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Vanguardismo de las guerrillas y proceso de paz

El sábado 4 junio, 2016 a las 12:40 pm

Por: Leandro Nates / Históricamente por la ‘superioridad y altruismo socialista de sus ideas’, las guerrillas de izquierda como el ELN y las FARC, se han creído redentores de la sociedad colombiana.

Quienes en los años 70 fuimos activistas en grupos de estudio y trabajo revolucionario, conocimos militantes, que como monjes, estaban convencidos de “luchar por salvar a la humanidad explotada por el capitalismo salvaje”, sabemos lo que es ‘vanguardismo’ en la izquierda.

Este ‘sacrificio’ por el bien común, auto-otorgaba a los revolucionarios potestad de elegir métodos para transformar la sociedad y en Colombia, predominaba el dogma de la “lucha armada”, como única vía dejada por el Frente Nacional para llegar al poder y los métodos democráticos posibles había que aplicarlos a las buenas o malas, entre las ‘masas’ rurales y urbanas, ‘sin conciencia política’.

Al igual que pasó con la Biblia, alrededor de los textos de Marx y sus seguidores famosos, se armaron sectas, que como los innumerables grupos cristianos se regaron por los países fértiles para la revolución, pregonando que su línea ideológica y política era la salvadora y correcta y que los demás eran ‘pequeño-burgueses charlatanes’, ‘revisionistas’, ‘foquistas’, ‘maoístas’, ‘estalinistas’, etc., etc.

Así, en Colombia, mientras en los consejos estudiantiles de universidades públicas dirigentes de la Juco, el Moir, los ‘emeles’, elenos, troskistas, etc., se trenzaban en interminables debates ideológicos que después de las horas espantaban al auditorio, antes que los contendientes se agarrarán a puños, patadas y asientazos, al no ponerse de acuerdo; en el monte al encontrarse los de las Farc, pro-soviéticos con los del Epl, prochinos, o el Eln procubano, el abaleo era fijo y a morir.

Cada grupúsculo se creía con la ‘verdad revelada’ del marxismo y con superioridad para autoproclamarse como los ‘auténticos revolucionarios’, con potestad no sólo de enfrentar a enemigos capitalistas y sus instituciones, sino a ‘disidentes’ de izquierda. Vinieron las masacres entre los del Epl y las Farc, en el Urabá, por ejemplo, antes y después de la desmovilización de los maoístas, en 1991, de los cuales, algunos como Don Berna y Otoniel, terminaron en las AUC y en los Úsuga.

En el caso de las Farc, por su persistencia en la lucha armada mientras se desmovilizaban el M-19, PRT, Quintín Lame y EPL, este vanguardismo permaneció, pero el desmorone de la Unión Soviética y el vuelco dado por la China, sin duda pesaron para que muchos dirigentes dogmáticos, poco a poco, abrieran ojos a la realidad y cambiarán su caracterización del panorama mundial, latinoamericano y de la sociedad colombiana, para jugársela con el proceso de paz, al convencerse de la imposibilidad e inutilidad de tomarse el poder por las armas.

Sin embargo, a pesar del vuelco sufrido por la geopolítica mundial con el fin de la ‘guerra fría’, el derrumbe del modelo socialista soviético y el transformismo del chino y la extinción de guerrillas de izquierda en la mayoría de países, el peso del ‘vanguardismo’ en las Farc los ha llevado a creerse superiores a otras organizaciones sociales que históricamente han desarrollado luchas por sus derechos, pero sin estar sometidos a sus directrices ideológicas y partidistas. Así ha pasado con los indígenas, por ejemplo, cuya organización se fortaleció desde el auge del movimiento campesino liderado por la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, Anuc, impulsada durante el gobierno de Carlos Lleras Restrepo, 1966-1970, cuando este quiso apuntalarse en el movimiento de aparceros y terrajeros sin tierra, para con la consigna “a desalambrar”, resucitar la Reforma Agraria que los terratenientes liberales y conservadores le frenaron a López Pumarejo en 1936.

Con influencia de antropólogos, sociólogos y otros profesionales con ideas y vinculación a grupos de  izquierda y del MRL, que trabajaban en el Incora y con universidades y otras entidades, la organización indígena tomó fuerza a partir de la reorganización de resguardos y cabildos y el rescate de antiguas escrituras, donde delimitaban sus territorios antes de que fueran repartidos entre soldados y colonos por caudillos liberales y conservadores que lucharon en numerosas guerras civiles desencadenadas después de la Independencia.

Así nació el CRIC en 1971 con su consigna de luchar por la tierra y su cultura, fortaleciéndose en el Cauca, mientras languidecía el movimiento campesino de la Anuc en la Costa Atlántica y otras regiones latifundistas.

A pesar de ser los cabildos y resguardos organizaciones donde predomina lo comunitario a los intereses individuales y junto a las cooperativas creadas por los indígenas, unas formas de asociación, en la práctica más afines con los postulados socialistas, las Farc, que históricamente crecieron primero como guerrillas liberales en el nororiente del Cauca, no reconocieron al movimiento indígena, por no ser controlado por sus cuadros e ideología, entrando en conflicto con dirigentes del Cric, que se oponían a sus métodos y al reclutamiento de jóvenes entre las comunidades. Así, varios dirigentes indígenas han sido asesinados no sólo por matones contratados por terratenientes y paras, sino por las Farc, y esta situación en parte explica que los indígenas y afro-descendientes del Pacífico del Choco, Valle, Cauca y Nariño, no se sientan representados en La Habana sobre decisiones que bilateralmente discuten y deciden los representantes del Gobierno y la guerrilla, sin tenerlos en cuenta sobre la suerte de los territorios que hoy ocupan sus comunidades en diferentes regiones del país.

El reconocer las organizaciones y programas de indígenas y afros es un reto para las Farc, y también lo será para el Eln y su radicalismo vanguardista.

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