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Tolstoi lamenta la muerte de Dostoievski

El viernes 23 febrero, 2024 a las 2:36 pm
Tolstoi lamenta la muerte de Dostoievski
Tolstoi lamenta la muerte de Dostoievski
Crédito: A.S.B Virtual Info

Tolstoi lamenta la muerte de Dostoievski

León Gil

     El 9 de febrero de 1881 fallece en San Petersburgo Fiodor Dostoievski, y al día siguiente, desde su Yásnaia Poliana, Tolstoi le escribe al filósofo y crítico literario ruso Nikolái Nikoláievich Strájov la siguiente carta:

Cómo me gustaría tener la capacidad de decir todo lo que siento por Dostoievski. Cuando usted describe sus sentimientos describe en parte los míos. Nunca vi a este hombre y nunca tuve una relación personal con él, y de pronto, cuando murió, entendí que para mí era el más cercano, el más querido, el más necesario de los seres humanos. Yo fui literato y todos los literatos son vanidosos, envidiosos, en todo caso así fui yo como literato. Y jamás se me ocurrió medirme con él, jamás. Todo lo que él hacía (lo bueno, lo auténtico que hacía) era de tal magnitud que cuanto más hiciese, mejor era para mí. El arte suele despertar en mí la envidia, la inteligencia también, pero lo que tiene que ver con el corazón sólo suscita júbilo. Para mí era un amigo y siempre pensé que un día u otro nos encontraríamos, y que yo tenía la culpa de que aún no nos conociéramos. Y de pronto, a la hora de comer, —estaba yo comiendo solo, llegué tarde—leí: murió. Fue como si se desplomara algo en lo que yo me apoyaba. Me sentí muy desconcertado, y de pronto entendí hasta qué punto me era querido, y lloré, aún ahora lloro.

Unos días antes de su muerte leí Humillados y ofendidos y me emocionó.

Sabía, instintivamente, que el sentimiento en los funerales sería auténtico, por más que los periódicos lo llenaran de mierda.

Le envío un cordial abrazo y todo mi afecto.
Suyo,
L. Tolstoi

Un año antes, le había escrito: «Si ve a Dostoievski, dígale que lo amo»».

ÑAPA

Fragmento de un texto del periodista Oscar Domínguez (tomado de su muro de Facebook el pasado 20 de febrero):

A raíz del premio del CPB agradezco en bloque las amables exageraciones de que he sido víctima. No tengo cómo agradecer tanta generosidad. Además, muchas personas me han afrijolado el rótulo de maestro. Les agradezco, pero no hay tal, ni mucho menos. Para poner las cosas en su sitio, me vi en la obligación de retomar una vieja nota mía sobre los que considero verdaderos maestros.

Maestro de nada, aprendiz de todo, le reviró Serrat a un interlocutor que lo graduaba de maestro. La revirada de Serrat era una invitación a no perratiar esa palabra tan sustantiva que de pronto le endosamos al primer adjetivo perico de los palotes.
Dicho está que en Colombia todo mundo es doctor y maestro, mientras no se demuestre lo contrario.
De paso por Medellín, los reporteros llamaban maestro a Borges. El memorioso de Buenos Aires les pidió que le dijeran “Borges” o “señor”. En este caso sí tocaba desobedecer al “último delicado”.

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