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UNA SOCIEDAD CIVIL EN DEUDA

El viernes 20 febrero, 2009 a las 1:46 pm

Por: Guido Germán Hurtado Vera
Historiador y Politólogo
Profesor Universidad Autónoma de Occidente
gghurtado@uao.edu.co

América Latina tiene un pasado común: conquista, colonia y república. Las dos primeras épocas protagonizadas por el entonces Imperio Español. La última, vivida bajo la intervención sutil del Imperio Inglés e implacable del Imperio Norteamericano. En suma, un pasado y presente definido por ciclos imperiales. De tales ciclos nace la nueva clase social que ha de continuar por la senda imperial de expoliación y miseria: la burguesía latinoamericana. Dictadores disfrazados con ropaje de civiles.

A finales de 1970, los organismos internacionales de desarrollo registraron que la superación de los problemas de la pobreza y el éxito de los planes de desarrollo pendían no solo del esfuerzo de los gobiernos y de la calidad de la planificación, sino también de la intervención de la sociedad. Para teorizar, para nombrar tal intervención se recurrió al concepto de sociedad civil. La sociedad civil es una construcción social relativamente nueva. Concebida como la esfera social autónoma del Estado y el mercado, en las que las agrupaciones civiles y movimientos sociales persisten por salvaguardar y ampliar la vigencia de sus derechos y penetrar la democracia. Copiosos artículos explican que la sociedad civil brota con mayor nitidez en los últimos tiempos, en oposición a proyectos políticos autoritarios y en un contexto de luchas civiles por la democracia. ¿Cómo leer lo anterior en los casos -muy similares- que viven hoy Venezuela y Colombia? Intentaré aquí elaborar una tesis que sirva como posible camino para pensar tal escenario.

La historia republicana nos señala que en Colombia como en Venezuela la construcción del Estado Nación tiene mucho de lo mismo. Ha sido vertical, de arriba hacia abajo. En ambos países, las elites regionales se agruparon en el plano nacional, dirigidas por unas burguesías que giraban alrededor de la producción, explotación y exportación del café, en Colombia, y del petróleo, en Venezuela y que lograron imponer sus políticas neocoloniales. Sumado a lo anterior el papel de un Estado débil, cooptado por estas burguesías, con una contribución muy limitada en los procesos de desarrollo cultural, social y económico.

Venezuela y Colombia tienen mucho más de común. En 1957, en Venezuela, se realiza un plebiscito para definir la permanencia del Teniente Coronel Marcos Pérez Jiménez en el poder. En ese mismo año, en Colombia se realiza un plebiscito cuya pregunta era la de saber si las mayorías apoyaban la propuesta de restituir el régimen constitucional que había quedado en suspenso durante la dictadura militar de Rojas Pinilla.

Coinciden ambos países que 1958 es el año del restablecimiento del sistema democrático. En Venezuela se suceden elecciones libres a partir de 1961. Presidentes como Raúl Leoni, Rafael Caldera –dos veces-, Carlos Andrés Pérez –dos veces-, Luis Herrera Campins y Jaime Lusinchi conforman la lista. Los resultados, en 1989 el famoso Caracazo y en 1994 la fuerte crisis bancaria. En medio de esto años, febrero de 1992, se conoce del Coronel Hugo Chávez en su intento de golpe militar que le sirve como plataforma para ganar las elecciones 1998. En Colombia, en 1958, se inaugura el Frente Nacional que va hasta 1974. Un poder cuasi-democrático hipotecado a las oligarquías. Alberto Lleras Camargo, Guillermo León Valencia (el la rancia estirpe conservadora y feudal patoja), Carlos Lleras Restrepo (el abuelo del prohombre Germán Vargas LLeras), Misael Pastrana Borrero (el culpable que muchos colombianos perdieran sus viviendas por el sistema UPAC y el padre del adelantado del Cagúan).

En 1961, en Venezuela, los grupos de izquierda excluidos del Pacto de 1961 iniciaron una insurgencia armada. En 1967, durante el mandato de Raúl Leoni, los guerrilleros abandonaron esta forma de lucha por considerarla poco útil y se concentraron el la lucha lectoral. En Colombia, surgen para la misma década tres grupos de guerrillas las FARC, el ELN y el EPL y serán los invitados centrales de la violencia política del país. De ellos se conoce su historia, particularmente la de las FARC.

El restablecimiento del sistema democrático en Venezuela y en Colombia es igualmente similar. Desde 1958, en ambas naciones, ha gobernado una elite que ha garantizado condiciones de miseria y pobreza para sus ciudadanos. Gobiernos con vestidura de democracia que se han dedicado a desfalcar el tesoro público. Gobiernos que han asegurado la riqueza de unos pocos, sus familiares, sus allegados y sus clientelas. En ambos países la raíz de la inequidad tiene nombre: una oligarquía incapaz de pensar en el bien común por encima del interés particular.

Desde lo anterior, el imaginario social de los ciudadanos, de ambos países, se mueven en horizontes diferentes pero que al final conducen a lo mismo. Me explico. En Venezuela, los medios de comunicación del establecimiento, han vendido la idea que el enemigo común a derrotar es esa oligarquía corrupta enquistada en el poder que ha hecho de Venezuela un país contradictorio: rico en grandes reservas de petróleo pero pobre porque los grandes recursos generados por la explotación de éste se quedan en unos pocos y no llegan a la mayoría de la población. Por ello, la Revolución Bolivariana se mantendrá. Esa ilusión surte efecto en la mayoría de los que la respaldan. Por ello 15 de febrero del 2009 salieron a respaldar el referendo.

En Colombia, los medios de comunicación que igualmente sirven como cajas de resonancia al establecimiento, nos han vendido el imaginario social que el caos total que vive el país tiene un responsable: las FARC. Y al mismo tiempo han invisibilizado, por mucho tiempo el accionar del narcotráfico, el paramilitarismo y la cabalgante corrupción. Las FARC tienen responsabilidad en esta crisis pero aún, en el supuesto que Uribe borre del mapa a la guerrilla, los problemas sociales en este país no se acabarán. Se ha ocultado una verdad de marras y es la responsabilidad de la oligarquía en la crisis. Por ello, la mayoría colombiana, golpeada por los atentados terroristas de las FARC, asume la Política de Seguridad Democrática como la solución al conflicto y por ello esperan que el Mesías salga para su tercer periodo.

En ambos países, la mayoría de la población respalda gobiernos autoritarios que se proclaman como democráticos. Ambos gobiernos han torcido la Constitución, las reglas de juego a su favor. Ambos gobiernos se han valido del absoluto poder para maquinar decisiones judiciales. Ambos gobiernos utilizan los medios de comunicación para vender sus proyectos políticos. Ambos gobiernos utilizan el dinero público para comprar conciencias.

Me pregunto entonces ¿Y la sociedad civil qué? Si el papel de ésta se explica por la oposición a proyectos políticos autoritarios y en un contexto de luchas civiles por la democracia, no se ha logrado entonces construir una sociedad civil fuerte capaz de sospechar que detrás de ambos proyecto políticos se esconden intereses imperiales comunes en nuestra historia política y que, esencialmente, colocan en peligro la posibilidad de construir un sistema más democrático.

Cali, 19 de febrero de 2009.

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