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Lunes, 4 de julio de 2022. Última actualización: Hoy

TRAGEDIAS LACERANTES DE COLOMBIA

El miércoles 4 mayo, 2022 a las 3:53 pm
Hicieron trizas la paz  - Tragedias lacerantes de Colombia

TRAGEDIAS LACERANTES DE COLOMBIA.

Javier Enrique Dorado Medina

Para los objetivos pertinentes de la presente columna de opinión, teniendo en cuenta el titular de la misma, comencemos explicando y comentando brevemente para mis amables lectores (as), con el objetivo que sea más clara, precisa y comprensible, el significado del adjetivo LACERANTES, el cual, según el DRAE (Diccionario de la Real Academia Española), significa: “hirientes”, “que hiere, que produce intenso sufrimiento, tanto en el sentido real y físico, como en el figurado o mental o emocional”.

Teniendo en cuenta la explicación semántica anterior, con el permiso y la venia de ustedes, voy a permitirme compartir primero una experiencia personal, la cual ya la he comentado antes y algunos (as) la recordarán, pero sé que otros (as) no la conocen y me han solicitado que la comparta ahora, inscribiéndose la misma en esa vorágine violenta social y política que AHORA estamos padeciendo otra vez los colombianos de bien, que hace tiempos debiese haber terminado, pero por culpa de nuestros mal llamados mandatarios o presidentes siguen todavía más álgidos, a pesar de tener en sus manos las herramientas sociales para terminarlas, como por ejemplo el Acuerdo Final de Paz de La Habana en 2016, que no quiso implementar Iván Duque en sus cuatro años perdidos de gobierno.

Comencemos. Como víctima directa por el asesinato de mi querida madre del alma, Amelia Medina de Dorado por culpa de las antiguas FARC, en hechos acaecidos en la noche del pasado 7 de diciembre del 2000, en la ciudad de Popayán, Cauca, hace ya 22 años, aún transcurridos esos años, mi ser sigue todavía con esa herida del alma abierta y con más intensidad, recordándola y extrañándola a cada instante, hasta el último día en que Dios me permita vivir y disfrutar del regalo de la vida que ahora tengo a mi disposición. Con el fin de mitigar un poco el sufrimiento causado por su ausencia, en forma personal, he perdonado a sus asesinos, pero nunca he olvidado todo el mal que nos causaron familiarmente.

Teniendo en cuenta mi tragedia personal, por culpa del conflicto interno, paso ahora a recordar otras tragedias colombianas, que han ensombrecido a muchos colombianos (as), aumentando así el número de víctimas directas e indirectas quienes han vivido en carne propia las ausencias de sus seres queridos, dentro de la llamada violencia oficial, de parte del mismo Estado. Recordemos a propósito, los mal llamados “Falsos Positivos”, cuyo verdadero nombre es Ejecuciones Extrajudiciales, siendo el de más ignominia ante el mundo, el investigado por la JEP (Jurisdicción Especial para la Paz) en Febrero de 2021, cuando contabilizó entre 2002 y 2008, un total de 6402 víctimas inocentes por culpa del mismo estado (en mi concepto personal, la peor tragedia lacerante en la historia de Colombia). Sigue a continuación, el de SOACHA, cuando fueron engañados y asesinados 16 jóvenes entre enero y agosto de 2008, con la misma manera tétrica, cobarde y vil, de parte del Estado de los “Falsos Positivos”. Sigue el Caso CATATUMBO, el más reciente, cuando en las dos audiencias realizadas por la JEP, en Ocaña (Santander), el 27 y 28 de abril / 22, los mismos 10 militares y un civil, confesaron sus crímenes, cuando asesinaron a 120 jóvenes.

Esa terrible espiral de violencia oficial, de parte del mismo Estado, se convierte en total desprestigio del mismo, sabiendo que, según la Constitución Nacional, existe el artículo 11 que ordena salvaguardar la vida y la honra de todos los colombianos de bien, lo mismo que en el Artículo 3 de la Declaración Universal De los Derechos Humanos.

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