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Vistazos

El miércoles 19 noviembre, 2014 a las 10:42 am
Luis Enrique Delgado

Por Luis Enrique Delgado

Como ocurre siempre en Santander de Quilichao (mi querido Santander) donde todo mundo opina, especialmente de manera callejera, pero donde muy pocos se animan a darle solidez y penetración a su concepto, el “día sin carro y sin moto” reportó variados comentarios. Por supuesto, unos positivos y otros negativos.

Veamos, por ejemplo, una opinión llena de negativismo y diría yo, de intenciones soterradas. Políticas, podríamos colegir:

* “Quizás muchas razones tuvo el secretario de tránsito para llevar a buen puerto el día sin carro y sin moto, pero sin duda, habrán dos de gran peso; la primera, resaltar por todo lo alto sus casi tres años al frente de la Secretaría de Tránsito y la segunda, dejar en la memoria de los quilichagueños, ahora que se va, o piensa irse, el recuerdo de una “brillante” labor al frente de esta dependencia. En su descreste para justificación de motivos, el secretario de tránsito adujo razones ambientales”.

La opinión es de Jaime Soto Palma.

Y este otro concepto, respecto al “día sin carro y sin moto”, ahora del licenciado Javier Enrique Dorado:

* “No sé si a ustedes amables lectores les pasó lo mismo, pero el pasado jueves 16 de octubre, fue un día mágico en nuestro querido Santander. Mejor dicho regresó la magia perdida a nuestra ciudad, entendida la palabra como encanto. Y todo por el dichoso “día sin carro y sin moto”.

“Ese memorable día volvimos a descubrir a nuestro Santander de antes, al verdadero, al auténtico, al que estaba escondido en medio del maremágnum tradicional, que a veces nos atosiga y nos confunde, hasta paralizarnos el alma y nuestros sentimientos”.

Ahora mi modesta opinión: * “Ojalá Santander de Quilichao tuviera día sin carro y sin moto una vez al mes. Sería el beneplácito general para toda la ciudadanía que, la verdad sea dicha, no necesita de esos vehículos para movilizarse internamente”.

* Eso, valga el ejemplo, es como hacer la donación de un día de salario a una bonita y necesaria obra social.

* A propósito del tema vehicular, ¿cuándo será, por Dios, que en mi querido Santander se va a implementar el “pico y placa, para carros y motos?”

* El parque automotor de la ciudad se ha crecido de manera exagerada y se hace indispensable e indiscutible medidas que reporten tranquilidad y desahogo, descongestión a una ciudad pujante, de vertiginoso desarrollo, pero que requiere orden.

* No vamos a decir que el pico y placa traerá la panacea a las dificultades de movilidad que estamos padeciendo, sin que haya autoridad que controle los desmanes, pero sin duda hará que de a poco vayamos entrando en las normatividades de las ciudades.

* Buena pregunta: Alguien me preguntó en el tristemente abandonado parque principal: ¿Santander de Quilichao es una ciudad con cara de pueblo, o un pueblo con cara de ciudad?

* Para seguirle la pista: En mi querido Santander funciona una EPS que mensualmente premia, con bonos y dinero en efectivo, al médico que formule medicamentos de más bajo costo, no importa que el paciente se vaya con una “droga” que nada tiene que ver con su enfermedad. Y yo me pregunto: ¿será que semejante irresponsabilidad amerita un premio?

*Lo leí anoche: Hubo, hace años, un prestigioso periodista huilense que diariamente cerraba su columna con una frase, o una reflexión. Lo leí anoche, decía.

Pues voy a tomar esa bonita costumbre y le doy el crédito a Darío Silva Silva, para que no me acusen de plagio:

“La paz es un concepto mucho más amplio que la ausencia de guerra”. Víctor Diusabá.

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