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TESTIGOS

El jueves 21 septiembre, 2017 a las 5:37 pm

TESTIGOS / Imagen de: http://www.radio1040am.com

Rodrigo Valencia – Constanza Mendoza (*)

Estábamos sentados en el autobús, y por gracia y coincidencia nos tocaron asientos contiguos. Aún sonaban en el ambiente las palabras del Papa Francisco de su visita a Colombia. Las calles pasaban de prisa; por lo menos, eso parecía a medida que el bus corría por la avenida, y una que otra persona hacía señas con la mano para que parara. Se subían, el ambiente era sofocante, no cabía un alma más. En la fachada de una edificación se veía una pancarta con la imagen del papa caminando a paso firme.

Y entonces le dije:

     R. — ¿Qué te parece? Vino el Papa Francisco, y a veces su tono libre-pensador acompañó la bella idealidad que todos querríamos en un mundo. Sin duda, quienes lo miran y acusan con recelo, deben arrodillarse, pedir perdón por tanta desconfianza manoseada en la cizaña.

     C: — Efectivamente creo que la visita del Papa Francisco debiera marcar un potente hito de reflexión, respecto de la necesidad de la construcción de un verdadero proceso de paz. Vi la misa inaugural, y lo que más me conmovió fue el relato desgarrador de dos representantes de las víctimas del conflicto armado, dos madres, resilientes, valientes, con relatos tremendamente dolorosos y perturbadores. Nadie puede ser indiferente ante el dolor de lo imperdonable, del horror de la guerra, la anomia, y el sin sentido. Colombia necesita agentes de cambio, ciudadanos legítimos, que estén dispuestos a garantizar una real transformación de la sociedad, y un funcionamiento coherente, desde el respeto a todo nivel, de los derechos humanos.

     R: —: Excelentemente bien dicho. Esperemos que la realidad atienda y entienda.

     C: — ¡Eso espero y anhelo!

     R: — ¡La realidad es dura de mollera y oídos!

     C: — Buena inquietud. ¿El tiempo, la amnesia, la evasión, el aislamiento, la locura, la racionalidad, algún ismo ideológico? Quizás sólo para algunos, para los más sanos, para los verdaderos Buenos, su única salvación sea resistir empáticamente, existir y ser valientes!

     R: — ¡Buena esa, «¡resistir y ser valientes!»; pero esa madera es escasa, vamos perdiendo fuerza y valores, y el tiempo se empaña de peor en peor, la realidad llora todos los días. Quién sabe si uno sea de los «buenos»; si no, a la escoria.

     C: — En mi opinión «la bondad», como categoría existencial, podría incluir una amplia variedad de seres y expresiones. A veces, hacer parte de ese espectro, también puede ser una elección.

     R: — Depende, en parte, de la constitución «molecular-espiritual», diría yo; algo que viene con los genes (un regalo de los dioses, diríamos, usando lenguaje metafórico); pero se puede alcanzar con la voluntad y empeño, si esa constitución orgánico-espiritual lo permite, y si hay verdadero esfuerzo de nuestra parte. No sé qué piensas de esto…

     C: — ¡Estoy muy de acuerdo!

     R: — Tú como profesional lo sabes más y mejor que yo. Muchas gracias, tus aclaraciones son muy pertinentes.

En la esquina yo me despedí, ella siguió en el bus. La ciudad parecía un nudo de afanes; la gente miraba como siempre, quizás nadie refleja serenidad en el rostro. Un auto pasó muy veloz; más allá se oyó la estridencia desafinada del freno. No lo pude ver, iba muy adelante, pero un corrillo de gente al parecer se formó a lo lejos.

Quedé preocupado, y pensé: «La vida es impredecible. ¡Qué tal el terremoto de México!»

RVQ – CONSTANZA

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(*) Médica payanesa, especializada en psiquiatría

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