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Un Partido Alternativo

El lunes 6 octubre, 2014 a las 9:47 am
Santiago Zambrano Simmonds

Por: Santiago Zambrano Simmonds [email protected]

A la larga un partido tradicional y uno alternativo tienen la misma meta: Gobernar. Ambos tienen objetivos altruistas pues esa es la única manera de ganar adeptos y es también su razón de ser. Se diferencian en el cómo llegan al poder: Los primeros con el peso de su historia, con pragmatismo y con las ayudas de un establecimiento ancestralmente bipartidista proclive al statu quo; los segundos: a través de la seducción de su discurso del cual se aferran decididamente para no comprometerlo en el ascenso al poder.

Alguien podrá decir que se yerra en lo arriba afirmado, pues no se está considerando el tema ideológico, más aún, es posible que agregue diciendo que alternativo es sinónimo de izquierda. Lo anterior se refuta fácilmente pues tan alternativo es un partido de derecha como uno de izquierda pues ambos no admiten discusión sobre sus principios.

Así las cosas mientras que un partido se siga sujetando a sus ideales y no los negocie se puede calificar como alternativo, pero si para acceder o ascender va claudicando principios, se aproxima al pragmatismo tradicional e inevitablemente pierde su “diferenciación de marca”.

Ahora bien, si hablamos de ideales de libertad nadie ha llegado tan lejos como el Partido Liberal, así como tampoco nadie ha llegado tan lejos en lo que respecta al orden y la defensa de la institucionalidad como el Conservador. Es por ésta razón, que la tarea que tienen los alternativos es tan ardua para lograr diferenciarse, no desde lo ideológico sino desde la práctica.

Por ejemplo si la Alianza Verde pretende seguir siendo un partido alternativo debe actuar con coherencia y no dar tumbos dependiendo de la coyuntura. Apoyar tan decididamente al Gobierno Nacional en su reforma política, no es la mejor salida y jugarle al papel de idiota útil para hacerle gavilla al Centro Democrático es absurdo y falaz.

Por supuesto que éste gobierno ha tenido muchos aciertos y en buena hora, ha hecho anuncios estupendos como el de las becas de educación superior premiando la excelencia, asunto que todos celebramos, pero apoyarle la deshilvanada reforma política llamada “Equilibrio de Poderes”, la cual no es más que un embeleco al calor de una campaña política, ha hecho perder coherencia entre el discurso y lo que se practica.

Es precisamente su título, “Equilibrio de poderes”, el que ésta reforma destruye: Le quita al poder legislativo el control sobre el judicial y el ejecutivo al crear una nueva corte, sin siquiera plantear mejorar lo existente; le quita a la Corte Suprema la facultad de juzgar a los congresistas, mecanismo que ha funcionado, basta recordar entre otros, que fue por eso que hubo tanto congresista en la cárcel cuando el paramilitarismo; unificar períodos es lo más antidemocrático y regresivo que se ha propuesto en los últimos años. Pareciese que la gente no recordara la aplanadora mediática de la campaña presidencial que acaba de pasar, da escalofríos pensar si a esto le sumamos las elecciones locales, pues quedaría claro que ningún partido alternativo tendría oportunidad a menos que haga uso del plan B, por no decir el mamertismo.

Y peor aún es la lista cerrada, es como si no aprendiéramos de la historia: Cuando se permitió la lista abierta la gente estaba desesperada por el poder dictatorial del jefe de cada partido, quienes de un plumazo le quitaban la oportunidad de aspirar al verdadero líder comunal. Creer que cerrar las listas acabará la corrupción en las elecciones, es tan estúpido como cuando Colombia creyó que la acabada eliminando los auxilios parlamentarios.

Los que lideramos localmente el Partido Verde durante éstos tres años, así fuera de carácter informal, tratamos de sostener los principios de quienes recibimos las banderas en el año 2011. Hoy entregamos esas banderas a otros, con la esperanza que sostengan ellos el prestigio de un partido localmente íntegro e independiente. Fue buscando esa coherencia por la que nunca pedimos cargos, ni contratación, pues consideramos que nuestra opción era la refrescante, la capaz de transformar nuestra sociedad y eso no era negociable pues a fin de cuentas, estábamos en un partido alternativo. Éxitos para ellos.

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