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Una amiga llamada Danna

El miércoles 9 enero, 2019 a las 6:22 pm
Una amiga llamada Danna

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

UNA AMIGA LLAMADA DANNA

Una amiga llamada Danna

Danna Dávila

Tengo, por supuesto, más amistades de mujeres que de hombres. El género a que pertenezco desde chiquito me ha puesto en el camino a multitud de ellas. Empezando por la nana que cuidó de mi cuando tendría unos 4 o 5 años. No me acuerdo de su nombre. Pero me marcó. Aún me acuerdo de ella cuando me cargaba y yo no quería que me bajara de sus brazos y canto.

Hoy mis gustos no han cesado, afortunadamente. A pesar de haber perdido casi 20 años metido en un convento. Allá el fútbol y el estudio del latín y del inglés suplieron la ausencia de cercanía con el femíneo sexu. Nunca serán las letras ni la música ni el dinero reemplazo o consuelo o sustituto de la mujer. Queda esa gran premisa a salvo.

A lo largo de mi vida he conocido mujeres sabias, hermosas, lectoras, chistosas, estudiosas, tiernas, devotas, ateas y lloronas. Hace algunos años he contado con el privilegio de contar con la presencia casi a diario de una mujer de calidades singulares.

Es la responsable de una franquicia no muy común: sobre la vía que conduce del centro de Cali al Parque Zoológico, – muchos años ha – tiene una venta de oportuno jugo de naranja a los paseantes de a pié o que cruzan y paran sus vehículos para saborear el fresco líquido anaranjado.

Con un exprimidor metálico la ven los paseantes todos los días extraer el jugo de decenas de naranjas y han bebido de su jugo. …¿Cuántos miles de naranjas habrán pasado por sus manos morenas para darle el sustento a ella y su hijita de once años? De seguro cuando regresa a mitad del día a su hogar va con su espalda cansada de tanto hacer fuerza para extraer el dulce jugo con la fuerza de sus brazos.

Y esa no es su principal habilidad. Le pregunté un día que le interrumpí su tarea de vendedora y propietaria de su negocio jugoso en qué más ocupaba su tiempo. Me sorprendió gratamente cuando me respondió que escribía historias basadas en experiencias propias y ajenas… ¡Eres colega mía!, le dije, después de los muchos años que la conozco. No solo se gana la vida sino que da trabajo a otra joven que la reemplaza en horas de descanso.

La invité a que me permitiera leer sus escritos y me ha enviado por mail una remesa de casi un centenar de crónicas y diarios de personajes sin nombre. Me dejó atónito… Qué maestría en el manejo del idioma. No podía rehacer la imagen de la mujer que a diario extrae el líquido con el brío de sus brazos y la escritora consumada y oculta que había detrás de esa cara bien formada.

La invité, por supuesto, a que me acompañara en Proclama del Cauca bajo el titular de mi columna El Bulevar de los días y así la empiezan a saborear los lectores.

09-01-19                                               11:46 a.m.

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