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UNA APUESTA PARA DESESCOLARIZAR LA ESCUELA

El lunes 11 mayo, 2020 a las 12:33 pm

PEDAGOGÍAS COMUNITARIAS: LA OTRA EDUCACION
UNA APUESTA DE DESESCOLARIZAR LA ESCUELA

UNA APUESTA PARA DESESCOLARIZAR LA ESCUELA
Por: Luis Fernel Bonilla Rosero
Directivo – Docente Norte del Cauca

¡A veces los educadores se olvidan de reconocer que nadie puede ir de una acera a la otra sin cruzar la calle!
Nadie alcanza el otro lado partiendo del mismo. Sólo se puede llegar al otro lado partiendo del opuesto.
El nivel de mi conocimiento actual es el otro lado para mis estudiantes.
Debo comenzar desde el lado opuesto, el de los estudiantes.
Mi conocimiento es mi realidad, no la de ellos.
De modo que debo partir de su realidad para traerlos a la mía.
Paulo Freire

*************************

En una reunión convocada por el sindicato, asistí con la intención de conocer los propósitos de los directivos para este año. Durante el desarrollo de la reunión me ubiqué al lado de un amigo de toda la vida, un docente de ciencias sociales, con quien en otras épocas hablábamos de educación, de pedagogía, de los estudiantes, y sobre todo, de la relación con los estudiantes en el aula de clases. Eran unas conversaciones muy ricas y amenas en ese entonces, cuando volvíamos a recordar el paso por la universidad. Pero en esta ocasión sentí un malestar en su semblante, cuando empezamos el diálogo.

Iniciamos la conversación como en otras épocas, y empezó diciendo que el aula de clase se había convertido en un espacio difícil de convivir, y me llamó la atención lo que me expresó, unas afirmaciones muy duras; “los estudiantes de hoy no quieren aprender”, “es difícil conseguir la atención de ellos”, “y lo que es peor no saben para donde van”. Al escuchar estas afirmaciones tan cargadas de subjetividad, en cuanto a los sueños y proyectos de vida de los jóvenes y frente a la desmotivación en sus labores de mi histórico amigo, me asaltó la preocupación por él como persona dedicada a la educación.

Traté de entenderlo y quise en ese momento promover una conversación que le ayudara a una mejor ubicación en su relación con sus estudiantes. Le respondí, que hay que acomodarse a la época, y tratar de incluir al estudiante en los propósitos que se tienen en un momento determinado como educador: diseñar otro escenario en el aula donde; primero, el niño se sienta sujeto de las orientaciones didácticas; segundo, un lenguaje que consulte e integre la vida familiar y social en la práctica escolar; tercero, que las nociones y preconceptos del niño sean el acicate que le permita actuar de forma comprometida en la vida escolar y cuarto, que los conocimientos que se van a presentar en la clase se puedan ver en un marco de provisionalidad, que permita su reelaboración y puedan potenciar saberes propios del estudiante.

Estas apreciaciones que presenté un poco desprevenido, con la intención de elevar la motivación de mi amigo, logró abrir un escenario del diálogo pedagógico, y que mi interlocutor me permitiera seguir opinando, sin la intención de imponer formas de hacer pedagogía en el aula.

Me dijo el amigo, cierto, tienes razón, así como tú lo planteas, hay que buscar otras formas de vida en las aulas, para que los estudiantes quieran apreciar otros conocimiento y nos permitan desarrollar las clases de la mejor forma posible.

Me sentí satisfecho hasta ahí, me preocupaba que un maestro que ha dedicado su vida a las aulas, termine pensando y creyendo que los procesos escolarizados no son un buen ambiente laboral para un educador, y mucho menos que ya no es útil a sus estudiantes y a la educación.

Volvimos a vivir el escenario que compartíamos veinte años atrás sobre educación y pedagogía que nos fortalecía y llenaba de energía y nos hacía sentir orgullosos el ser maestros. Volvió mi amigo de hace años, y ya pude hablar más tranquilo y con la seguridad que la interlocución con mi amigo iba ser muy fluida.

Nuevamente me impulsé con otros conceptos, pero cuidando mi amistad con él por encima de mis apreciaciones sobre educación y pedagogía, con la intención de modificar su lectura sobre la escuela hoy.

Entonces, le expresé: las relaciones que establecemos con nuestros estudiantes en el aula de clases, mediadas por el conocimiento, en muchas ocasiones desconocen a los seres humanos: el estudiante y el maestro, como personas con sueños, dificultades, aspiración de futuro, y se sobrevalora el CONOCIMIENTO Y EL SABER, que traen los textos o el que promueve el Estado a través del Ministerio de Educación Nacional –MEN-.

Por el afán de trasmitir este conocimiento se borran las personas y se empobrece el encuentro con el otro: el estudiante.

La categoría de la persona como sujeto de saber, es invisibilizada, en general se desconoce al niño como un ser con una experiencia de vida que lo ata a un territorio y a una cultura que lo arropa, y espera que su vivencia en la escuela lo transforme y el a su vez transforme su cultura. El aula es una espacialidad reducida, donde todo está previsto para evitar pérdida de tiempo.

Le manifesté, que el aula debe estar mediada por un buen diálogo, dentro de un nuevo escenario de valoración de la persona como sujeto de saber y que esté en conexión directa con su contexto, todo en el marco de respeto por la diferencia.

La valoración del diálogo como posibilidad de una mejor apropiación y construcción de conocimiento, debe ser la génesis del proceso de RETROALIMENTACIÓN QUE DEBE HACER EL DOCENTE, en la forma como el estudiantes se relaciona con el conocimiento, por la potencialidad de las experiencias previas en la vida del ser humano y la posibilidad de conocer los caminos y rutas didácticas que el estudiante construye para entender y apropiarse de forma orgánica del nuevo conocimiento.

Las relaciones educativas, mediadas por el conocimiento, son únicas en la experiencia del sujeto, el sujeto vive subjetivamente el proceso de recreación del saber (Etnoeducación).

Reencauzamos nuestra conversación con el amigo, a esta altura del diálogo, habíamos regresado a esa comunicación horizontal que en años anteriores realizábamos en diferentes momentos de la vida académica, y compartíamos momentos agradables y difíciles, que en toda profesión se vive.

Me dijo, sin tanta predisposición: la verdad es que hay que acondicionar nuestro actuar en el aula de una forma que se genere un escenario de trabajo que armonice la vida para el estudiante y el maestro; donde podamos dar respuesta a las preguntas que la cotidianidad social genera en los estudiantes y son llevados a la escuela, como institución social que crea nuevas relaciones del estudiante con su realidad natural y cultural, mediado por el conocimiento y el saber.

Esta apreciación del amigo de siempre, me hizo sentir reconocido y aceptado por él, y poder hablar sin tapujo, entonces le dije: hay que desescolarizar la escuela, hay que darle más educación a la escuela, las prácticas de formación que se viven en las comunidades deben llegar al aula, esa otra forma de trasmitir el saber que se vive en la familia debe pisar las aulas, no como la semana de la afrocolombianidad que tan rápido como llega sale del aula, pasado el mes de mayo, sino para refundar el hacer pedagógico, una pedagogía sin afán, dispuesto a tomarse el tiempo que se requiera para trasmitir y redefinir el conocimiento, de acuerdo con el estilo de aprendizaje de cada estudiante.

El maestro debe investigar y conocer las pedagogías comunitarias de cada contexto particular para fortalecer sus conocimientos didácticos. Darle un nuevo sitial a la escuela donde la equivocación no se castigue y se haga ver al estudiante como “el burro o la marrana del salón”, sino como la apertura a otra forma de enseñar y trasmitir el conocimiento, todo en el marco de dar cimientos a otras pedagogías en el aula.

Se debe resemantizar la escuela, para que adquiera la importancia que debe tener, como escenario natural donde se refunda lo social y de igual forma lo natural. Una escuela que contribuya a construir nuevas relaciones en la forma de conocer la realidad, donde la ignorancia sea reconocida como la apertura a otra forma de conocer a otros saberes, la ignorancia es potencia pedagógica para el maestro. Un estudiante puede saber que f = m.a (fuerza es igual masa por aceleración), si se le cuestiona por la relación entre masa y aceleración, puede ser que no lo pueda responder, es ignorante en unas cosas y en otras no, como nos ocurre a todos los seres humanos.

Este diálogo nos había puesto nuevamente en dos direcciones; la primera, lo que debe ser una educación comprometida con la formación de todos los estudiantes, y de esta forma fortalecer el avance de los pueblos y las comunidades; la segunda, es una escuela al servicio del Ministerio de Educación Nacional, y del Estado colombiano, con el propósito de preparar la mano de obra que requiere el gran capital trasnacional, las políticas neoliberales y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), a la cual le apuesta el país hoy. Esta filosofía neo-colonial está haciendo que la vida en el aula se enrarezca, y un escenario para la vida y la transformación social en la búsqueda de la justicia social y la democracia pierdan su rumbo.

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Un comentario en "UNA APUESTA PARA DESESCOLARIZAR LA ESCUELA"

  1. Es implemente una aclaración. Cometemos un gran error manifiesto cuando decimos en las clases de física elemental, f = m*a… Pero que no sea yo el que ilustre, dejemos a alguien que si sabe… L. Tarasov – A. Tarasova en su texto Preguntas y problemas de física al respecto dicen:

    Y ahora le ruego que formule la segunda ley de Newton.
    ESTUDIANTE: Esta ley se enuncia así: F = ma, en donde F es la fuerza que actúa
    sobre el cuerpo, m, su masa, y a, la aceleración.
    PROFESOR: Su respuesta lacónica es muy común. En cuanto a su formulación hay que hacer tres observaciones: una esencial y dos no muy esenciales. En primer lugar, la fuerza no es consecuencia de la aceleración sino, lo contrario, la aceleración es un resultado de la fuerza. Por esto la formulación lógica de esta ley se escribe así:
    a = BF / m (10) . Donde B es la constante de proporcionalidad. donde B es el factor de proporcionalidad que depende de las unidades en que se
    miden las magnitudes que figuran en la fórmula (10). Quiero hacer notar que en su
    formulación usted no habló del factor de proporcionalidad B.

    En segundo lugar, al cuerpo le comunican aceleración todas las fuerzas aplicadas a él (aunque no se excluye que algunas de ellas se anulan mutuamente). Por eso al formular esta ley es mejor, en lugar del término «fuerza», utilizar un término más preciso «la resultante de las fuerzas». La tercera observación es la más importante.

    La segunda ley de Newton establece la relación entre la fuerza y la aceleración. Pero la fuerza y la aceleración son magnitudes vectoriales que le caracterizan no solamente por su valor numérico sino también por su dirección. En su formulación usted no dice nada sobre la dirección. Esto es una grave omisión. Resulta que usted formuló la ley de Newton en forma incompleta. La formulación correcta de la segunda ley de Newton es la siguiente: la aceleración de un cuerpo es directamente
    proporcional a la resultante de todas las fuerzas aplicadas a dicho cuerpo, e inversamente proporcional a la masa del cuerpo y dirigida a lo largo de la resultante de las fuerzas.

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