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Versos en la pira

El lunes 25 febrero, 2019 a las 10:12 am

Versos en la pira

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

Eugenia Galeano Pacheco ha puesto su nombre en el asador, ahí, donde siente la última vez hervir la sangre de poeta, expuesta a los ojos del mundo ávido de luz y batir de alas. Al contacto del fuego y de la mirada de los amantes, de la marca en el brazo o de las letras de molde.

Préstamo de libros y de almas

Versos en la hoguera le ha puesto el nombre en la frente a su libro. Es una mujer sin miedo a exponer sus versos al elemento que respeta otro calor igual al de las llamas, lo ha acercado a la hoguera para probar si sucumbe o pasa la prueba reina: el paladar de los letrados y los amantes de Eros, de la vida, la tierra, la ebriedad o de la duda.

Eugenia es una mujer niña que nació en Alpujarra, Tolima, el lugar la identifica, su obra es pujante, como Gea que sustentó los primeros gritos y voces en cualquier lugar del Orbe. Es tierra de nevados y extensiones enormes, de volcanes y termales, por eso sus versos, madre ánfora nacieron ardiendo y vagarosos. Parece nacido en el desierto de la Tatacoa en donde predominan la aridez, los espejismos, los deseos, el enigma y en la patria del olvido. Allí el conquistador pintó sobre la arena inmensa una o, larga, partida, de intento y con cansancio.

El poemario parece enano y enjuto, tiene 62 páginas y sus 55 poemas son de cuño al fuego, sus versos fueron horneados en la hoguera, su título lo corrobora y estos nombres lo confirman, Salamandra, Sombra, Esencia, Brillo, Ebriedad, Sueño, Espejismo, Aridez, se empieza a leer y aparece grande por la fuerza de las cadenas libradas en cada verso.

«Misteriosa tejedora, exilio de dioses, asilo del germen, en lo insondable hilvanaste capullos con agua y fuego, canta con notas alquímicas en su madre ánfora»,  Son una sarta de versos, de deseos, de gritos que contradicen la verdad de su autora, ella es callada, inquisidora, observa y habla, ríe sonora y su cuerpo se solaza en la palabra. Las comillas  han encerrado la verdad, anfora, alquimia, germen dicen quién es la escritora.

«Bebo mieles de jazmines nuevos, busco palomas de ideales blancos, enredo la verdad, sobre sienes abiertas, decanto ilusiones para nacer con el sol eternamente” Como Noé viaja y recorre playas, mares, continentes, bautiza árboles y aspira el verde del agua y de las hojas de los platanales, y sabe, como él, de diluvio, fríos, lágrimas, noches y mañanas, sol, brisas, lunas y orilla, su poesía es larga como una noche en vela, sus versos cortos como una oración a la carrera. A veces descansa de la pensadera y se solaza soñando despierta con la mirada en la lejanía.

Como el humano aprendió una vez, la poeta sintió la tierra debajo de sus pies, miró al sol, se dejó arropar por la lluvia, conoció la lejanía y la ausencia, el ser humano no puede vivir sin abrir la boca. Como un profeta, se anticipa a lo que habrá, pone en su boca una visión lejana, saca de su alacena y de su cielo propio los versos para decir verdades.

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