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VIAJE CON NUBES Y ALAS ROJAS

El jueves 30 abril, 2015 a las 12:57 pm
Bulevar de los Días

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Loco-mbiano

VIAJE CON NUBES Y ALAS ROJAS

http://leereluniverso.blogspot.com/2010_08_01_archive.html

Viajar es mejor que vivir, dijo un sabio que nunca tuvo las oportunidades de la modernidad. Lo presentía. Solo probó las aguas verdes del mar para entrar en ellas y navegar. Más quiso Ícaro pero falló en su empeño y murió en el viaje con su ilusión estrellada sobre un peñasco.

Viajar hoy, no por negocios ni por obligación, es cumplir un sueño, más que soñar despierto. Vivir no es necesario, navegar sí, como bien lo sentenció Plutarco que supo de costumbres, misiones y continentes. Su trabajo lo llevó con sus libros a Egipto, Asia Menor y Grecia y satisfizo su ansia de saber y conocer. No llevó cámara ni nos dejó videos, pero sus escritos nos han permitido saborear parte de su locura por arriesgarse a entrar al mar.

Viajar hoy, en medio de la guerra, por las vías recién pavimentadas, en bus o auto, para participar en un recital y echar a volar versos, no supone esfuerzo alguno. Dar gusto a la ilusión no causa dolor ni en la mano ni en la mesa. Es un placer sentarse con la amada a planear, fantasear un poco y pintar en un papel el recorrido que más tarde leerá el piloto y lo seguirá fiel a las líneas trazadas.

No vale la pena vivir sin soñar, ni soñar sin poner los medios para que se hagan realidad los planes que trazamos sin dificultad. Vivir es lo de menos. Eso se da por descontado. Uno empieza a viajar cuando empieza a forjar el recorrido. Y la imaginación vuela antes que el avión o el champán o el tren. Y mejor si es con las manos entrelazadas para cuando aparezcan las nubes negras y turbulencias, sentir que el sudor se seca y el ritmo se serena.

Tal vez Noé y Plutarco tuvieron que acudir a pagarle a la ciudad de donde partían. No tendrían que pagar pasaporte ni visa, pero sí un salvoconducto que los identificaran como ciudadanos cumplidores de requisitos y pagadores de impuestos. Nosotros tuvimos que quemarnos en el infierno de cambiar el pasaporte y renovar la visa por otros diez años. Pasar al otro lado del charco tiene sus costos y es prerrequisito. El Tío Sam no perdona un dólar menos en su bolsillo ni la Dian pierde la oportunidad de seguir los pasos al que viaja.

Son gajes del viaje. ¿Y el lenguaje? Las señas sirven en caso de necesidad, dominar los nervios y saber alguna que otra expresión de la lengua de Shakespeare. No abre las puertas pero aligera el paso. El viajero sabe que la lengua es el primer desconocido y la principal barrera.

Sí. Para que los sueños se conviertan en viaje, son necesarios los aparejos como lo experimentó el Quijote. Unos cuantos dolaretes, un pañuelo, un par de camisas, dos pantalones y zapatos con suela fuerte. Esto, si uno quiere estar cómodo, porque también se puede viajar a dedo o en bicicleta alrededor del mundo.

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