Domingo, 25 de julio de 2021. Última actualización: Hoy

Un reto político

El martes 22 junio, 2021 a las 3:00 pm

Un reto político

Guido Germán Hurtado Vera

Cuando los ciudadanos son desterrados de la política tradicional, ejercen la política ciudadana o cívica. Cuando comprenden que trabajar con otros ayuda a resolver los problemas sociales, muchos ciudadanos, incluyendo aquellos que repudian la política tradicional, se ofrecen como voluntarios en actividades públicas destinadas a solucionar problemas públicos.

Ejemplos de lo anterior hay muchos. Las organizaciones de vecinos que luchan por conservar el espacio público y las zonas verdes; las amistades que se unen para garantizar la educación y alimentación de niños y niñas de bajos ingresos; los que crean grupos ambientales para la protección de la flora y la fauna. En suma, todas las asociaciones ciudadanas que trabajan por el bien común.

Aun teniendo estas acciones cívicas un carácter político, los ciudadanos no la llaman política. Muchos rechazan considerar estas actividades como política, porque la palabra política es sucia, está asociada con lo que hacen los políticos en el Congreso o en el Gobierno.

La pregunta es ¿si aprobar leyes sobre educación pública, salud o regulación del agua son acciones políticas, por qué no pensar como política la organización de ciudadanos para trabajar por la educación o salud de niños y niñas o en la protección del medio ambiente?

La política ciudadana o cívica es política, al igual que la política tradicional. La palabra política se deriva del término polis, utilizada en la Grecia antigua para denominar la ciudad. Atenas fue una comunidad, una polis, una ciudad. La política es semejante a las acciones necesarias para asegurar el bien común dentro de la comunidad.

Es apropiado circunscribir como política a un extenso grado de acciones para resolver problemas y garantizar el bien común. Una agrupación de vecinos que defiende su comunidad, es política. Un pacto ciudadano a favor de un mejor ambiente, es política. Una junta directiva del barrio que decide sobre el presupuesto, es política. Todos, los que propenden por la convivencia social, tienen un interés político. Aristóteles escribió, “la política es una actividad natural del ser humano”.

Presidente, gobernadores, alcaldes, congresistas, diputados y concejales son los representantes del Estado, pero la política no envuelve sólo a la política tradicional. Aristóteles también lo escribió, “todos somos por naturaleza animales políticos”. La política tuvo su inicio en las discusiones en los mercados atenienses y en las asambleas populares, mucho antes de que existieran los poderes públicos.

Así que, se ejercen dos tipos de política: la política tradicional y la política ciudadana o cívica.

La primera, es dominada por los políticos de profesión. La segunda, es aquella que la gente repudia nombrar y ligar con la palabra política. La primera está al interior de las campañas políticas, en las urnas electorales y en los discursos de los aspirantes a puestos de elección popular. La segunda está al interior de las asociaciones de vecinos, en los foros ciudadanos y en las organizaciones para la gestión cívica.

Ninguna de las dos imágenes de la política reemplaza la otra. La política de los políticos y de los gobiernos no es la “mala” política, aunque mucha gente no pueda ubicarse en ella. La política ciudadana o cívica no es la “buena” política, aunque mucha gente la encuentre posible. Ambas clases de política están sujetas a corrupción y a producir sus propias formas de fracaso.

Cuando se practica la política cotidiana los ciudadanos se organizan públicamente y actúan en conjunto. Pese a todo, no debe asombrar que muchos ciudadanos no consideran esta clase de actividades como política. Si la política es sólo asunto de políticos y de gobiernos nada de lo que hace la gente para solucionar problemas cotidianos tendría que ser considerada como política.

A partir de la política ciudadana o cívica, podemos aprender sobre cómo superar el vacío existente entre los ciudadanos y la política tradicional asociada con el gobierno o el Congreso.

Si las personas ya están atadas con un tipo de política ciudadana, el reto no es sacarlos de su apatía para convertirlos en inspiradores de la política tradicional. El reto consiste en relacionar la política tradicional con aquella que la gente ya practica, la cotidiana, la ciudadana, la cívica.

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