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Jueves, 25 de febrero de 2021. Última actualización: Hoy

UMBRAL

El jueves 18 febrero, 2021 a las 12:48 pm
Juan Carlos Pino Correa - Umbral

UMBRAL.

Juan Carlos Pino Correa, 2020.

Por: Donaldo Mendoza.

          Umbral es la última novela publicada por el escritor caucano Juan Carlos Pino (Bolívar, 1968); es la sexta obra en ese género. Un registro que habla de la tenacidad de Juan Carlos, en virtud de la rigurosa disciplina que demanda este oficio. Es autor también de libros de viaje y relatos; además de su producción periodística, recogida en periódicos y revistas. Estos escuetos datos biográficos son útiles en la medida que explican la madurez de lenguaje y estilo alcanzados en Umbral. Contiene la novela datos reveladores de cómo se asume el oficio. “…al final yo terminaba domesticando a latigazos las palabras por mucho que se resistieran… Y luego vuelta a empezar, ahora las correcciones y reescrituras, con los ajustes de toda la relojería interna…”

          En su proverbial sencillez, Juan Carlos Pino se disculpa por lunares de impresión que presenta el libro, que poco afectan la limpieza del escrito original. Un parte de tranquilidad para el lector. En su estructura, once capítulos (tres de ellos en función de bisagras) conforman la obra. Digamos, mejor, once piezas de un espejo que se fragmenta. Así lo expresa una voz, con un término que habla sobre los puntos de vista narrativos de la novela, «psicofonía»: “A lo mejor las dos somos semblantes de una misma imagen, de un mismo espejo, pero yo soy la luna antes de romperse y tú los trozos dispersos…”

          En su primer capítulo, Umbral se presenta como un «modelo para armar», en una búsqueda cuyo hilo de Ariadna son tres escritos, tres historias; lo demás también está por descubrir, al punto que los personajes no son presentados como nombres, sino como pronombres. “él y ella”. Con un ahora incierto y un ayer perdido u olvidado. Cosa parecida ocurre con los lugares: “La casa está vacía.” “Todo vacío”. “Desolado”. En el tiempo de la narración hay un día: “…al amanecer de este día de febrero”. Todo lo demás son recuerdos u olvidos. El lector queda envuelto también en la recíproca promesa de un encuentro en París, que nunca se cumple. Una voz narrativa da pistas para comprender o interpretar, en transitorios espacios físicos de la novela: “Yo había llevado Esperando a Godot, con la esperanza de leerlo”, propósito que tampoco se cumple. Igual sucede en estos otros momentos narrativos: “En la esquina de Calatrava con Toledo” / “vine a este lugar a esperar” / “O podría ser la pared”. Y, en fin, en todos los lugares y tiempos imaginarios: “En mi ubicuidad podría ser cada uno y todos a un tiempo”. En últimas, el único lugar seguro de la novela parece ser el «umbral». Luego entonces, “Lo mejor es detenerse en el umbral.”

          Y una reflexión final. Umbral es también imagen de estos difíciles tiempos vividos desde marzo de 2020, en el purgatorio de una peste que parece una lección sugerida en el Eclesiastés: Todo lo que está debajo del sol es vanidad y aflicción del espíritu. “Una amnesia sin remedio, una amnesia asintomática… por todas estas tierras, (que) provocó mi confinamiento”. Como afines son las lecturas del ficcionado autor de las historias, o de personajes de la novela, en su limbo existencial: Desgracia (Coetzee), La desesperanza (José Donoso), entre otros. Vacunas para exorcizar la esquizofrenia, como en Sábato. Que en el lector bien podría funcionar como antídoto para “atravesar el umbral y soltar las amarras” que nos agobian.

          Este libro, cuya valoración he intentado compartir con el lector, fue ganador del «Premio II Convocatoria Nacional de Novela breve Cuadernos Negros – El Magazín de El Espectador», impreso en Real Editores. Quizá en un tiempo no lejano lo encontremos en una de las colecciones de la Editorial Universidad del Cauca.

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