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EL ÚLTIMO JUEGO SE PERDIÓ

El viernes 24 junio, 2016 a las 10:41 am
Bulevar de los días

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy / Loco-mbiano

Selección Colombia perdió ante Chile en la semifinal

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La ilusión que tenían los colombianos, mi novia, mi nieto Santiago y yo se perdieron antes de la tormenta y los rayos. Fue la tormenta de equivocaciones que cometieron técnico y jugadores en el desarrollo del partido.

Generalmente se dice que el técnico no se equivoca, que el maestro tiene la batuta y pone orden. Pero esa noche del miércoles el partido para la Selección Colombia fue el partido una sarta de errores. Pudieron más los tatuajes, los esquemas, las pinturas en la cara y los himnos en las tribunas que el juego efectivo en la cancha.

Otra vez será. Se hizo el intento. Faltaron los últimos cinco centavos para el peso. El estadio estaba lleno y había euforia en las tribunas, en los hogares y frente a los televisores de bares y plazoletas. Los comentaristas habían colocado, como fichas en un ajedrez, a los jugadores que posiblemente alinearía en la cancha el profesor Péckerman.

Sin embargo, había algún olorcillo de temor. Estaba Ospina, James, Cuadrado, Zapata, Torres, Carlos Sánchez, Murillo… solo se esperaba que salieran como leones con garra. Y saltaron a su cancha después de los himnos que cantaron con fuerza y rabia los jugadores chilenos.

Muchos de los partidos de esta Copa habían empezado con goles al comienzo. No estaba la estrella de Chile, el rey Arturo Vidal. Pero estaban Alexis, Medel, Vargas, Beauseyour, Fuenzalida, Aránguiz y su portero Bravo.

Comenzó el partido y los ojos volaban desorbitados ante la avalancha que se formó dentro de la cancha. Los chilenos desenfundaron toda la artillería como si el partido ya se fuera a acabar. Y tomaron por sorpresa a la zaga de Colombia. ¿Fue gol o era una ilusión?, pues apenas el empezaba el juego… ¡Sí era gol! pero contra Ospina. Nosotros esperábamos que fuera de Colombia. No nos reponíamos de la sorpresa y… vino el segundo cuando agonizaba el minuto nueve. Increíble. Apenas 10 minutos de forcejeo y ya iban dos goles.

¿En dónde estaba los cancerberos que defendieran la puerta, en dónde la astucia, el orden y las agallas? No. Los chilenos tenían bien urdida la estratagema. Sorprenderían a Colombia no más a la entrada y los cogerían con los pantalones abajo y la guardia guardada. Y así fue. No bien acababan de coronar el primer ataque y la pelota salía de nuevo del centro de la cancha cuando vino el borbollón cerca a la puerta… y ¡zás!, el mazazo que encontró aún aturdidos a los de la zaga.

Había confusión, falta de concentración. Nadie cuidaba y el balón era un loco que iba y venía por entre las piernas frente a la puerta.

Afortunadamente llegó la tormenta a calmar los ánimos. Con los truenos, los rayos, las luces en el firmamento los jugadores tuvieron dos horas y media para conversar en el camerino. Pero quedaba el susto y ya era tarde. Casi eran las 12 y ya el público estaba dormido con la cantata y el desencanto.

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