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Un no rotundo a la idea de quitarle tres ceros al peso colombiano

El sábado 8 octubre, 2011 a las 5:01 pm
Por: actualicese.com
Publicado: 6 de octubre de 2011
Aunque el Banco de la República le hizo un guiño a la propuesta, diversos congresistas coincidieron que al proyecto de ley le faltó socialización con los futuros afectados y que tendría un impacto económico y social negativo.
15 votos a favor y 41 en contra fue el conteo final para que el proyecto de ley que buscaba quitarle tres ceros al peso colombiano se cayera. El paso de tener una nueva moneda en el país quedó estancado hasta nueva fecha. Todo indica que en las toldas del Congreso hay otros temas prioritarios a tratar.
Entre los argumentos que daban el visto bueno al proyecto estaba el hecho de que con la eliminación de tres ceros del peso se facilitarían las transacciones y operaciones comerciales.
También el propio Banco de la República hizo un guiño a la propuesta de adoptar un nuevo peso y ya había hecho los cálculos de cuánto podría costar la implementación de esa nueva moneda.
El pero fue…
Precisamente ese alto costo, unos 220.000 millones de pesos, fue el argumento fuerte para los detractores tumbaran la iniciativa.
Si el proyecto de ley hubiera prosperado, se habría tenido que destinar cerca de 30.000 millones de pesos en campañas educativas para todos los colombianos para que se adecuaran a manejar el nuevo peso.
Por otra parte, el Banco de la República había afirmado que el costo de imprimir los nuevos billetes no sería mayor al que se incurre tradicionalmente en la producción de los que se van deteriorando por el uso.
El senador Roberto Gerlein fue el primero que dio un no rotundo al decir que, “este es un proyecto de ley que toca hasta el último bolsillo de los colombianos y los economistas no han consultado a uno solo de los afectados”. El congresista dijo que la idea era inoportuna y que todos los sectores se verían afectados por la creación de un nuevo peso.
Otro de los que levantó su voz en contra fue el senador Camilo Sánchez quien se refirió al impacto social y económico negativo. Para el congresista la iniciativa era el resultado de la improvisación y pidió claridad sobre los costos de quitarle los tres ceros al peso.
Desde un principio no lo vieron con buenos ojos
El proyecto de Ley número 34 de 2010, presentado al Congreso por el senador Antonio Guerra, desde un principio fue recibido con resistencia por el sector privado, especialmente el comercio, pero con el pasar del tiempo fue convenciendo a los diversos estamentos. Le faltaba un debate en la Cámara de Representantes y la sanción presidencial.
Una visión positiva
“Hay puntos positivos de eliminar tres ceros. Se sabe que implementar la medida es costosa pero es una inversión a muy largo plazo y rentable, ya que imprimir los nuevos billetes y acuñar las nuevas monedas implica un proceso técnico-científico alto en el valor de su confección, los beneficios también serán altos”, dice la economista Graciela Giraldo de la Universidad del Valle.
Para Giraldo hay un punto a tener en cuenta y es el manejo inmanejable de sostener la logística contable y monetaria de millones, billones, cientos de millones y que se convierte en un proceso tedioso y aburrida.
La contabilidad en la reducción de tres ceros será un extraordinario alivio. Para los controles, mejor aún. Para la simplicidad de las transacciones ni qué decirlo, y para el manejo del diario vivir del ciudadano corriente, será otro mundo”, agrega.
Es cierto. Habrá quienes se sentirán molestos por el cambio como por ejemplo quienes devengan el mínimo, que recibirán su nómina por $600 cada mes. Hay un impacto sicológico al instante, pero es cuestión de acostumbrarse”, concluye Giraldo.
Ni la primera ni la última vez
No sería la primera vez que se habla de eliminar ceros en los billetes. Hace unos años, las inflaciones de dos dígitos acabaron con los billetes de 100, 200 y 500 pesos, este último por fuera de circulación desde 1993.
Otro episodio que motivó el cambio de billetes fue el robo multimillonario de moneda que iba a entrar en circulación y que se dio en la sede del Banco de la República de Valledupar, en 1994. Eso obligó al rediseño de las denominaciones de 2.000, 5.000 y 10.000 pesos.
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