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Versos santos, besos, nada más

El martes 4 febrero, 2020 a las 10:28 am
Versos santos, besos, nada más
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Versos santos, besos, nada más

Versos santos, besos, nada más

Por: Leopoldo de Quevedo y Monroy.

He descubierto estos versos abandonados en mi archivo. Los he visto y mi memoria se devolvió para recordarlos, volver a leerlos y dedicarle unas palabras al poeta más nombrado por el profesor de Lengua Castellana en mis primeros años de bachillerato en el Seminario Claretiano de Bosa, Jesús Alfredo Silva.

El verso es un beso santo. ¡Poned en él tan sólo,
un pensamiento puro,
en cuyo fondo bullan hirvientes las imágenes
como burbujas de oro de un viejo vino oscuro!

¡Allí verted las flores que en la continua lucha
ajó del mundo el frío,
recuerdos deliciosos de tiempos que no vuelven,
y nardos empapados de gotas de rocío

para que la existencia mísera se embalsame
cual de una esencia ignota
quemándose en el fuego del alma enternecida
de aquel supremo bálsamo basta una sola gota!

José Asunción Silva. Bogotá, 1865-1896

La poesía no son solo versos y besos santos. Son recuerdos hondos nacidos de entre la sangre, los recuerdos, la belleza y la inspiración. Y también son triunfos de la muerte que sobreviven a su autor.

José Asunción o «Presunción» como se llegó a tildar, fue un precursor del modernismo literario en Colombia pese a la temprana edad y circunstancias en que murió.

Sí. La poesía siempre será una poción santa, distante, exclusiva de santos, sabios o demonios. Habrá que tomar distancia de la cotidianidad, de la costumbre diaria, de fofo tufo de la imitación. Nadie será poeta por aclamación, dinero o suerte. Ella nace del oficio, de un regalo de los dioses del Olimpo, de una alta inspiración. Lo dice él su poema: «es un bálsamo supremo y basta una sola gota» y lo fabrica en un momento de la alta ebriedad que solo la padecen los poetas de verdad. 

Cada beso es un sorbo de vino añejo y cada palabra de su poema es una suficiente gota de bálsamo de fuego para estimular la efímera existencia humana. Cada verso es una incitación, un reto a continuar viviendo empapados de la palabra que estimule la suprema razón de vivir gota o gota.

Su poema parece una breve apología de una vida, cualquiera sea la edad. No importa que él se hubiera suicidado, no importaría vivir aislado o ignorado. Bastaría tan solo  que en vida se hubiera sentido ebrio, empapado, quemado por – aunque fuera – por una gota del beso santo de la Poesía. …Y lo probó a sus 30 años con su muerte. Ya estaba saciado de «aquel supremo bálsamo…de esencia ignota»

Tal vez intuía que sus días estaban contados por él mismo cuando escribió sobre la suerte de su «mísera existencia»… ya estaba preparada para quemarse en el fuego en él, y bastaba una sola gota para embalsamarse. Hasta describió cómo lanzarían en  su fosa flores de recuerdos deliciosos, ya ajadas por su continua lucha…

Su suicidio remató las palabras que escribió en este poema. No fue óbice para que Colombia lo recuerde como uno de sus epónimos poetas.

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