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¿Tiempos de oscurantismo político?

El viernes 9 enero, 2015 a las 5:45 am
Jorge Muñoz Fernández

MATEO MALAHORA mateo.malahora@gmail.com

Son tiempos en que los seres humanos solemos celebrar acontecimientos inesperados con argumentos insensatos; sostener de manera obstinada errores; argumentar barbaridades o hacer alarde de sabiduría con razonamientos ingenuos; todo porque el avance vertiginoso del conocimiento científico y las ciencias humanas deja sin piso fundante lo que hasta el día anterior constituía una verdad inamovible.

Esto de pensar ha sido un largo proceso de pesquisas y cuestionamientos, los griegos nos dejaron un generoso acopio de juicios sobre la función cotidiana del pensar, tanto que hemos llegado desde el “sólo sé que nada sé”, hasta la estupidez que nos ha entregado la sociedad del conocimiento y la información, de una manera tan simple, que obramos como androides y robotizados.

En esa perspectiva, y sin acudir a las sospechas del filósofo Albert Einstein: “Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad. El mundo sólo tendrá una generación de idiotas”, optamos mejor por apoyarnos en Martin Luther King para entender lo que nos está ocurriendo.

Martín Luther King - Mateo Malahora

Martín Luther King (1929-1968), asesinado en el país que se autoproclama defensor de los derechos humanos y quizá la única nación donde se ha inmolado a un Premio Nobel de la Paz por haber dicho “tengo un sueño”, haber luchado contra la guerra de Vietnam, haber defendido los derechos de los afroamericanos y haber protagonizado la Gran Marcha sobre Washington en defensa del trabajo y la libertad.

El Mahatma Gandhi norteamericano, coloso del pacifismo mundial y de la no violencia, que no abrevó en el marxismo sino en la teología de la Iglesia bautista, le dejó al mundo contemporáneo, víctima de la posmodernidad neoliberal, un pensamiento que resume con exactitud la enajenación política, social y cultural en la que se encuentra prostrada la humanidad del Siglo XXI:

“Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda”.

Tontos (estúpidos) siempre los ha habido, y majaderos (estúpidos) mucho más, aunque haya majaderos de majaderos, como Simón Bolívar, cuando al final de su tarea emancipadora y antes de ingresar a la gloria le dijo a su médico de cabecera en Cartagena:

“Jesucristo, Don Quijote y yo hemos sido los tres más grandes majaderos del mundo”, frase lanzada no para reivindicar la estupidez, sino para zaherir a una sociedad políticamente analfabeta, que lo dejó desamparado en manos del odio y la persecución, sociedad liberada que le otorgó más crédito a sus enemigos y detractores que a la titánica misión de haber luchado contra todo tipo de opresión, y no solamente contra el despotismo ultramarino.

Los nuevos oscurantismos, montados sobre deslumbrantes tecnologías electrónicas, son de apariencia lúcida, no se levanta sobre la cosmovisión geocéntrica, ni sobre los alcaloides mágico religiosos, ni muchos menos sobre determinismos económicos, son embelesos de influencia mediática.

“Ignorancia sincera y estupidez concienzuda” ha dicho el grande y eximio afrodescendiente norteamericano, desnudando la funesta enajenación social, cultural y política que nos impide ver el engaño del progreso nacional y corporativo mundial.

En un mundo virtualmente atónito y estupefacto- se han cambiado los objetos y sujetos de la adoración- la explotación es más liviana y manejable. De plácemes están las grandes corporaciones económicas porque pueden ejercer su absolutismo blando en los ámbitos nacionales, regionales y locales por encima de las limitaciones y fronteras del Estado.

Y una es “la ignorancia sincera”, de quienes en virtud de la educación alienante no están en condiciones de sentir indignación ante la injusticia, y otra es la ignorancia social ejecutada como arma de dominación, como instrumento de opresión y despotismo, usada por conductores de pueblos que, en disfrute de apetitos individuales, acuden con inocultable cinismo a la desfiguración de la verdad, disfrazando la explotación con generosidad, la lujuria política con probidad y el desarrollo desigual con justicia social.

Coincide El Libertador Simón Bolívar, en la Carta de Jamaica (1.815), con la sentencia de Luther King: “…por la ignorancia nos han dominado más que por la fuerza”, ignorancia traducida en analfabetismo político.

Bien se sabe que la conciencia social y política de los seres humanos se hace, se construye, no es innata; no se instala desde el momento en que se crea una nueva vida; se forma mediante las relaciones con el entorno social, mediante la presión de las circunstancias, de manera pasiva o activa, donde somos objetos o sujetos históricos. Hace parte del ejercicio de dominación.

Hasta ahora los colombianos, verdad irrefutable, somos objetos y cifras electorales, no somos sujetos libres y soberanos, antes por el contrario, obramos políticamente como seres autómatas. (“por la ignorancia nos han dominado”), (somos víctimas de la ignorancia sincera…).

Reto enorme el de trabajar por una democracia auténticamente representativa, porque la nuestra, moldeada por el oscurantismo político, es una democracia suplantativa, hecha por quienes piensan como si con ellos empezara la historia. Hasta pronto.

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