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VÁNDALOS Y DESADAPTADOS

El lunes 25 noviembre, 2019 a las 2:59 pm
VÁNDALOS Y DESADAPTADOS

VÁNDALOS Y DESADAPTADOS

VÁNDALOS Y DESADAPTADOS

   “En Bogotá y otras ciudades, los vándalos sembraron el terror y causaron daños graves en propiedades públicas y privadas”. Es así, con esa brevedad noticiosa, como influyentes medios de comunicación suelen informar sobre fenómenos sociales de la dimensión del reciente paro nacional. “Exceptuando lo hecho por esos pocos desadaptados, todo transcurrió en absoluta tranquilidad”. Ese es el formato habitual de la noticia, parece que no hay más lectura.

   Pero como en esta ocasión los manifestantes y los daños fueron mayores, valdría la pena ensayar otra lectura, otra interpretación menos previsible. En efecto, habría que escuchar a psicólogos y psicoanalistas a ver si aportan nuevas luces. Mi labor pedagógica, durante casi cuatro décadas en una institución educativa pública, me permitió observar el comportamiento de algunos estudiantes que provenían de estratos socioeconómicos bajos. Fui testigo de cómo unos pocos se ensañaban contra baterías sanitarias o los pupitres donde se sentaban.  Como si dijeran: “si no los tengo en mi casa, aquí no los quiero ver”.

   Ese comportamiento, a escala, es idéntico al de esos “vándalos y desadaptados que empañaron la marcha pacífica”, salvo que los que empañan son ahora jóvenes universitarios, además de los que se infiltran para el saqueo. ¿Y por qué esos universitarios actúan de esa manera? Intento una respuesta: son muchachos cargados de rencor, resentimiento, remordimiento e indignación. Con algo de baja autoestima, saben que harán parte del 50% de egresados de las universidades que una vez graduados no van a encontrar trabajo. Y el Estado los ignora y los revictimiza (“vándalos y desadaptados”). Es otro de esos escenarios en Colombia para los que el Estado no existe.

   La otra cara de la moneda son aquellos políticos que, con todas las oportunidades que su origen de clase les ha proporcionado, se roban el Estado. Para verlo en un solo ejemplo, Odebrecht. Entre políticos y contratistas corruptos protagonizaron el escándalo del año: ¡vándalos y desadaptados de marca mayor! La Ruta del Sol 2, que disminuye significativamente las horas de viaje entre Bogotá y la Costa, que debía entregarse en diciembre de este año, quedó inconclusa y abandonada antes de llegar a Pailitas (Cesar). Piensen cuántos empleos directos e indirectos se perdieron allí, sin mencionar otros perjuicios.

   En fin, casos como los de Odebrecht o Reficar indignan a los colombianos que trabajan duro para ganar un salario apenas digno, y “vandaliza” a centenares de jóvenes a quienes les roban hasta la esperanza. Si algo ha caracterizado a la mayoría de los colombianos es la resignación, pero no hay mal que dure toda la vida. Ahí está la evidencia: el paro nacional del 21 de noviembre de 2019.

   El presidente Iván Duque tiene una oportunidad histórica para que, en lo que le falta de mandato, trabaje, pensando no en su partido sino en lo que le urge hacer para sacar a Colombia del abismo de la desigualdad y la injusticia social en que se encuentra. Mire a ver, presidente, cómo le cierra el grifo a la corrupción, a fin de que los que todo lo tienen no se sigan robando el país. Para que los “vándalos y desadaptados” de las marchas encuentren oportunidad de trabajo, y nada les justifique manchar la protesta social.

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