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Miércoles, 5 de octubre de 2022. Última actualización: Hoy

UNAS LÁGRIMAS… Y UN GESTO

El lunes 7 julio, 2014 a las 5:01 pm

Crepitaciones

El epílogo de la participación de Colombia en el Mundial Brasil 2014, no pudo ser en mi concepto personal, más sentimental, nostálgico y ético, que el presentado por la TV ante el mundo entero, el pasado viernes 4 de julio. Al margen de lo que pasó al interior del partido entre Colombia y Brasil, cuando se observó nítidamente que el árbitro español Carlos Velasco «le metió la mano al partido» (léase nos atracó a sangre fría), con la complicidad espantosa y descarada del ogro llamado FIFA (Federación Internacional del Futbol Asociado).

Las dos situaciones que comentaré a continuación, salvaron ese partido y tal vez el mundial, porque rescataron el aspecto humano y ético, tan necesarios en estos tiempos tan aciagos y contaminados por su majestad el dinero y su princesa la corrupción, incrustados en esa perniciosa federación.

James Rodríguez

SITUACIÓN 1: Creo, sin lugar a dudas, que a todos los colombianos se nos partió el alma y se nos crispó el corazón, al observar compungidos el rictus de amargura y las lágrimas de nuestro gran héroe futbolístico James Rodríguez, el mejor del mundial, al final de ese partido.

Muchos de nosotros, no aguantamos tal escena y de la misma forma, se nos aguaron los sentimientos y lo acompañamos de manera solidaria, porque en realidad sentimos que nuestra gran selección había sido vilmente esquilmada y ultrajada por manos oscuras de manera injusta y canallesca, sabiendo que fue la mejor en el transcurso de los cuatro primeros partidos y que merecía ganar con méritos sobrados y propios.

James Rodríguez - El mejor 10 del mundo

SITUACIÓN 2: Muy gratificante y noble, como debe ser un caballero moderno, el gesto de acompañamiento del jugador brasilero David Luiz, con nuestro compatriota James Rodríguez, al final del partido en mención. Primero lo abrazó, luego lo llevó al centro de la cancha, le levantó sus brazos y con su índice derecho, invitó al público a que lo aplaudiera. Luego hicieron intercambio de camisetas.

Ambas situaciones, las lágrimas de James, con su humildad y sencillez y los gestos solidarios de Luiz, con su nobleza y ética, salvaron ese partido y tal vez, el mundial. Pero lo que hicieron la FIFA y su lacayo Carlos, el árbitro de la ignominia, lo condenaron al ostracismo y al escarnio público.

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