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Un día histórico

El jueves 24 septiembre, 2015 a las 7:15 pm

Guido HurtadoPor: Guido Germán Hurtado Vera
Historiador y Politólogo
Miembro del Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER
Universidad Autónoma de Occidente

Debo aclarar que no es esta la columna de opinión que había escrito para esta semana. La noche del pasado 23 de septiembre, después de los pronunciamientos desde La Habana sobre el punto de justicia transicional, la guardé. Al mismo tiempo, debo decir que esta columna podrá entenderla el lector como incompatible. Tiene un cierto aroma de euforia mezclada con una dosis de pesimismo.

El pasado miércoles fue un día histórico. Y no lo escribo porque así lo titularan los medios de comunicación. Esa frase la recojo desde mi conmoción al escuchar lo que en La Habana se informó.

Lo anunciado ayer no es el comienzo y menos aún el final de la ruta de la Paz.

El comienzo no está en el 18 de octubre de 2012, fecha formal de los diálogos de La Habana. El comienzo está en el esclarecimiento comprensivo que tengamos todos los colombianos de la naturaleza, la dinámica y las manifestaciones fundamentales del conflicto armado. Realidad que necesita de echar un vistazo a la historia y al contexto político para entender como inició, expandió y degradó afectando de manera significativa el desarrollo humano en Colombia.

Es histórico porque pone freno, insisto, a una guerra degradada y fracasada. Una guerra con miles de muertos y con millones de víctimas y desplazados. Porque, aunque no la he sufrido directamente, ha aminorado muchos de mis sueños como ciudadano.

Por esas dos razones es para mí es un día histórico. Por ello, parafraseando el Informe del Centro de Memoria Histórica, grito desde lo más profundo de mí ser: Basta Ya.

El miércoles 23 de septiembre de 2015 suspiré y lagrimé, aunque en esta cultura de machos los hombres ni suspiran ni lloran. Mi piel se erizó y mi emoción fue tal cual que desbordó mi razón. Euforia, optimismo y esperanza.

El final pasa por aprender que la violencia no es la vía para imponer ideas. El final pasa por recuperar la confianza ciudadana. Por aprender y activar la memoria. El final pasa por reparar a las víctimas y conocer a los victimarios, que no solamente fueron guerrilleros, paramilitares y militares, allí en el terror se mimetizaron políticos y elites económicas y obtuvieron beneficios y por ello deberán dar la cara. El final pasa por recuperar la institucionalidad y el Estado. El final pasa por no volver a repetir esta pesadilla de 50 años.

Los imaginarios que tienen muchos colombianos sobre que es un pacto de impunidad, de espaldas al país y de rendición del gobierno Santos ante las FARC es el primer escollo a derrotar. ¿Estamos preparados para caminar este camino? ¿Mientras lo caminamos nos vamos a destrozar buscando culpables y erigiendo otra descomposición? ¿Necesitaremos de cien años más de soledad?

Los invito a caminar este nuevo reto. Debo de aclarar que el camino es culebrero, resbaladizo y en algunos tramos escabroso.

Aun así el pasado miércoles 23 de septiembre fue día histórico.

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