ipt>(adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});
Jueves, 17 de junio de 2021. Última actualización: Hoy

Un cambio

El sábado 15 mayo, 2021 a las 8:38 pm
Un cambio

Un cambio

Guido Germán Hurtado Vera

Algo huele a rancio. Y no me refiero a la corrupción que inunda a Colombia. Menos aún al aliento que se percibe cuando escuchamos hablar a los miembros del gobierno, o políticos que imitan mensajes de odio, o medios de comunicación que hipotecan su tarea al sistema financiero.

Algo huele a rancio. Me refiero al Estado y a la política. A ese Estado Moderno en crisis que ya no es capaz de garantizar la convivencia, organizar la sociedad de manera justa para poder vivir en paz. A esa política que solo se encarga de entretener con pan y circo al pueblo, mientras los politiqueros de profesión se roban el fisco nacional.

Una pregunta que constantemente hago a mis estudiantes en la clase ¿por qué les cuesta tanto relacionarse con la política cotidiana? Una respuesta sobresaliente, -profe, la política no sirve para nada. Tal vez tienen algo de razón.

Otra pregunta que hago, no solo a mis estudiantes, sino a amigos en general es, qué opinan de la gran movilización nacional que hemos vivido en Colombia en las últimas semanas. Las respuestas son distintas. Desde los que las apoyan hasta los que las condenan.

Mi tesis frente al papel del Estado y la política en la actual situación en Colombia es la siguiente.

Creo que el caldeado ambiente político es característico de un cambio profundo de piel, que se resume en una crisis del Estado-Nación en su capacidad de dirección e integración normativa, territorial, simbólica y de los estratos sociales (mis estudiantes del curso de Historia de Colombia saben de qué hablo).

Se resume, igualmente, en un agotamiento y desorientación de la política tradicional. Esto último (agotamiento y desorientación) muestra la traza de la inoperancia de los partidos políticos colombianos, la tecnocracia (gobierno de los técnicos) de los procesos de decisión política, el neoliberalismo y, en general, el dogma extendido de que el mundo no lo mueven las decisiones de los ciudadanos, sino unas razones e imperativos más profundos.

Hay otras razones que en este escrito no ahondaré pero que dejo bosquejado; por ejemplo, la diversificación de los públicos con sus nuevos procesos de individualización, o el abandono de las ideologías totalizadoras.

Hoy la experiencia de la movilización social nos muestra dos Colombias.

La primera que experimenta un temor, que insensiblemente, se traduce en una nueva forma de conservadurismo, en la implícita aceptación que el país va por buen camino. Para éstos el Estado y la política convencional los salvarán del comunismo o del castrochavismo o de las Farc, que es el lema de la extrema derecha que gobierna el país. Allí se afincan y es su último refugio de cara a una realidad cada vez clara. Para ellos el Estado y la política convencionales son el ancla que sensatamente retiene el barco de la sociedad en un mar inédito y aún por descubrir.

La segunda, que está despertando de una experiencia profundamente marcada de autoritarismo, pobreza, discriminación y desigualdad social. Para ellos la hélice que da velocidad al barco de la sociedad es la resistencia ante el autoritarismo en un mar inédito por descubrir donde hay más por ganar que perder. Ya muchos lo perdieron todo, incluso hasta el miedo. ¿Qué más les da?

La invitación para poder comprender qué pasa en Colombia es que no hay ninguna necesidad de reinventar nada, pero sí de re-comprender todo. Que es necesario que las dos Colombias comprendamos este ajuste conceptual y de nuevas categorías que nos permiten re-interpretar el Estado y la política convencional y acomodarlas a las nuevas mutaciones de este cambio.

Ya no es posible re-componer esta sociedad que huele a rancio inventándose nuevas ideologías totalizadoras o tratando de tranquilizar el nuevo pluralismo y separación social apelando al poder protector y homogéneo de políticos de corazón grande y mano firme. Nuestra identidad debe educarse en aprender a convivir con la diversidad de la sociedad que nos caracteriza. Debe concertarse una nueva dialéctica entre lo otro y lo unitario, de lo singular y lo general.

Allí está mi ilusión.

**************************

Otras publicaciones referentes a este autor: AQUÍ

Sigue a Proclama en Google News
También te puede interesar
Deja Una Respuesta
Abrir el chat
1
Paute aquí
Hola 👋
¿En que podemos ayudarte?