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Un León sin Melena: El poeta del Norte

El sábado 11 octubre, 2008 a las 8:26 am


En las manos de Héctor León Mina las palabras se arrebatan encontrando encantos inesperados. Es un hombre despreocupado que siempre quiso lo que quería hacer: Poesía.

Cuando se habla con este cultor nortecaucano se tiene la sensación de estar en un ping-pong, De pronto, él toma la palabra y nos la devuelve arrebolada en un juego lleno de insospechado humor cargado de inteligente desidia y excesiva parsimonia, una maliciosa tranquilidad, que sólo los que andan embutidos en el mundo de la poesía alcanzan a entender.

El Meollo de su Poesía

“El epicentro de mi obra poética está fragmentado en varias etapas, una es el interés que me produce el entorno social de extrema pobreza de mi pueblo afrodescendiente y sus rasgos culturales que se debate entre el miedo, la violencia urbana, el fragor de sus mujeres por la sobrevivencia, el goce bullanguero de una alegría contagiante y su amor instintivo. También tengo un interés por el trasmundo, por lo subreal que se oculta dentro de una aparente realidad cotidiana.”

Por eso, es que con razón la producción literaria de Héctor León Mina Vidal se ha convertido en un expediente de la realidad nortecaucana; su poesía surge como vivencias cotidianas de amores frustrados y anhelos inalcanzados que terminan escritos como manuales del extravío.

Su poesía es el mundo hecho fábula (pero no fabulado), transfigurado en un cultor sin aspavientos ni vanidades, más bien dejado al abandono de la sencillez y la pobreza que produce heroicamente producir y publicar obras que él prefiere ofrecer a sus amigos y transeúntes desprevenidos, y que no tienen ni idea de lo que es la poesía.

Sus mundos interiores son reflejo de la realidad del negro nortecaucano y la resonancia de las cosas que muchos prefieren callar o simplemente soñar, por no ser tildados locos sin oficio.

Dentro de la gran variedad actual de la poesía colombiana, Héctor León Mina Vidal, songo zorongo, ha ido logrando una entonación perfectamente audible y aplaudible como se lo ha manifestado su amigo entrañable el escritor William Ospina… pues con su palabra poética no requiere ninguna complicidad de escuela ni tendencia generacional precisa que lo encasille. Sino que su trabajo puede ser capaz de asimilar las mejores formas del simbolismo universal para trabajarlas con valores y enunciados a las raíces de una región, un pueblo y una raza a los que siempre les rinde homenaje.

Quizá porque la poesía es el único lugar donde el principio de la realidad es el deseo, porque resulta inimaginable que alguien siembre el horror después de leer un gran poema, porque se trata del fuego iniciático cuya extinción sería la muerte de la vida, porque la belleza nos acecha con su resplandor benéfico, porque el cansancio de una existencia mediocre encuentra en la poesía su barricada y su interregno, porque la unión de la poesía pone en entredicho la tiranía de lo prosaico, porque mientras existan poemas tendremos latente la esperanza, porque celebramos el amor como la contraparte del tiempo de los asesinos, porque la palabra poética se enfrenta a nuestra colección de heridas, porque creemos que alguna vez la excepción será el nutriente cotidiano… y porque si nos toca morir lo haremos llevando una metáfora en los labios…

Ficha Bibliográfica

Héctor León Mina Vidal nació en Puerto Tejada el 4 de Mayo de 1956. Es bachiller del Colegio José Hilario López en la época dorada con profesores que recuerda y nos pide mencionar detalladamente con sentimientos de afectivo agradecimiento como René Mena, Norman Estupiñán, Álvaro Mosquera, Fernando Emilio Benítez, Ricardo Grueso, Vilma Ruth Lucumí, Yolanda Orejuela, Berta Paz, Hernán Caicedo Montaño, Aníbal Loboa, Justo Pastor Molina, Ovidio López, Rodrigo Carabalí, Luís Carlos Barona, Nubia Cardona, Otoniel Rengifo y Jorge Arturo Rincón, pero finalmente, opta por no hacer estudios universitarios, aunque sus recitales han sido admirados por la crítica en universidades como la del Cauca y del Valle. Prefiere la soledad de los libros y las “canaliadas” de encuentros bohemios en donde habla con propiedad de poesía y política.

Ha publicado tres libros, su última producción “La Casita de Bahareque” es un libro espléndido; provocador por la desazón que produce su lectura, siniestro casi por la destreza con que León Mina Vidal maneja la presencia constante en sus poemas de sombras, ausencias, de fantasmas, de soledades y más que nada terrores, de miedo sin descuidar la ternura de las voluptuosas mujeres a quien suele dedicar sus creaciones literarias.

Si algún poeta nortecaucano le cabe su justa medida la palabra desarraigo es a Héctor León Mina Vidal. Ese rasgo se da en forma de rebeldía que a veces tuvo sin ser comprendido en los cargos burocráticos de la cultura en su natal Puerto Tejada.

La Casita de bahereque

(extracto)

De la casita de bahereque

Que antes fuera visitada

Por fantasmas

No queda sino escombros

Anclados en la memoria

Ya no están las rendijas en la pared

Por donde al mediodía se entraba el sol

Y en la noche se colaba la luz de la luna

Y las estrellas

Ya no está la ventanita de guadua

Que mágicamente se abría

Y se cerraba con el viento…

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