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UNA MAGA DESHILA PALABRAS

El sábado 5 mayo, 2018 a las 5:32 pm

Otras publicaciones de este autor: Leopoldo de Quevedo y Monroy

UNA MAGA DESHILA PALABRAS

Beatriz Eugenia Gallego

Beatriz Eugenia Gallego

 Me hablabas entre sílabas congeladas,

repitiendo dolores sin tregua, acumulados

año tras año.

y yo, la única que te oía,

en un silencio involuntario, lloraba.

Mientras la noche caía sobre nuestra sombra

Frag. Pág. 23. Dione.

Asistir a la ceremonia del deshilar de los miles de palabras que debió emprender esta bella maga llamada Beatriz Eugenia es un privilegio. Esa profesión es muy íntima pues es como hacer todo un encantamiento para confeccionar poema tras poema.

Aquí deshilar significará echar a volar los hilos por la imaginación, insuflarlos y juntarlos de nuevo para formar imágenes verso por verso. Con ellos formará a pulso, página por página, formas de cuerpos, de humanos, sentimientos, imágenes de ideas como las que vió pasar Platón en la caverna. Beatriz fue más atrevida porque invocó a Dione, madre de Afrodita, para que la inspirara en este intento. Y, Élla acudió a su pedido.  

Se sentó junto al «seno de un volcán» y desde la emoción y el asombro, entonó su canto como lo hicieron Safo y Virgilio. Las primeras palabras que vertió su boca, entonces, fueron las fundamentales: carne, barro, híbrido, mujer, serpiente y fruta, veneno y pecado. Eran como las semillas con las que regaba el campo para que surgieran su melos y seres encantados. 

Ideas fundamentales y en pañales, lugares, figuras humanas de secuestrados e inválidos, órganos corporales, tiempos atemporales, recuerdos y plegarias van juntándose para formar una plegaria casi bíblica y elemental.

«Por ti levito», dice en un poema. «Eres un animal incorregible que derrama su leche en mi lugar secreto». Es la señal exacta que describe el principio de la vida. Es el vagido necesario y el complemento obvio y necesario para surja la alegría de un ser nuevo sobre el mundo. Y al final del poema remata la idea complementaria: «Descanso. Gota a gota cae algo pequeño y luminoso, como la muerte.»

Quien escribe es una mujer y madre. Sabe de la condición animal y humana de quien tiene carne y sangre y vida. La metáfora de la hilacha que se multiplica y se desdobla rebosa su significado. El hilo es más que hilo. La palabra hecha carne y sangre ha formado un ser humano y camina y mira y entiende y produce y sufre y levanta la cara.

Más adelante Beatriz reedita su argumento: «Mi cuerpo se vuelve carne de primavera roja… Mi cuerpo se apasiona como un jaguar en celo. …Huele, recorre busca otro cuerpo.» Ya es más que hilo y tela. Es carne y sangre. Ha triunfado la Vida. Eso significa Eugenia: sangre bella.

29-04-18                11:47 p.m.

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