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Un sospechoso centrismo político en Colombia

El miércoles 23 septiembre, 2020 a las 5:04 pm
Un sospechoso centrismo político en Colombia

Un sospechoso centrismo político en Colombia

Un sospechoso centrismo político en Colombia

Sí. Un, de uno entre varios. Porque la llamada opción política de centro, como todo lo que la compone y rodea, es así, difusa, múltiple, variopinta, etérea, sin resolución, borrosa y convenientemente complaciente con todo y con todos; sospechosa.

El centrismo político ha resultado ser esa utopía, ese paraíso no tan perdido, Nirvana o locus amoenus al que, todo aquel que ha rehusado al debate político y a la toma de posición, frente a la terrible realidad que ha padecido este país por más de doscientos años, aspira a llegar y a acomodarse, para poder pontificar, señalar y satanizar, sin necesidad de comprometerse con nada, ni con nadie, pero eso sí, haciendo gala de un alucinante utilitarismo político, que le permite escoger lo mejor de la derecha y de la izquierda, para proponer esa nueva tercera vía, de la que ni siquiera está convencido, pero que le permite posar de persona adusta, ponderada y sabia.

A esa conveniente opción política han llegado los, dizque, disidentes de las ortodoxias de derecha e izquierda, aquellos a quienes las mieles de los partidos políticos tradicionales de izquierda y derecha, ya han empalagado o nunca llegaron a probar. Personas que dicen con cara de adiestrador de empresa multi nivel, que la izquierda es nociva porque enseña que la riqueza es el cáncer del mundo y la derecha porque solo es para miembros de un club corrupto y excluyente.

Estos y estas, porque el centro es incluyente, pero sobre todo, políticamente correcto, personas que optaron por señalar a diestros y siniestros de ser causantes de los males del mundo, han encontrado en la repetición constante de los mantras de auto superación, mezclados con una que otra teoría económica descrestadora de calentanos, la fórmula perfecta para el neo populismo que vende en YouTube, tiktok e Instagram.

A este sospechoso centrismo le han apuntado siempre los quemados de los partidos tradicionales (izquierda, derecha y, cómo no…Centro). Acomodados, porque el centro es cómodo, en esta posición de nuevos oráculos de la decencia y las buenas costumbres, se aprovechan del carisma, las ganas de cambio y las habilidades de nuevos liderazgos, que bien sea por temor, falta de coraje, mala formación política o convencimiento metafísico, han asumido el no compromiso con el cambio drástico que necesita Colombia.

Paradójicamente, la ultra derecha, esa opción ideológica a la que temen las buenas y finas personas del centro, ha sabido encontrar en este grupo humano que decidió no decidir, un importante segmento poblacional, sobre el cual desplegar con asombrosa eficiencia, todo el aparato comunicacional político heredado de Goebbels, representado en un arsenal  propagandístico en contra de la izquierda, a la que también temen los del centro, para convencer a estas inocentes y siempre, bien intencionadas, gentes, de que lo mejor que le podría pasar a Colombia, es un conveniente período de transición, en el que la mano invisible del mercado seguiría guiando los destinos de Colombia, para evitar que los malignos efluvios del satánico castrochavismo internacional o izquierda que llaman, nos vuelvan como Venezuela.

Ya por ahí andan, los quemados, los excluidos del poder partidista de los y las de siempre, tratando de montar su nueva opción de centro, para evitar que la llamada polarización acabe con el país. Abusivamente le están echando mano a la paz, al posconflicto, a la pospandemia, a la nueva normalidad y a la empatía, para armar nuevamente el discurso del “ni, ni”. Allí, agazapaditos, en las sombras, tras bambalinas, están los patrocinadores de siempre (legales y/o ilegales), apostándole a ganador, porque saben que mano lava mano y que una vez untados, ni modo de señalar.

Si, por ahí están tratando de construir un sospechoso nuevo centrismo político en Colombia, en el que los liberales, los de la U, los de Cambio, los Conservadores, los del Opus Dei, los de la Contra Reforma, el Centro Democrático y los demás de siempre, tendrán cabida, porque lo del Centro es la reconciliación, el perdón y el olvido. Olvidando que estos, a los que ahora empáticamente abrazan, han sido, son y serán los culpables de los ríos de sangre que corren por Colombia.

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