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Martes, 28 de septiembre de 2021. Última actualización: Hoy

USA: ¿Adiós a las invasiones?

El sábado 11 septiembre, 2021 a las 8:25 am
USA en Afganistán
En esta imagen difundida por el Departamento de Defensa, dos soldados asignados a la 1ra Brigada de Combate de la 82da División Aérea realizan una inspección de seguridad mientras un Hercules C-130 despega durante la operación de evacuación, el miércoles 25 de agosto de 2021, en Kabul, Afganistán. (Department of Defense via AP).

USA: ¿Adiós a las invasiones?

Felipe Solarte Nates

Con salidas despelotadas en Vietnam y Afganistán adonde con todo su potencial de fuego llegaron bajo supuesta misión de “apóstoles de la libertad, valores democráticos y lucha contra el terrorismo”, los Estados Unidos, con Biden, atenúan temporalmente la agresiva política de intervención abierta o soterrada en asuntos internos de otros países, asumida tras emerger como potencia triunfadora de la Segunda Guerra Mundial.

Para derrotar a Hitler los aliados pactaron con Stalin, caudillo de la Unión Soviética, cediéndoles: Alemania Oriental, Polonia, Checoeslovaquia, Yugoeslavia, Bulgaria, Hungría, Albania, etiquetados por Churchill en la “cortina de hierro”.

Buscando evitar la expansión del comunismo en Europa crearon la OTAN, como alianza militar de las llamadas “democracias occidentales” del Atlántico Norte y en el resto del planeta iniciaron la “Guerra fría” atemperada por la mutua amenaza atómica y enfrentamientos a través de terceros, fuera de los territorios de ambas superpotencias, como sucedió a partir de la Guerra de Corea, con los soviéticos apoyando a Corea del Norte y los gringos y aliados occidentales a Corea del Sur, después que en 1949, en China acababa de triunfar la revolución maoísta.

La “Guerra fría” declarada en 1947, también incluyó atentados personales y conspiraciones promovidas por la naciente CIA, contra líderes y partidos promotores de reformas y cambios contrarios a intereses de multinacionales petroleras en el Medio Oriente, (en Irán cuando derrocaron a Mossadegh que nacionalizó el petróleo y subieron al Sha), al igual que en Latinoamérica defendiendo además monopolios de azucareras y bananeras instaladas en el Caribe, centro y Suramérica.

Algunos analistas consideran que el asesinato del caudillo liberal con ideas socialistas, Jorge Eliecer Gaitán, el 9 de abril de 1948, cuando era favorito para ganar la presidencia de Colombia, fue una de las primeras intervenciones secretas de la inteligencia norteamericana, en complicidad con políticos colombianos, enmarcadas en la guerra fría.

Gracias a documentos secretos desclasificados en los Estados Unidos, sabemos que el derrocamiento en junio de 1954, del gobierno de Guatemala encabezado por Jacobo Arbenz, fue promovido por la CIA, al atreverse a impulsar la reforma agraria que afectó intereses de la United Fruit Company, la misma de la masacre de las bananeras narrada por Gabo en “Cien años de soledad”.

En nuestro continente la CIA también patrocinó dictaduras sanguinarias como las del sargento Fulgencio Batista en Cuba, Rafael Leonidas Trujillo, en República Dominica, (novelado en “La Fiesta de chivo” por Mario Vargas Llosa), Francois Duvalier, en Haití, con sus temibles paramilitares tonton macoutes, Anastasio Somoza y su dinastía en Nicaagua, Noriega en Panamá, y en Suramérica las dictaduras de Stroessner en Paraguay,  las Juntas Militares que entre los 60 y 70s sembraron terror en Brasil, Argentina, Uruguay y Chile, cuando en 1971, Pinochet, “conejillo de indias” del neoliberalismo, derrocó a Allende, primer presidente socialista elegido en las urnas.

En Colombia sin necesidad de dictaduras militares pero con gobiernos en permanente Estado de Sitio, los gringos ejercieron gran influencia capacitando en la Escuela de las Américas de Panamá, a oficiales de las fuerzas armadas alineados en la “Doctrina de la Seguridad Nacional” y en la visión del “enemigo interno”, señalando a líderes comunitarios y reformistas como “aliados de la subversión” a combatir aplicando “todas las formas de lucha”, recurriendo a paramilitares, cuya creación, preparación y armamento, también patrocinaron.

Por eso en Colombia ha sido tan difícil conocer la verdad sobre los orígenes del conflicto y sus patrocinadores encubiertos, pues en archivos del gobierno y organismos de inteligencia norteamericano duermen muchos expedientes e información que no divulgan al comprometer a importantes dirigentes políticos, empresarios del país y de los Estados Unidos, que despuntando el siglo XXI, diseñaron el Plan Colombia, entre ellos Biden, atizando con gasolina el conflicto, potenciado al insistir en la inútil guerra contra las drogas, impuesta hace 50 años, en el gobierno de Nixon y reforzada por Bush y Uribe con la “guerra contra el narcoterrorismo”, después del 11 de septiembre.

Al terminar la guerra fría en 1991 y desmoronarse la Unión Soviética, los Estados Unidos, con el neoliberalismo arrastrando la economía mundial, quedaron de potencia hegemónica; pero los tiene desgastados: el peso económico y político de sus contradicciones internas, alborotadas por los terroristas supremacistas blancos de Trump, evidenciando la vulnerabilidad de sus instituciones democráticas; y externas, exacerbadas después de sus costosas y desgastantes guerras en el Kuwait, Afganistán, Irak, Libia y Siria.

Mientras tanto China con acelerado desarrollo tecnológico y armado resurgió como potencia disputándole la hegemonía mundial y Rusia, sin tanto poderío económico, todavía conserva sus peligrosos arsenales nucleares.

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