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VOCACIÓN DE BARRO

El lunes 7 mayo, 2018 a las 10:19 am

VOCACIÓN DE BARRO

VOCACIÓN DE BARRO

Leopoldo de Quevedo

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Del poema Vocación de Barro

El título de un poema marca la frente del Libro del joven poeta Ancízar Arana Cruz. Ha librado ya a su edad batallas y ha conquistado laureles. No es un novato en los menesteres de la vida ni en la Poesía. Tiene curtida su piel y sus labios ríen y hablan con seguridad para donde corre el viento o de dónde viene el día y la noche.

Aunque en su trabajo lo apartan rejas y dolores, su carcaj está lleno de saetas que cruzan el espacio y si sus ojos buscan el horizonte lo ven por encima de los barrotes y las nubes y el sol lo miran a toda hora.

Al poeta no le importa si es de día o de noche, si está adentro o afuera. Su mundo está en su interior. No es de cristal ni de rosas ni vive entre princesas o detrás de ciervos y gacelas.

Sus ojos nacieron al pié del patio de la casa y sus alrededores le acompañan en cada palabra que piensa. Sus versos están llenos de cansancios, de ladrillos, de sudores diarios y del humo que sale por entre la chimenea como lo vió una tarde Virgilio en Mantua. Su hogar es el lenguaje que vive entre verso y verso. “Ya casi acabamos”, dicen tus ojos a las diez de la noche mientras escondo con orgullo y pena todos los dolores de la jornada», susurra para sí en la soledad diaria de sus pensamientos.

El color de su piel le recuerda a cada instante, como a Adán, que el barro es elemento que  construye y permite vivir, cansarnos y triunfar o llorar. Desde el patio de casa divisa los platanales allá en el fondo y, de cerca «ve sobre las cuerdas bailar al aire la ropa ya lavada» y ve llegar a su padre que «viene de pegar ladrillos malabaristas».

Nada le oculta el origen de su piel y el sentido de la vida. Por el contario, todo se lo recuerda. Por la noche, una «cama patiabierta esperará celosa» sentir que el amor del día no descansará entre las sombras.  

En la mañana su familia sabe que su «padre irá a cosechar lombrices para canjearlas por escamas en el río». Mientras tanto «el tío Tulio lo verá escribir versos con el azadón en el patio». Al caer la tarde se «devolverá a la ciudad pensando que cuando vuelva podrá asistir al parto del maíz en la parcela».

Ancízar ha entendido bien que el hombre es barro y lo canta con devoción humana y sentimiento. Aunque vive en la ciudad no se ha dejado permear del lenguaje artificial de la élite internacional que nombra las cosas y los movimientos con palabras trajeadas y afeitadas. Habla de parteras, espermas, bahareque, rescoldo, cal, retazo, cañaduzal, anzuelo, cometa, trapero, cabalgata, bostezo, concha, gotera o parcela, machete, cascada, bejuco.

No solo es de barro, sino que el barro es colombiano y así palmirano. El vocabulario que utiliza es lo más cercano a su patria chica, con gran acierto.

04-05-18                                          7:30 p.m.

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