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TRILOGÍA DE AMOR I- MITCH

El lunes 24 diciembre, 2018 a las 4:09 pm

TRILOGÍA DE AMOR I- MITCH

Por Danna Dávila

Querida Perla:

Quiero hacerte una confesión. Estoy en Colombia un viaje que no querías que yo hiciera. Sentías miedo y celos. Recuerdo que me propusiste que viajáramos juntos a la India o que hiciéramos un crucero por el Mediterráneo a cambio de no venir a Colombia.

Hoy es 16 de mayo, son las 2:45 a.m. estoy en la habitación 715 del hotel Hilton. No me encuentro solo. Durante nueve días visité cada noche la DCV un lugar lleno de mujeres hermosas, casi todas con tacones, vestidos cortos, blusas sexys, maquilladas, algunas drogadas, unas atrevidas, otras calladitas, unas con ganas de no estar ahí y otras queriéndose ir con el primero que les diga.

Con la mujer que decidí venir hoy a mi habitación fue porque siempre me miró pero nunca me dijo nada. Siempre me sonrió, me hizo unas cuantas señas, ¡amé su sonrisa! Aún habiendo muchas mujeres y hablar con más de la mitad tampoco la perdí de vista, veía como se iba y pasado menos de una hora regresaba, me imagino que con mucho dinero, más del que yo podía tener esa noche conmigo. Hoy, por ejemplo, cuando llegué al antro, ella llegó enseguida, después vi cómo se fue tres veces más. Te juro que nunca pensé ni planee venir con nadie, pero hubo algo en ella que me hizo hacerle la invitación. La verdad, con mucho miedo que me dijera que no. Nunca hablamos de tiempo ni de dinero, creo que ella también esperaba por mí. Confieso, la traté como una princesa, como una reina, como una dama.

Caminamos juntos de la mano, hasta el hotel como si fuéramos la pareja más feliz del planeta. Nunca la vi con prisa. Cuando entramos a la habitación pude verla mejor. Más cerca: pude sentí su delicada piel y su dulce sabor en los labios, sin besarla. Yo sentía que ella quería todo conmigo pero era demasiado discreta. Cada gesto y cada paso que daba era muy sexy. La verdad me sentía atrapado por ella. Le pregunté por su familia. Me habló con alegría y respeto de ellos. Le pregunté por su trabajo y me bromeaba. Por ejemplo me dijo: Yo no voy a trabajar a ese sitio yo voy a conseguir novio. Un hombre que quiera todo, un hombre con quien yo pueda jugar y ser la dueña del juego. El servicio que yo presto es de esas novias que nunca dicen no, que aceptan todo, que proponen, que no sienten vergüenza… Me dejó atónito.

Me preparó un shot de mojito – su favorito -. Me encantó. Dijo que esa noche iba ser mi bartender y mi esclava sin rechistar… Me contó unas cuantas fábulas y entre chiste y chanza me contó toda su vida. Pude ver que era una mujer maltratada, rota, humilde, inteligente, sencilla y con mucho amor para dar.

Cada segundo que pasa quiero saber más de ella. No me gustaría que se fuera de mi lado. Me preguntó si se podía fumar un cigarro de marihuana. Yo acepté. Ya me había dicho que era un juego y que no le gustaba la palabra no. Además, no me incomodaba. Ella me parecía perfecta y yo quería conocerla más y más. Nunca me preguntó mi nombre. Esa noche me dijo cuatro nombres de ella cosa que me parecía muy divertida, me daba lo mismo que se llamara Priscila, Evelyn, Sara o Esperanza. Para mí ella era perfecta. Además, si quiero saber su nombre puedo coger el teléfono y preguntar en recepción. Después de drogarse se puso más divertida y un poco atrevida. Me empezó a besar muy suavemente y halar mi corbata. También jugaba con sus dedos en mi cabeza… yo intentaba hablar y ella me callaba a besos. Intenté tocarla y me cogía las manos para que le agarrara su pelo. Hizo muchas poses como si estuviera en pasarela o en una sesión de fotografía Soho.

A mis 49 años puedo decir que viví mi vida en una noche: que todo es perfecto, que todo es felicidad, que esta es la mujer más hermosa que me ha presentado la vida. Que me gustaría estar con ella diecinueve días y quinientas noches, que nunca me gustaron los tatuajes pero que ella quedó tatuada en mí, que con ella viví la película más sexy de la vida, que no hubo ensayos como tampoco hubo errores, que ella fue la protagonista y también la antagonista. Porque caminó sobre mi espalda en tacones, porque amarró mis manos con sus bragas, porque tapó mis ojos con su sostén y porque calló mi boca con unos besos sabor-a- pétalo-pasión..!

Cuando desperté se había marchado sin hacer ruido alguno. Me asusté, revisé mis pertenencias y mi billetera: todo estaba ahí. Entré al baño a ducharme y en el espejo había escrito con su labial rojo-pasión, como ella lo llamaba: «Gracias, arigato, obrigado, thanks, grazie, con unas notas musicales: “En tu boca llevarás sabor a mi”.

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Otras publicaciones de esta autora: https://www.proclamadelcauca.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/danna-davila/

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