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Martes, 28 de septiembre de 2021. Última actualización: Hoy

“Umbral”. Juan Carlos Pino Correa, premio Nacional de Novela

El viernes 7 mayo, 2021 a las 9:26 am
“Umbral”. De Juan Carlos Pino Correa, premio Nacional de Novela

“Umbral”. De Juan Carlos Pino Correa, premio Nacional de Novela breve.

Felipe Solarte Nates

En 90 páginas, errando en un laberinto salpicado de volátiles y poéticos paisajes transcontinentales y recuerdos, transcurre la historia, en la que a lo largo de distintas épocas y escenarios, alternan alegrías y desventuras de los personajes deambulando como fantasmas, a lo Rulfo, evocados: desde el zaguán de la deshabitada y tormentosa casa del condominio cerca al río Cauca donde convivió con su amada yerta a lo María de Jorge Isaac; desde la niñez de su pueblo natal, o desde España y Paris, por donde ha transcurrido el andar del autor vinculado a sus posgrados académicos, después de titularse de comunicador social, en la universidad del Valle, abogado en la universidad del Cauca y doctor en investigación en artes y humanidades, y actualmente desempeñarse como profesor titular del Departamento de Comunicación Social de la Unicauca.

“Umbral” es la sexta novela publicada por Juan Carlos Pino Correa, nacido en Almaguer, Cauca, (1968), ganadora del Premio II Convocatoria Nacional de Novela breve. Cuadernos Negros- El Magazin de El espectador 2020.

“Desaparecer. Desaparecer. Desaparecer. No dar razón del lugar donde ahora se consume la existencia no es siempre un ejercicio de la voluntad. Estar en un lugar en determinado instante y no estarlo en el siguiente lo decide, a veces un azar del destino o el capricho de alguien más, de algo incluso desconocido y poderoso cuyos hilos los mueve una sombra malhadada. Una sombra que acecha en todo lugar, en toda estación, en el sueño y la vigilia, en la enfermedad y la lozanía. Acecha al alba y acecha al atardecer. Pero pocos pueden intuir su presencia. Es informe, es silenciosa, es traicionera. Y asesta el golpe a mansalva, subyugante. Luego la nada. O el limbo.

¿Dónde están, hoy, muchos de los hijos de las madres heridas que aún los buscan por doquier sin obtener respuesta alguna? ¿Dónde están hoy las madres heridas? ¿Dónde están aquellos que debían poner el rostro y dar una respuesta sin alardes ni cinismos? ¿Dónde, los trabajadores saliendo de carpas y gritando consignas? ¿Dónde, la mujer que miraba la pared azul cielo de una habitación de un sexto piso?” (del hospital). “¿Dónde, él, el hombre que la observaba ahogándose en largos abismos de silencio? ¿Dónde, ella, la niña curiosa que siempre esperaba en casa? ¿Dónde, las ciudades de la realidad, y dónde, la ciudad no imaginaria?”

En capítulos cortos y alternando el punto de vista del narrador, permea lo impredecible de la vida jugando con nuestros destinos, al azar de la furia de los elementos e irremediables enfermedades silenciosas y contundentes: elevándonos de las mieles del amor y la juventud que engañosamente se nos avizoraron eternas, a los martillazos sorpresivos, que después de un examen médico, nos golpean como los heraldos negros que sorprendieron a Vallejo antes de morirse en Paris con aguacero, evidenciándonos la fragilidad de nuestras existencias y lo efímero de sueños e ilusiones que podemos o no eternizar y disecar en un poema o un relato, buscando expiarlos de los recuerdos.

“¿Es posible jugar a seo otro? ¿A ser otra? ¿Es posible inventar historias o convocar las palabras con ahínco en un intento por construir universos paralelos e inútiles o por exorcizar fantasmas? ¿Es posible, y no en vano, hablar de redenciones, de desapariciones, de orfandades, de olvido y de perdón, de viajes sin retorno? ¿Es posible hablar de los sueños que la sangre enferma frustró erigiendo un desenlace distinto al deseado? Si me miras y me pones atención sabrás que yo también tengo preguntas y sabrás que las respuestas que he intentado podrían sorprenderte. Decírtelas sería hacer que miraras con mis ojos y que nos hermanáramos en una piel y un palpitar que quizás ya no tenemos. A lo mejor las dos somos semblantes de una misma imagen, de un mismo espejo, pero yo soy la luna antes de romperse y tú los trozos dispersos y cortantes en el piso. Por eso los fragmentos, por eso las obsesiones, por eso las búsquedas, por eso las preguntas. A lo mejor sólo eso somos. Entonces, ir hasta el río detrás de los árboles, o hasta el bosque de pinos y eucaliptos, o tomar rumbo al norte, o decidir ir al sur, son opciones ciertas, pero nada de ello nos permitirá rehacernos. Lo mejor es no huir, sólo irse con dignidad, la frente en alto, las convicciones intactas. Lo mejor es abrir la puerta sin ninguna congoja por lo que fue o pudo haber sido. Lo mejor es detenerse en el umbral. Sí, detenerse, sin miedo, sin desasosiego. Detenerse y respirar apacible la certeza de que alguien sabrá recordar por nosotras. Recordarnos. El. Ella. Y alguien más. Lo mejor es atravesar ese umbral y soltar las amarras, como cuando al mirar el azul cielo de una pared se encuentra la entereza para enfrentar ya sin aflicción cualquiera de los destinos posibles”.

A sus 52 años, Juan Carlos Pino Correa ha publicado los libros de viaje Mirada al sur: travesías por territorio de niebla y Hacer camino en La mancha: memorias breves y estampas cotidianas, así como las novelas Hojas sin nombre, Los habitados, Noche de Fusiles, No solo la noche es oscura y La piel sagrada, además del libro de relatos Los escaques y la noche.

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