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El miércoles 21 mayo, 2008 a las 7:41 am
¿USTED TAMBIÉN ES TEMEROSO DE PONER CHIQUITO?

Por: Jairo Cala Otero

Periodista – Defensor del castellano

Por lo que puede considerarse una postura mojigata, en algunas personas, se ha vuelto costumbre hacer diferenciaciones respecto de algunos vocablos que, aunque son sinónimos mutuos, permiten que la mente humana discurra con alguna dosis de morbosidad. No obstante, ellos tienen un sentido propio. Caso diferente es que aquellos maniáticos los quieran proscribir por su calenturienta aberración.

Examine el lector cinco ejemplos de lo dicho:

1.- PELO Y CABELLO: Significan lo mismo. Sin embargo, hay gente que suele usar uno y otro término, con aclaraciones. Muchos hombres relacionan la palabra «pelo» con la anatomía femenina, cuando andan en plan de seducción. Dicen, por ejemplo: «Para el viernes próximo tengo un ‘pelo’ muy bueno; ya la invité a salir, y dijo que sí».

Puedo especular imaginando que no se refieren a toda su integridad anatómica, sino sólo a ese manojo de vello que Dios, en su inescrutable sapiencia, puso justo en la zona triangular femenina que desata la pasión de aquellos varones que usan la denominación «pelo» cuando hablan de su seductora tarea. Esos vellos que hacen arder de lascivia se denominan «pendejos». Así los califica la Real Academia Española -RAE-. Pero en otra acepción es también: «Persona de vida desordenada». Quizás sea por esta segunda definición que aquellos «machos» que estilan la vida de Don Juan, llaman «pelo» a la mujer. Si ésta lleva una vida disipada, es una mujer pendeja; y pendeja hace alusión al pelito ensortijado al que ya me he referido.

El asunto es que, en serio, cabello y pelo significan, para el sentido pragmático de la semántica, la misma cosa. Si hay dudas, transcribo aquí las definiciones de la academia.

PELO: «Filamento cilíndrico, delgado, de naturaleza córnea, que nace y crece entre los poros de la piel de casi todos los mamíferos. Conjunto de estos filamentos. Cabello de la cabeza humana».

CABELLO: Cada uno de los pelos que nacen en la cabeza. Conjunto de todos ellos».

2.- DISTINGUIR Y CONOCER: A muchas personas les parece que una cosa es «distinguir» a alguien y otra bien distinta es «conocerle». Distinguir, en el primer caso, lo toman en el sentido de tener una relación superficial con ese alguien; que no hay ninguna situación que les comprometa, ni siquiera por simple amistad. «A ese señor yo simplemente lo distingo», dicen las damas, con cierto énfasis en la palabra «simplemente». En ese caso, lo que se denota es una malicia que traduce guardarse de que los demás puedan creer que se tienen relaciones sexuales con un fulano. Porque para ese tipo de damas, «conocer» es haber visto, tocado y «degustado» al varón del que estén hablando. Asunto este legítimo, pero exagerado cuando recurren a tal aclaración innecesaria.

El diccionario define el término CONOCER como: «Averiguar por el ejercicio de las facultades intelectuales, la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas y personas. Tener trato y comunicación con alguno». No lo define como acto de explorar y disfrutar su cuerpo. Aunque con la comunicación interpersonal se llegue a tal ámbito.

En cuanto a DISTINGUIR, dice: «Conocer la diferencia que hay de unas cosas a otras. Hacer particular estimación de unas personas prefiriéndolas a otras. Otorgar a uno alguna dignidad o prerrogativa».

Total, no hay razón para que se haga la distinción arriba anotada. Vale sólo para los casos que las citadas acepciones indican. Porque se puede conocer a alguien y a su vez distinguirle. «Conozco a perencejo, es un caballero muy distinguido de la sociedad», podría afirmar alguna señora. Para estimar a alguien es preciso distinguirle entre otras personas. Al hacerlo, se le conoce bien. O ¿no?

3.- PEQUEÑO Y CHIQUITO: Las mentes morbosas, piensan y creen que son dos términos diferentes. Lo creen así porque se les dio por asignarle a la palabra «chiquito» el carácter de sinónimo de ano. No hay tal. En el bajo mundo funcionará de ese modo; no en el que está conformado por lo culto, por la universalidad de la semántica, que es majestuosa en casos como este.

Pequeño es, simplemente, sinónimo de chiquito y viceversa. Atribuirle otra aplicación es sólo propio de quienes piensan con un cerebro chiquito enfundado en los vericuetos del tubo digestivo humano. Algo así como una desviación hacia la coprofagia. El lenguaje propio de los gamberros jamás podrá estimarse como culto.

4.-ESCUCHAR Y OIR: Con estas dos palabras ocurre algo parecido al caso anterior. Algunos dicen que oír es simplemente percibir sonidos sin atender a ellos; y que escuchar es atender y, por lo tanto, comprender lo que se oyó. Ateniéndonos a las definiciones académicas de los dos términos tenemos que ESCUCHAR es: «Prestar atención a lo que se oye. Atender a un aviso, consejo o sugerencia». Y que OÍR es: «Percibir los sonidos. Atender los ruegos, súplicas o avisos de alguien. Hacerse uno cargo de aquello de que le hablan».

Como se nota, no hay ninguna radical diferencia entre escuchar y oír. Son, entonces, costumbres que mucha gente adopta merced a sus caprichos. No obedecen, por tanto, a un rigor académico, que es con el que se orienta el idioma que heredamos de los españoles de antaño.

5.-COLOCAR Y PONER: Vuelve y juega. Son sinónimos, pero los necios acuden a significados dispares en uno y otro caso. A veces por estar en esas diferenciaciones inocuas, caen en errores crasos.

Alguna vez una señora, de esas que por imprimir refinación en el hablar terminan enlodando una frase, le decía a otra con quien compartía una receta de cocina: «…Y cuando las papas se hayan colocado bien blanditas, les agrega suficiente sal». No hay que temer al uso del verbo «poner». En muchos casos, también por efectos de la mentalidad morbosa de algunos, se cree que «poner» significa ser obsequioso carnalmente con otra persona. Por más que algunas personas se «pongan» generosas en esa materia, ello no tiene relación con el sentido de la locución.

Por eso, el título de este artículo es abiertamente defensor del verbo poner. Porque también se pone al escribir. Las demás interpretaciones son pamplinadas.

De COLOCAR, que es verbo transitivo y pronominal, nos dice la academia: » Poner a una persona o cosa en su debido lugar». Y de PONER , también verbo pronominal, es decir, que pertenece al pronombre o que participa de su naturaleza, nos dice: » Colocar en un sitio o lugar». Existen muchas acepciones para definir a la palabra «poner». Esto indica que en muchas situaciones se le puede usar, sin ruborizarse. Si nos fijamos, en la definición de uno se utiliza el otro vocablo y viceversa.

Así que, apreciado lector, no le tema, al momento de hablar o de escribir, a poner chiquito cuando, por falta de un «pelo» de certeza, dude usted de esas palabras luego de oírlas aunque no las conozca.

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