ipt>(adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});
Sábado, 19 de octubre de 2019. Última actualización: Hoy

Tres hombres de acuerdo

El jueves 23 mayo, 2019 a las 2:42 pm

Tres hombres de acuerdo

Siempre se ha dicho que el periodismo y la literatura van de la mano, como inseparables hermanos, conformando una indisoluble dupla, irrompible y férrea, que soporta cualquier eventualidad en el trasegar de la vida de los seres humanos. El ejemplo y la prueba más fehaciente es el caso de nuestro gran premio Nobel de literatura, Gabriel García Márquez, quien al comienzo de su meritoria vida fue un excelente periodista de El Espectador, experiencia que le sirvió como bagaje para escribir sus inolvidables novelas y cuentos, que lo hicieron universal. Precisamente fue él quien señaló esa dicotomía entre los dos oficios al decir una frase memorable: “El periodismo es el servicio militar de la literatura”.

Traigo a colación el párrafo anterior o introducción a la presente columna, al enterarme del paradójico suceso que ocurrió el día martes 21 de mayo en la comisión primera del Senado, al desmayarse de repente el senador José Obdulio Gaviria (1), furibundo, contumaz y controversial personaje del Centro Democrático, siendo asistido de inmediato como un ángel salvador por el senador e ideólogo de la Farc, Carlos Antonio Lozada (2), dándole los primeros auxilios, en su condición de enfermero cuando estaba militando en ese grupo rebelde, y finalizando la actuación el senador Roy Barreras (3) de la U, como médico profesional, dictaminando que el mencionado senador tenía una pérdida parcial del conocimiento, también denominado “episodio sincopal”, siendo llevado de urgencia en camilla a la Clínica Marly, donde siguió recuperándose normalmente.

Nótese que he enumerado con los tres primeros dígitos a los tres personajes principales de esta columna, estando seguro que ustedes, amables lectores si son curiosos, se preguntarán porqué. Para no hacerlos sufrir más, volvamos al primer párrafo, cuando comenté la relación entre periodismo y literatura. Sucede que hace ya muchos años, cuando era joven y bello, vivía en Cali, cuando comencé a estudiar “Español y Literatura” en la Universidad del Valle, que luego terminé en la Universidad del Quindío, donde me licencié. Allí en Cali, empecé a escribir mis primeros cuentos, uno de los cuales se llamó “Tres hombres de acuerdo”, inspirándome en una sencilla escena que observé en el parque del Puente Ortiz, que estaba demasiado lleno de gente y había una sola banca disponible ocupada por un ancianito (1). Al instante vino un mendigo (2) y luego un señor de corbata (3). Los tres departieron allí por mucho tiempo, sin problemas, sin peleas. Así nació ese cuento.

Ahora bien, nótese la relación entre los tres personajes del Congreso y los tres del cuento. Por eso, al darme cuenta de la noticia, me acordé del cuento. Pero lo más importante fue la relación de convivencia y tolerancia entre los tres senadores, quienes por unos minutos se olvidaron de sus rencillas políticas, de sus divergencias y se acordaron que eran humanos y, sobretodo, colombianos, aprendiendo a vivir en paz, por un tiempo corto, al igual que los personajes del cuento. En conclusión: sí es posible vivir en paz y sin odios de ninguna clase.

Para leer otras columnas del autor aquí

Deja Una Respuesta