Martes, 12 de noviembre de 2019. Última actualización: Hoy

Tiempos difíciles

El jueves 15 agosto, 2019 a las 11:02 am
Tiempos difíciles
Tiempos difíciles

Tiempos difíciles

Para nombrar esta columna de opinión, hago mías las palabras de una famosa novela escrita por Charles Dickens en el año de 1854 (hace ya 165 años), con ese sugestivo título, siendo la décima novela de tan prolífico autor, la cual transcurre en Inglaterra durante la primera industrialización, como una especie de crítica social hacia ese período de la historia inglesa.

De la misma manera, esas dos palabras claves aparecieron muy apropiadas para comentar en la presente ocasión lo que ahora está sucediendo en nuestro querido norte del Cauca, en todos los contextos habidos y por haber, cuando a cada instante de su cotidianidad se producen situaciones preocupantes que no deben ocurrir en virtud del llamado posconflicto, las cuales crispan nuestra sensibilidad social y nos vuelven otra vez temerosos, en medio de una especie de espiral de la violencia (como a define muy bien María Elvira Samper), a propósito de la situación general del país.

Se entendía que el mencionado posconflicto en el norte del Cauca, sería la oportunidad preciosa para tomar un segundo aire de paz y comenzar de nuevo con más bríos, mirando el futuro con redoblado optimismo, para salir del atolladero anterior, al igual que en el resto del departamento, muy bien representado ese anhelo con el slogan de “Cauca: territorio de paz”, acompañado del símbolo en varios colores con la conocida paloma de la paz. Pero los hechos sucedidos en estos últimos días son demasiado preocupantes y tozudos y echan por la borda tan buenas intenciones, en virtud de la problemática actual.

Antes de proseguir y aprovechando el mencionado tema anterior, era lógico pensar que una vez firmado el acuerdo de la paz en La Habana, hace ya cerca de tres años, el señor Estado, debía hacerse presente al instante en esos espacios libres de las Farc y permitir así un cambio de escenario propicio al desarrollo y al progreso de esas regiones, ayudando a las comunidades víctimas de la violencia anterior, dándoles una mano amiga. Pero no fue así, las dejaron a la buena de Dios, se olvidaron que existían, en una falta completa de olvido oficial y de un llamado Presidente y dejaron que actuaran otros protagonistas que aprovecharon a su modo esas regiones olvidadas.

Y así comenzaron las tragedias sociales y los días difíciles. Primero los indígenas caucanos, con una estadística aterradora de 36 nativos asesinados en este año (“sembrados”, como dicen ellos, de acuerdo a sus creencias respetuosas) y 159, después del acuerdo; 10 periodistas amenazados (de Caracol, Blu Radio, Noticiero 90 Minutos y Proclama del Cauca); 1 docente asesinado, quien laboraba como rector de la Institución Educativa Agroempresarial de Huasanó; entrega de panfletos a los niños indígenas de una escuela en Morales (Cauca), de parte de un grupo armado.

Las soluciones de parte del llamado presidente han sido “declaraciones dulzonas”, como lo dijo un dirigente indígena, la visita de la ministra del interior a Popayán y el envío de la flamante Comisión de Paz a Caloto, para las fotos respectivas. Con estas “soluciones” oficiales, no hay nada alentador a la vista, quién sabe hasta cuándo, porque ya sabemos que no tenemos presidente.

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