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Lunes, 23 de noviembre de 2020. Última actualización: Hoy

TIEMPOS ACIAGOS

El viernes 27 marzo, 2020 a las 1:46 pm

TIEMPOS ACIAGOS

TIEMPOS ACIAGOS

(…) Jesús lo miró con amor y le dijo: “Sólo una cosa te falta: Ve y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos. Después, ven y sígueme”. (…) el hombre se entristeció y se fue apesadumbrado, porque tenía muchos bienes.
San Marcos

Sorprendente e incomprensible es el raro comportamiento de nuestros políticos y pastores. Quizás, piensan que el virus es el ángel castigador que se hará más visible donde no han recaudado sus bonanzas en nombre de Dios y del progreso. Por ello, se niegan aplazar sus diezmos y actos de poder e hipocresía. Desconocen que los pobres son los mayores responsables de sus ríos de vida y dinero.

TIEMPOS ACIAGOS
«… estos sinvergüenzas impulsan ideas erróneas desde el púlpito y exigen dinero …»

            Me detendré un poco en los pastores. Algunos insisten en recoger su diezmo, desconociendo las necesidades de sus ovejas, aludiendo que Dios lo quiere, amparados en el capítulo 7 de Malaquías o protegidos en un falso dios. Pero, si este dios avala estos actos irresponsables de recolección, renegaré de él. Desconociendo la misericordia divina, estos sinvergüenzas impulsan ideas erróneas desde el púlpito y exigen dinero so pena de castigo y exterminio sin par. Quizás la soberbia, el dinero e individualismo que impera en sus templos babilónicos les permita señalamientos de salvación y exclusión.

            Ahora retomo a los políticos, su silencio es perturbable. Es la hora precisa para que cumplan lo ofrecido en campañas electorales y devuelvan un poco de lo recolectado desde sus puestos de control. Por sus continuos actos de corrupción, el Coronavirus desnudó nuestros sistemas.

            En síntesis, estos singulares personajes no solo se sitúan de parte de los oprimidos según su interés, sino que callan ante la unión nacional que lucha contra las fuerzas silenciosa del coronavirus. Sus ejércitos de sirvientes no están al servicio de quien ahora en el exilio con migajas pretende sobrevivir. Exijo que el diezmo del pastor calme la sed y el hambre, y lo prometido un domingo de elecciones aplaque la ira de los servicios públicos y la indiferencia de los banqueros.

             Además, ruego, ser prudentes, porque esta experiencia de dolor seguirá y no será un testimonio de fidelidad a un Dios, como pretenden algunos decir. No es así, y si algún discurso apocalíptico sigue, quiero recordar que son ustedes señores pastores y políticos los que han robado las regalías que debían mejorar y construir hospitales y subsanar el sistema de salud. También, los que han construido enormes elefantes bajo el amparo del señor.

            En este orden, debo recordar dos puntos. Primero, en los evangelios se puede inferir que para encontrar al Dios verdadero es imprescindible buscarlo en dónde realmente está, es decir, en los oprimidos y sufrientes, en los excluidos y crucificados, en las víctimas de la política, la corrupción y la religión. Segundo, un Dios de amor jamás causará nuestro sufrimiento, o nos probará en el dolor, como diría desde un pulpito un sinvergüenza pastor. Para San Agustín y Santo Tomás, la razón de la creación del universo es clara, es fruto del amor y del bien que debe redundar en la felicidad.

            Nunca debemos olvidar que el CORONAVIRUS nos halló en una situación de abandono total por parte de un Estado tercerizado y corrupto. Y a otros engordando a cristotraficantes que se escudan en un Dios misericordioso y solidario vendiendo a buen precio la salvación. Por eso, NO debemos creer que lo que experimentado hoy sea castigo divino.

            Creo firmemente que el verdadero Dios salvará nuestra historia. Y desde nuestra condición de hijos de Dios y de un Estado social de derecho reclamaremos políticas públicas eficaces y la instalación de mejores instituciones en favor de los menos favorecidos. Pero antes, debemos volcarnos en acciones solidarias y misericordiosas y ser responsables con las medidas de aislamiento para no sufrir la embestida mortal del Covid-19.

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