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VIOLETA EN INVIERNO

El viernes 10 abril, 2020 a las 10:21 am

VIOLETA EN INVIERNO

VIOLETA EN INVIERNO

   Todo es violeta en el invierno, así tituló Álvaro Ernesto Sierra Eljach (Popayán, 1980  / Trujillo -Perú- 2008) este libro de dramaturgia, que lleva el sello de Gamar Editores, 2012. En la portada, una fotografía de Álvaro con una sonrisa entre irónica y festiva, “pero ahí ya hay una actitud escénica”, comentó un curioso que leía las primeras líneas de esta reseña. Ocurrencia que resultó acertada, porque todo en la breve vida de Álvaro parece haber transcurrido en un escenario.

   En efecto, Álvaro Ernesto presintió, desde que tuvo conciencia, que su misión en la vida sería el teatro; el estudio y sus viajes lo testifican. Fue Maestro de Arte Dramático de la Universidad de Antioquia, estudios de actuación en La Habana y dramaturgia en Buenos Aires. Y muere justamente durante una representación teatral en Trujillo. Álvaro representó, entonces, el destino que le tocó en suerte, y del que no se cansaba de darnos señales en sus textos: Mi mayor acierto: arriesgarlo todo por el arte. / Nunca miro hacia atrás,… todos esperan en cualquier momento mi caída, pero la verdad es que vuelo…

VIOLETA EN INVIERNO

   El contenido de Todo es violeta en el invierno lo constituyen dos piezas: “Entre espadas y viento” y “Largo viaje hacia la noche”, trabajo que fue elaborado en una escritura sin descuidos, desde 2005 hasta 2008. Un rasgo éste asaz significativo, dado que el lenguaje en estas dos piezas se constituye por sí mismo en personaje; son diversos los recursos estilísticos, donde no falta la poesía.

   Entre un recurso y otro, las obras tejen su unidad en el monólogo; por ello no son muchos los personajes, pero es intensa la vida. Para decirnos que siempre son los mismos los temas de la literatura e idénticos los problemas fundamentales del hombre. El autor, cronista también de la historia del teatro, se remonta a los orígenes de la dramaturgia en Grecia, y desde allá trae a la trágica Medea: desgraciada en el amor y, arrastrada por el odio y la venganza, asesina de sus propios hijos. El puente entre ese remoto pasado y el presente de estos otros personajes, se resuelve en una sentencia: La voluntad es una fuerza /  Pero la paciencia /  Es una vida.

   La vida es un torbellino en la existencia de estos personajes, todo pasa muy rápido y el resultado es el abismo de una soledad que trata de comunicarse a través de alienaciones que la alimentan: Fui traicionera, infiel, drogadicta, famosa… pero nadie me recuerda. Y como la enajenación desencadena un extrañamiento de la realidad, el volumen de relaciones sociales, de amigos a montones, acaba en el doloroso oxímoron de no reconocer a nadie: Si usted tiene esta tarjeta en sus manos, es porque es uno de los afortunados en asistir a la fiesta de Lulú Newman… Y lo mismo Dalila, otra que parece lo tuvo todo, pero al final no tiene nada, o tiene espejismos: “Cásate conmigo, Dalila”, repetían los clientes, ¿yo?, feliz, ese era mi sueño, un irreal sueño, un proyecto de vida.

   Y como en las tragedias shakesperianas, el tiempo se simplifica en unos pocos minutos; y todos, sin remedio, desaparecen: Mi madre murió, mi padre también, mis cuatro abuelos también, mi perro también… Es normal… Con un cierre dramático en donde el telón sabe cuándo caer: Le repito, cinco minutos y luego el vacío,… simplemente estaba mi soledad…

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Donaldo Mendoza
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