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Temistocles Ortega y John Cárdenas

El miércoles 31 julio, 2019 a las 5:14 pm
Temistocles Ortega y John Cárdenas

Temistocles Ortega y John Cárdenas
¡Cómo nos cambia la vida…!

Temistocles Ortega y John Cárdenas

Es lamentable que el afán, justo y necesario, de acceder al poder político, negado eternamente a las verdaderas personas de bien, en ocasiones conduzcan a metidas de pata, gazapos, embarradas o errores, por parte de la dirigencia política de los partidos y movimientos alternativos en todo el territorio colombiano.

La incursión de la izquierda colombiana en los cardonales de la llamada realpolitik, con el pretexto de alcanzar la victoria electoral, para que, a partir de este pretendido éxito, se avance en el camino del cambio de las costumbres políticas de Colombia, es una muy fantasiosa pretensión, que en la mayoría de las ocasiones termina con un rotundo fracaso en las urnas o en un matrimonio indeseado e incómodo en el poder.

En el Cauca el asunto no es nuevo, de hecho, son varias las oportunidades en las que, de manera bien intencionada, los partidos y movimientos de izquierda han buscado alianzas con algunos políticos de los partidos tradicionales para intentar alcanzar un espacio en la administración pública. De todos es sabido que esas relaciones han terminado mal.

Los políticos profesionales saben muy bien del desespero, el hartazgo y la necesidad de cambio de las inmensas mayorías, que han condenado y condenan el eterno estado de abandono y atraso del Cauca en manos de los partidos tradicionales de derecha y sus cuasieternos dirigentes, por eso, y con conveniente afán, corren presurosos a montarse en el bus de la victoria de movimientos multitudinarios de uno que otro fenómeno de la izquierda; así lo hicieron con Floro Tunubalà y recientemente lo hicieron con la Colombia Humana.

Temistocles Ortega, Tito, como se lo conoce en el Cauca, apelando a su célebre nombre de legendario general y dirigente de la Grecia Clásica, sus conexiones políticas de exmagistrado y un deliciosìsimo discurso encantador de serpientes, ha sabido tejer toda una tramoya de favores, clientelas y padrinazgos para catapultar su carrera como varón electoral del Cauca y, cómo no, aunque a último minuto, supo encaramarse en la aplastante victoria de la Colombia Humana en el Cauca, para tapar las falencias de su ahijado político, el muy gris gobernador Campo a fin de seguir urdiendo un entramado que le permita poner nuevamente a su gobernador.

Entre tanto, no muy lejos de las esquinas titistas, en Popayán, el representante por el derechista Partido de la U, fundado por Uribe y Santos, echando mano de un paso por fundaciones sociales de línea zurda en este departamento, se enfundó en el disfraz de alternativo en su primera campaña, autoproclamándose sucesor del legado de la Cacica Gaitana, de Quintín Lame y continuador de las gestas del asesinado Jorge E. Gaitán. Desde su ascenso al Congreso ha sabido, al igual que su maestro Roy Barreras, asimilarse a conveniencia, a los discursos y la plataforma de la centro izquierda caucana, con el afán de quitarse de encima el fardo y la autoridad de la Casa Iragorri, en cabeza ahora de Junior, el exministro. A diferencia de Tito, John, sabedor de las malquerencias de las élites tradicionalistas de la capital caucana, dio el brinco de primero en las toldas de la Colombia Humana, para desde allí, relanzarse como nuevo dirigente social del Cauca.

Sin embargo, y por esas cosas de la costumbres politiqueras, aunque mimetizados de alternatividad y camuflados en una oposición conveniente al gobierno Uribista de Iván Duque, tanto Temistocles como John Jairo, han hecho lo habido y por haber, para enredar en su telaraña de inverosímiles promesas de gobierno, compromisos de alternatividad e incluso de sucesión en el poder, a uno que otro despistado dirigente de izquierda, dizque para construir una convergencia alternativa para llegar a la gobernación del Cauca, lo único que se les olvidó decir a estos dos nuevos caciques de la política, es que esta construcción debe redundar en el posicionamiento eterno de estos dos nuevos próceres del Cauca.

Tal y como escribiera y cantara el difunto, exsoldado William Domínguez: «Cómo nos cambia la vida, ayer era uno y hoy soy otro…», sólo que ni Tito ni John son otros, son los mismos, con antifaz de alternativos.

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