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UNA VOZ EN EL DESIERTO POLÍTICO DE HOY

El sábado 19 agosto, 2017 a las 4:53 pm

A raíz del tremendo y sonado escándalo judicial propiciado por la solicitud enviada por la Corte Suprema de Justicia el martes 15 de agosto del presente año a la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes para que se investigue a los expresidentes de la Corte Suprema José Leonidas Bustos, Francisco Javier Ricaurte y Camilo Tarquino, quienes presuntamente cobraron sobornos en procesos contra congresistas, el mundo político y judicial colombiano está en ascuas y en estado de ebullición y efervescencia permanentes. De la misma manera, por pedido de la propia Fiscalía, se pidió investigar por los mismos hechos a los senadores Hernán Andrade del partido Conservador, Musa Basaile de la U y al excongresista conservador Luis Alfredo Ramos.

Estos dos momentos claves de la vergonzosa historia clínica del mal del siglo en Colombia, la CORRUPCIÓN, un mal que estaba por allí camuflado y queriendo reventar en cualquier momento, tras el velo del conflicto armado de las Farc, que afortunadamente ya se develó para el bien de todos, se unen a otros dos, que en mi concepto personal son los que se llevan los Óscares del despilfarro y la ignominia en nuestra querida Colombia: la captura del exjefe Anticorrupción de la Fiscalía, Luis Gustavo Moreno el pasado 27 de junio y la captura del senador Bernardo “Ñoño” Elías Vidal, convertidos ahora en las estrellas rutilantes del pop star de la corrupción (y como dice la gente: “las bellezas que robaban”).

En medio de ese panorama árido y desértico ya descrito y muy conocido por la opinión pública en que se ha convertido Colombia por culpa de los ladrones de cuello blanco que siempre acechan por allí, como una especie de pirañas en acción y más ahora que estamos a las puertas de las próximas elecciones, aparece gracias a Dios, un personaje colombiano, como una especie de rara avis, una voz en el desierto, diríamos un Juan El Bautista a la colombiana, cantándoles las verdades a esos políticos de siempre, a esos politicastros en que se convierten luego, cuando empiezan a aprovecharse del erario público y lo empiezan a esquilmar gota a gota, centavo a centavo, peso a peso. Su nombre: RODOLFO HERNÁNDEZ, ALCALDE DE BUCARAMANGA, quien en una excelente entrevista al periodista Julián Parra del programa “Nocturna” el pasado jueves 17 de agosto/17, criticó sin piedad, como debe ser, esa forma de ser, despótica, sin principios, sin ninguna ética y desvergonzada de la mayoría de los políticos colombianos. A ellos los llamó “atracadores, ladrones”, sin pelos en la lengua, comentarios que en alguna ocasión no le gustaron por ejemplo a Horacio Serpa (con sobrada razón), quien lo tildó a él de “chabacan” y hasta “criminal”, imagínense ustedes. Su diagnóstico sobre la corrupción actual y la de antes, es que siempre se han robado a Colombia, pero con distinto nombre: ahora son los famosos contratos y antes eran los auxilios regionales. Además, él siempre ha practicado la austeridad y le gusta invertir lo del presupuesto en hacer megaobras sociales, que les gusten a las comunidades y las deje contentas. Su ejemplo es digno de imitar en toda Colombia.

Me olvidaba. El alcalde de Bucaramanga es defensor acérrimo del cumplimiento de nuestra Constitución Nacional. Por esta forma de ser, se le pueden aplicar las palabras de Saavedra Fajardo: “Sobre las pieles de las leyes, no de la voluntad, se funda la verdadera política”. Y él sí que lo es.

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