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Lunes, 13 de julio de 2020. Última actualización: Hoy

URIBE NOGUERA, EL “NUEVO MONSTRUO”

El martes 6 diciembre, 2016 a las 5:37 pm
  • La violencia sexual, en el contexto del conflicto armado interno, es el correlato de una sociedad machista.
  • Colombia corre el riesgo de que la violencia política, se convierta en un inamovible cultural.
german-ayala

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

En el contexto de múltiples violencias que se registran en Colombia, incluyendo por supuesto los hechos violentos generados en el marco del degradado conflicto armado, las empresas mediáticas han servido para que el grueso de los miembros de la sociedad exprese su indignación frente al asesinato de una menor, o la comisión de un feminicidio. Y eso, para muchos, parece positivo en la medida en que el cubrimiento noticioso suple la necesidad de información de las audiencias y permite algo más, como el creciente rechazo social frente a crímenes en los que las mujeres resultan ser las víctimas.

Cada cierto tiempo en el país se suceden y se registran hechos que por la espectacularidad mediática y por su execrable carácter, terminan “conmoviendo” a la sociedad. Hoy es Rafael Uribe Noguera, capturado por haber secuestrado, torturado, violado y asesinado a la menor Yuliana Andrea Samboní. Pero ayer fueron Luis Alfredo Garavito, recordado asesino en serie; Javier Velasco, quien asesinó a Rosa Elvira Cely[1]; el subteniente del Ejército, Muñoz[2] Linares, quien mató a tres menores de edad en Tame (Arauca) y Freddy Valencia, conocido como el “asesino de Monserrate”, entre otros tantos.

Todos estos hechos, con gran despliegue mediático, lograron conmover, por un tiempo, a esa parte de la sociedad mediatizada (urbana) que se horroriza y se moviliza por los señalados homicidios de mujeres y menores de edad, pero que poco interés muestra por el genocidio de los miembros de la Unión Patriótica y ahora, por el ya sistemático asesinato de líderes sociales, reclamantes de tierra, defensores de los derechos humanos y militantes de Marcha Patriótica. Entre estas víctimas, varias mujeres fueron ultimadas.

Muchos sostienen que se trata de circunstancias y hechos distintos que no se deben conectar, especialmente cuando se trata de señalar responsabilidades y la toma de conciencia individual y colectiva en lo que concierne al ejercicio del poder político. Lo cierto es que tanto los crímenes de líderes sociales, entre estos a varias mujeres, así como los feminicidios, comparten un mismo contexto social, político, económico y cultural. Es decir, una cultura masculinizada y violenta, atravesada por una misma idea compartida: la presencia del Gran Macho[3].

En las últimas 48 horas, las redes sociales y los medios masivos, en especial la televisión, dedican tiempo al nuevo crimen de una menor, perpetrado por Uribe Noguera. El hecho mismo y el registro noticioso que de este vienen haciendo y harán en lo consecutivo los Medios masivos, tendrán el mismo efecto: muestras de indignación, repudio colectivo y las sempiternas exigencias sociales para que se imponga en el país la cadena perpetua e incluso, la pena de muerte para violadores, abusadores, pederastas y feminicidas. Pero nada más. En unos días todo seguirá igual.

¿Por qué tanta indignación, repulsión y repudio frente a un hecho a todas luces condenable, no permite avanzar hacia cambios culturales e institucionales que nos permitan como sociedad avanzar y consolidar lo que hasta ahora bien puede calificarse como truncos procesos civilizatorios? Trataré de dar respuesta a esa compleja pregunta.

Los feminicidios y los ataques con ácido y en general las disímiles violencias que a diario sufren las mujeres, se dan en el contexto de una sociedad profundamente patriarcal que ha cosificado a la Mujer y la ha convertido en un objeto sexual que se desea con inusitada pasión y voracidad; curiosamente, los mismos Medios de comunicación y los canales de televisión que hoy hacen gran despliegue por el ominoso crimen de Yuliana Andrea Samboní, sirven de plataforma ideológica para entronizar en las audiencias esa negativa representación de la Mujer y de lo femenino.

Así entonces, se equivocan la prensa y los colombianos que en general califican a Rafael Noguera, a Garavito, al subteniente Muñoz o a Javier Velasco de “Monstruos”, o de “Animales”. Es un error deshumanizar a estos criminales. Más allá de si sufren o no trastornos mentales, lo cierto es que todos comparten un mismo contexto cultural. Y ese contexto, para el caso específico de las Mujeres, señala, con enorme naturalidad y permisividad social y política, que pueden ser acosadas, maltratadas, deseadas, tocadas y finalmente, asesinadas.

Uribe Noguera, como los otros, es el resultado de una sociedad educada para dominar a las mujeres. El rapto de la niña y su posterior sometimiento a su fuerza masculina, se da en el contexto de una sociedad en la que los hombres deseamos mal. Somos un país de Machos cabríos que actúan sin mayor control social, político, cultural e institucional.

Sin duda, Uribe Noguera excedió los límites de esa equivocada concepción cultural de la Mujer, pero en el fondo, su comportamiento violento deviene auspiciado por prácticas, discursos y dispositivos culturales como la moda, los reinados de belleza, la publicidad sexista, los piropos y la música (ejemplo, las canciones de Maluma), entre otros, que cosifican a la Mujer, de allí que pueda y esté socialmente aceptado ser cogida, tocada, raptada, acosada, alcanzada, conquistada y hasta rifada. Y para el caso de criminales como Uribe Noguera, asesinadas.

Así entonces, solo resta esperar a que la Fiscalía haga su trabajo y que un juez de la República condene ejemplarmente a este nuevo asesino. Mientras pasa la efervescencia de los hechos y se enfría la conciencia episomediática[4], las autoridades deberán estar atentas a la aparición del próximo criminal. Y quizás ante un nuevo caso, vuelvan a indignarse los mismos ciudadanos que hoy piden cadena perpetua para Uribe Noguera, mientras consumen, sin asomo de crítica, la publicidad sexista y aceptan con resignación la dominación masculina. Mientras pasa la indignación, Uribe Noguera es, desde hace 48 horas, el Nuevo Monstruo.

yuliana-andrea

Imagen tomada de las2orillas.co

[1] Véase: http://laotratribuna1.blogspot.com.co/2012/06/el-caso-de-rosa-elvira-una-racionalidad.html

[2] Véase: http://laotratribuna1.blogspot.com.co/2010/11/la-muerte-de-los-menores-torres-hora-de.html

[3] Véase: http://laotratribuna1.blogspot.com.co/2015/05/egos-institucionalidad-poder-y.html

[4] Entiendo por Conciencia Episomediática: Aquella que, soportada en un lenguaje periodístico y en una técnica periodística ahistóricas, acríticas, moralizantes y macartizantes, logra influir en las audiencias de tal forma, que éstas asumen posturas resultantes de una exposición rápida a unos hechos televisados, elevados al estatus de noticia, que resultan socialmente sensibles y reprochables. Los estados de opinión pública generados se basan en episodios rápidamente superados por nuevos hechos noticiosos, lo que inmediatamente expresa una conciencia episódica, que no permite a las audiencias hacer un ejercicio comprensivo, complejo y sistémico de los hechos consumidos. La conciencia episomediática resulta convenientemente pasajera en la interesada tarea de los medios de generar estados de opinión pública ajustados a sus intereses, motivaciones e inclinaciones políticas. Una conciencia episomediática facilita la incomprensión de complejas realidades colombianas, relatadas mediante un discurso periodístico-noticioso sujeto a intereses económicos y políticos de las empresas mediáticas, que están en consonancia con la cultura dominante.

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Publicación original, en: http://laotratribuna1.blogspot.com.co/2016/12/uribe-noguera-el-nuevo-monstruo.html?m=1

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