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Timba Cauca y la carrera espacial

El domingo 21 febrero, 2021 a las 1:06 pm

Timba Cauca y la carrera espacial

A propósito del amartizaje del robot Curiosity el día 18 de febrero 2021, por parte de la NASA, que se encuentra enfrascada en una feroz competencia con los rusos, los chinos y los Emiratos Árabes por la colonización de Marte, viene a mi memoria la vez que Timba Cauca, en nombre de toda Colombia, aunque Colombia no lo sabía, estuvo en la carrera por el espacio.

Pascual Charrupí
Pascual Charrupí

Corría el año de 1967, y mi hermano Pascual Augusto, quien para la época ya se había graduado en la facultad de Física y Matemáticas de la Universidad del Valle, como uno de los más brillantes alumnos de la promoción, lo que le valió su inmediata vinculación a la Universidad como docente de tiempo completo, había desarrollado una afición y un interés inusitado por todo lo relacionado con la carrera espacial que enfrentaba a gringos y rusos.

Timba Cauca y la carrera espacial

La carrera la iban ganando los rusos pues ya habían puesto en el espacio a un mico que cuando regresó estaba muerto, pero tuvieron éxito con la perra Laika que si regresó viva de circunvalar la tierra. Esto generó tal entusiasmo que en todo el mundo que las personas le cambiaron el nombre a sus mascotas hembras por el de Laika, generando un gran traumatismo en las perreras municipales, en los parques y calles, ya que las personas llamaban a su perra y se le venían como 20, pues todas tenían el mismo nombre.

Timba Cauca y la carrera espacial

Poco después los rusos orbitaron la tierra con Yuri Gagarin, y ahí si les dieron en la cabeza a los gringos, pues les dolió mucho que los rusos se les adelantaran en la carrera espacial. Esto produjo tanto afán de los norteamericanos por obtener triunfos en la conquista del espacio, que el presidente Kennedy ganó las elecciones de Estados Unidos con la promesa al pueblo americano que antes de terminar la década de los 60, Estados Unidos pondría un hombre en la luna.

En esos tiempos visitaba por temporadas la casa paterna y materna, una viejita de muy mal carácter llamada Concha, de la cual nunca supimos el apellido, nadie supo nunca de dónde venía ni tampoco para dónde se iba; y se quedaba por temporadas de seis meses y se iba de nuevo sin rumbo conocido, pero después aparecía una y otra vez, aunque nos mudáramos de casa y sin que nadie le diera la nueva dirección. Después nos enteramos de que entre sus pertenencias tenía un aparatico que no lo dejaba ver de nadie y que utilizaba para orientarse, suponemos que era una especie de GPS, pero para esa época ni nos imaginábamos que algo así pudiese ser posible.

Mi mamá y todos en casa la recibíamos con el mismo cariño de siempre pues inconscientemente ya la considerábamos un miembro trotamundos de la familia. No sabemos de dónde, pero misiá Concha, así le llamábamos, de una de sus mochilas sacó una vez un libro que contenía unas formulas químicas, y se lo dio a mi hermano como premio a su dedicación e inteligencia. El encontró entre muchas fórmulas interesantes una que podía servir como combustible y se interesó mucho en ella, hizo unas pruebas físicas y químicas, y efectivamente encontró que tenía inmenso potencial energético y lo más importante que él encontró, fue que de la combustión de este compuesto no quedaban residuos contaminantes y por lo tanto era de una importancia económica y ecológica mayúscula. Lo vimos muy activo por esos días y sin saber qué ideas estaban pasando por su cabeza de científico brillante, pero lastimosamente nacido en el tercer mundo, nos involucró a mi hermano Néstor Raúl y a mí en lo que constituyó la carrera espacial privada de Colombia, sin financiamiento estatal y con escasísimos recursos, pero con un corazón grande de un soñador que quería que Colombia estuviera en competencia con E.U. y Rusia por la carrera espacial.

La plataforma de lanzamiento se ubicó en un potrero de la finca de nuestro padre llamado El Barbudo, que marca los límites del departamento del Cauca con el del Valle. Escogió este sitio pues permanecía desolado y ajeno a interferencias que podrían haber dado al traste con el proyecto.

Mi hermano compró un tubo de hierro como de 40 centímetros de diámetro, y de unos cuatro metros de longitud, le hizo soldar unas aletas triangulares pequeñas en uno de los extremos y nos explicó que eso eran los “canards” y que servían para la dirección del cohete, el cual fue coronado con un cono pronunciado; en el otro extremo le fueron soldadas cuatro aletas triangulares más grandes y según nos dijo, servían para la estabilidad del conjunto.

Los siguientes días fueron de muchos cálculos, y pruebas del combustible hecho con las formulas del libro de misiá Concha, pero surgió un grave problema: era la comunicación con el cohete, para saber de la altura que hubiese alcanzado y las maniobras a realizar según el caso. Mi hermano para resolver el problema compró dos radios de transistores, marca Sanyo de los que llegaban de contrabando a San Andresito, y de los cuales los campesinos de Colombia de mayor poder adquisitivo lucían orgullosos colgados de sus hombros mediante una correa de cuero que tenían. Estos radios, que les servían para escuchar los noticieros al medio día en su jornada de trabajo, y por la noche oír a Los Chaparrines que eran los cómicos de moda, y después oír las Aventuras de Chan Li Po, un detective chino en América, que resolvía los más interesantes casos policíacos, además de las Aventuras de Kalimán y su inseparable amigo Solim, luchando contra el mal, en favor de toda la humanidad. Mi hermano los convirtió en un transmisor para darle órdenes al cohete, y en un receptor para ejecutar las órdenes que se le enviaban a este.

Llegó el gran día y en una noche de verano del año 1968 estábamos listos para iniciar la era espacial de Colombia, en un paraje al pie del río Timba, en el potrero El Barbudo de la finca de nuestro padre. Según los cálculos de mi hermano, el cohete orbitaría dos veces a la tierra, y caería controladamente en un paraje desolado del corregimiento, cerca del lugar de su lanzamiento.

Río Timba / Imagen: http://bit.ly/2NjmaAd

Mi hermano dio la orden de ignición, y el cohete pintado de blanco y con un letrero en letras negras que decía “Timba Colombia Espacial” rugió como un león gigantesco que hizo salir despavoridos a los caballos, las vacas, los pájaros e inclusive el río se vio plateado con un cardumen de peces, sardinas, bocachicos, jetudos, doncellas, barbudos y bagres, que por primera vez nadaron juntos en tremenda estampida acuática, en lo que me imagino ellos consideraban que era el fin del mundo.

El cohete poco a poco se fue elevando en el firmamento, y fue tanta la velocidad que alcanzó aquel artefacto, que al cabo de unos 40 segundos parecía que ya no obedecía las órdenes que se le daban con el radio Sanyo para mantener el curso, pues tal la velocidad que alcanzó que esta era mayor que la de las ondas de radio.

Supimos sí que entró en órbita, pues desapareció de nuestra vista, y al cabo de unas dos horas volvió a hacerse visible, lo distinguimos pues mi hermano lo había dotado de unas luces intermitentes; esto nos llenó de gran júbilo. Pero, oh sorpresa, de pronto vimos algo como una explosión unas cosas cayendo, en forma como incandescente, ya en tierra reconocimos pedazos del cohete hecho trizas. Parece que en este hecho fue que el ideólogo de un partido político en Colombia se “inspiró” para acabar con un intento por alcanzar la paz, al igual que los sueños de un colombiano que quería ver a Colombia en la lucha por la conquista del espacio.

Tiempo después, hace poco, nos encontramos con un paisa que se jubiló en la NASA, y al calor de unos tragos nos relató como una gran experiencia que lo llenó internamente de orgullo, el día que un colombiano anónimo puso en jaque al programa espacial norteamericano, y contó que este programa espacial y los deseos de poner un hombre en la luna en el año de 1969, casi fracasa por un objeto volador no identificado, que había salido de la tierra, y según los cálculos de los científicos de la NASA, había salido de Colombia, el cual había orbitado a la tierra en dos ocasiones, y la misión norteamericana que estaba en ese momento en el espacio había reportado que se trataba de un cohete, el cual procedieron a destruir, pues inicialmente pensaron que se trataba de un sabotaje ruso, después corroboraron que era un cohete del tercer mundo muy avanzado para tan poca tecnología y recursos disponibles, pero que no iban los gringos a permitir que un cohete artesanal hecho en Colombia, precisamente sin recursos, y con un mínimo de tecnología, les fuera a ellos a quitar la gloria de haber dominado el espacio.

Y nos dijo que lo que más les había llamado la atención era cómo habían desarrollado un combustible tan eficaz, y de tanto poder, al cual no pudieron rastrear por los residuos que dejaba su combustión, ni obtener ningún dato sobre su composición química, y que los Estados Unidos se habían gastado cualquier cantidad de millones de dólares mandando toda clase de espías y científicos para encontrar el combustible desarrollado en Timba, que tenía el mayor poder energético conocido y que no contaminaba el ambiente. Pero no lograron hallar ni la fórmula ni a quienes lo habían desarrollado.

Los dos hermanos menores sentimos una gran satisfacción por haber participado del proyecto espacial de Timba, muy orgullosos de nuestro hermano mayor, guardamos muy celosamente la fórmula del combustible del libro de misiá Concha quien nos había advertido que solo podía ser usado para fines pacíficos, y para cuando la humanidad mereciera un invento de tal magnitud por el buen uso y cuidado que le dieran al planeta tierra.

Fue tanto el empeño en guardar la fórmula, que quisimos protegerla hasta de nosotros mismos, y tenemos que reconocer que quedó tan bien guardada y protegida que hoy en día ni nosotros mismos sabemos dónde está.

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