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Lunes, 9 de diciembre de 2019. Última actualización: Hoy

TRILOGÍA DE AMOR-II

El miércoles 26 diciembre, 2018 a las 3:22 pm
TRILOGÍA DE AMOR-II

Imagen de referencia, tomada de: http://bit.ly/2BRN2NZ

ANDREA

TRILOGÍA DE AMOR-II

Por Danna Dávila

A una semana de casarnos, después de seis años de relación, descubro que él, Paolo Pulong, me es infiel con la meretriz de mi pueblo… y no solo ocurre una vez.

El día de la boda me voy sola a Japón, lugar que habíamos escogido para nuestra luna de miel. Estoy en un centro comercial llamado Sunshine. Es un lugar en donde se comercializan joyas. Quiero vender mi argolla para así sustentar mi viaje. Obtengo 900,00 yenes. Se ha hecho de noche, empiezo a andar por las coloridas y luminosas calles de Japón, desconsolada y triste porque ya no queda nada de él. En el fondo hay una calle tenue con mucho movimiento. Mujeres hermosas, blancas, negras, rusas, filipinas como yo, gringas y las más esbeltas, las colombianas. Eran divertidas, descomplicadas, sexys, coquetas y careras. Para mí todos esos hombres eran Paolo. Su recuerdo me sigue.

Durante nueve días mi cita es allá en esa calle con unas cuantas amistades, con la soledad y el fantasma de Paolo. Me he vuelto testigo de todo lo que ocurre… saber que más de la mitad de esas mujeres son propiedad de la mafia Yakuza hasta terminar de pagar su deuda… Como las colombianas son las ichiban – las número uno – y las demás son las ichi man – las de diez mil-. Muchas, también, son maltratadas por los clientes sin que nadie las defienda. Las vi correr cada vez que llegaba la policía.

La última noche llega Mitch, uno de los clientes más deseados de esa calle. Es un gringo adinerado, delgado, alto, morado, cabecipelado, elegante y con una sonrisa arrolladora. Después de ver todo, – en ese momento no vi nada -, tan solo su sonrisa. Para sorpresa mía y de todas, yo fui la elegida esa noche. Subimos a la habitación. Del susto le cobré por adelantado. Él pidió dos tragos de Dry Martin. Me preguntó mi nombre y me puse Evelyn como la meretriz aquella: no tenía ni idea cuál era el protocolo a seguir. Le pregunté: ¿qué debo hacer? Me dijo: Lo que tú sabes hacer. Ahí quedé peor.

En ese momento lo que yo quería hacer, pero no sabía, era destruir a los hombres. Le pedí ayuda para quitar mi ropa. Sentía vergüenza: mi ropa interior no era la adecuada y mi pelo y mis uñas estaban sin arreglar, mis senos pequeños caídos, mi piel blanca como el nácar, y yo demasiado delgada. Quiero alargar el tiempo con todo lo que hago, lo veo aburrido, lo tiro a la cama, me hago la vaca muerta. El me penetra, – a mí me gusta -, besa mis senos, me susurra al oído, yo entro en confianza y me subo encima de él. Cuando terminamos me dice: –tú nunca estuviste acá -, me pongo a llorar y le cuento dónde estaba.

Estoy viviendo una pena de amor, soy hija única de mamá, en décimo grado conozco a Paolo un chico de familia burguesa, amante de las artes marciales y del buceo. Yo amante de la naturaleza y del agua. Quedamos flechados. Me dice que soy su Perla y me trata como tal. Dice que mi cuerpo hace simetría con sus manos. Nos amamos con locura, con intensidad, con pasión. Este amor se hace cada vez tan más y más grande que decidimos casarnos. Al final, a quien le gustan las joyas nunca tiene solo una. Yo pude ser su Perla pero también tenía un cuarzo.

Mitch siente la necesidad – responsabilidad – de protegerme, cuidarme, respetarme y darme el valor como la Perla que soy. Viajamos juntos a New Jersey en donde empezamos una vida en familia…

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Otras publicaciones de esta autora: https://www.proclamadelcauca.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/danna-davila/

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