hurtado

José López Hurtado (x).

América Latina, de suelo prolífico a las dictaduras militares que dominaron la escena política de medio siglo con un altísimo balance de pérdida de vidas, hoy es el triste escenario de otras guerras que se sufren por parte de los defensores de derechos humanos en Méjico, Colombia, Brasil y Perú, sin mencionar a algunos países de Mesoamérica como Honduras y Costa Rica, solo por citar los casos recientes más relevantes. La guerra selectiva desatada particularmente contra aquellos comprometidos con la defensa de la tierra, de la naturaleza y de las etnias indígenas, alcanzó en 2014 la cifra de 116 ambientalistas asesinados en la región, que se opusieron a los intereses de las grandes multinacionales, depredadoras de los recursos naturales. Cuando no victimas de amenazas, agresiones, atentados y detenciones arbitrarias. Según un informe de la ONG, Global Witness, Honduras es el país más peligroso del mundo para defensores ambientales. “Nos consideramos custodios de la naturaleza, de la tierra y sobre todo de los ríos”, había dicho a la BBC , Berta Cáceres, la líder indígena lenca hondureña, vilmente asesinada hace algunos días, quien había recibido el año pasado el Premio medioambiental Goldman, por su trabajo incansable en contra del polémico proyecto hidroeléctrico con financiación internacional, Represa de Agua Zarca, que traería devastadores efectos al ambiente y a las comunidades ancestrales, residentes en la cercanía del lugar, y que, en ultimas, representaba una privatización del principal afluente, el rio Gualcarque, patrimonio de todas las comunidades. Insistía la líder asesinada que a partir de 2009, Honduras vio un aumento inusitado de megaproyectos, enderezados a la provisión de energía barata para concesiones mineras, particularmente. Pero que además, para este caso, como ha venido ocurriendo en muchos lugares de la región, se había violado sistemáticamente el Convenio 169 de la OIT, sobre la consulta previa, libre e informada, para el desarrollo del megaproyecto, máxime en tratándose de poblaciones indígenas o vulnerables, las principalmente afectadas. Su lucha logró el retiro dela compañía Sinohydro, la estatal china, encargada de adelantarlo. Pero su voz fue acallada por los asesinos, en represalia. Como ocurrió con el joven ecologista Jairo Mora, defensor de las tortugas gigantes en Costa Rica, que enfrentado a las mafias del criminal comercio de los huevos del animal en vía de extinción, fue atrozmente torturado y después muerto, por oscuros maleantes. La muerte persigue emboscada a estos apóstoles defensores del ambiente, de los animales, de las reservas naturales, de los derechos humanos, de los más débiles, como otra vil guerra, soterrada y silenciosa. Pero sus espíritus, como lo había dicho Berta Cáceres, “seguirán residiendo en los ríos como guardianes”. Cumplida justicia es el grito que se impone, garantías y seguridad, para quienes velan por los intereses de los más indefensos, nuestros hermanos menores.

(x) Analista Internacional, colombiano.

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