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Lunes, 30 de marzo de 2020. Última actualización: Hoy

VIRALES Y MORALES

El miércoles 18 marzo, 2020 a las 8:25 pm

VIRALES Y MORALES

Muerta la belleza, retorna el negro caos.
Shakespeare

VIRALES Y MORALES

La magia del contacto que engrandeció a la raza humana, hoy está en riesgo de quedarse en suspenso frente al miedo del contagio y ya nada queda por decir. Hoy, aumenta el riesgo de caminar sin ver quien camina al lado; de conocer nuestro hacer, de ignorar al prójimo y de vivir olvidados de nuestra propia esencia.

                Probablemente nuestra visión del riesgo está nublada por la larga caminata del virus. Su figura nos encontró ensimismados por los objetos, alejados de la alegría y la esperanza y del otro que es igual o diferente. Todo lo anterior lo ha llenado de motivos para seguir como aquel peregrino que no le importa el camino sino la llegada. Ante esta situación obliga a confrontarnos con nosotros mismos, venerar la toma de conciencia desde la inmensidad del espacio y no desde la finitud del tiempo. El virus nos hizo débiles, condicionados a esperar estoicamente lo que naturaleza nos depara, lejos de amigos y trabajos. Se acercan tiempos de caos y desazón, de incredulidad y fanatismo manados de un próximo apocalipsis. Sin embargo, esta época debe darnos la oportunidad de mejorar nuestra manera de organizar la sociedad para hacerle frente a las tentaciones totalitarias y excluyentes, que a la larga han llevado al colapso de la humanidad.

                Las imágenes y la información que circula me hacen volver de manera vertiginosa a la portentosa expresión de Heidegger (1997), “El olvido del ser” porque nos permite comprender la existencia inauténtica del 2020, donde el individuo se pierde cada vez más en un mundo de objetos, en rutinas diarias, en una velocidad de cambios que no entendemos, donde los intereses transforman el panorama antes de que tengamos la posibilidad de entenderlo. En esta dinámica de caos producto de la desinformación y del egoísmo, somos sumergidos en el comportamiento de las masas, tratando de ocultarnos del otro y de sí mismos, sin tener conciencia del sentido de la vida. Estos comportamientos habrán de conducir a quienes temen a la libertad a experimentar un sentimiento de temor al confrontar la vida con la muerte, a evitar la dolorosa sensación de que hoy somos y mañana quizás no.

                Volviendo a nuestros territorios y realidades, el aislamiento debe permitirnos iniciar un camino hacia un reencuentro consigo mismo, con los otros, con la naturaleza. Pero debe ser un acto libre, no un imperativo manado de las normas dogmáticas o ineludibles por la lúdica voluntad de un líder político o religioso.

                En la era de las redes sociales, debe ser doloroso experimentar una sensación de frustración cuando se constata que no está el otro para aplaudir o validar los actos. Sin embargo, nuestra realidad permitirá ser candiles o estrellas, construir escenarios para evitar caer en sueños de un estado febril en lugar de propagar el miedo y la muerte. En fin, debe ser poco agradable sentirse amarrado a un mástil y darse cuenta que todo ha sido inútil porque hasta las sirenas dejaron de cantar en mitad del silencio y el miedo.

                El coronavirus ha creado en el mundo y a gran escala un disgusto o repugnancia por el contacto con el otro, sin distingo de color, estrato o creencias. Se cree que siente la llegada de los jinetes del apocalipsis como excusa al no aceptar e interiorizar las frustraciones del siglo XXI. Al tratar de hallar culpables hemos buscado fuera de nosotros mismos, transformando de manera drástica las condiciones de supervivencia. El desconcierto es absoluto y se siente un malestar cósmico que produce su multiplicación alrededor del mundo. Pareciera que la raza humana estará a solas en medio del miedo que se amplían sin control.

Sin embargo, me atrevo preguntar ¿no es verdad acaso que esto es ya la soledad fruto de una época donde prima el individualismo y las falacias sobre nuestra identidad? Y sin temor a parecer fatalista, ¿serán suficientes las barreras temporales, espaciales y los toques de queda en un mundo ya sin fe y sin valores?

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