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Jueves, 29 de septiembre de 2022. Última actualización: Hoy

Tejer para entender

El lunes 5 julio, 2021 a las 1:59 pm

Tejer para entender.

MARCO ANTONIO VALENCIA CALLE

A los niños guambianos se les enseña que todo lo que viven día a día es parte de su historia, incluso de la historia de la humanidad. Y eso implica tener la conciencia despierta en medio de la rutina. A tal punto que tareas como recoger leña o cocinar son un gran acontecimiento. Y hay que hacerlo con cuidado, con delicadeza, con la conciencia atenta y el pensar en marcha.

La vida de cada guambiano se puede ver en los astros, en la galaxia, en el tablero del cielo. De hecho, los viejos decían que el mundo es igual a su sombrero tradicional (kuarimpoto, le llaman) y que cayó del cielo para flotar sobre las aguas del mar. En otras palabras: que el mundo es eso que se ponen en la cabeza y que, para muchos, es como un sombrero. Contaban también que sus caciques, nacidos en las lagunas, son engendrados por rayos caídos de las estrellas.

En los tiempos sin hospital, los partos se hacían en casa. Las parteras enterraban la placenta del recién parido, en la ceniza del fogón de la cocina, para que las personas quedaran ligadas a su tierra a través de un hilo invisible. Pero el tema es que el color de las llamas o de los tizones ardientes tiene el color de las galaxias en el cielo. Y es el mismo color de los hilos que se ven en los kuarimpotos guambianos. La vida se trata de desenrollar ese hilo invisible y, cuando se produce la muerte, es porque se ha terminado de enrollar la madeja o el carrete.

Vivir es, entonces, tejer la vida con ese hilo invisible. Y tejerla es como tejer una ruana, un anaco, un chumbe. Y cuando se teje, hay que estar concentrado, hay que pensar o meditar y crecer por dentro. Todo guambiano, al menos una vez en la vida, debe hacer un tejido para que lo entienda.

En el kuarimpoto, dicen, está la historia de los misak y su relación con las estrellas; es decir, ellos llevan su historia en la cabeza. Aunque parece un sombrero plano, cuando se estira del centro hacia arriba, toma una forma tridimensional. El tejido y los colores del mismo forman un caracol o una vía láctea en doble movimiento. Un tejido y un color sale del centro hacia afuera y desde afuera hacia adentro viene otro. Ese ir y venir del espacio y del tiempo se constituye en la historia del hombre, de la humanidad misma.

El médico tradicional o moropik vive en comunicación con las estrellas y con el caracol de la vía láctea. Cada cierto tiempo, cuando el cielo está despejado, sube a la montaña y ordena trazar un caracol sobre la tierra. Ahí donde un grupo de guambianos se ubican, en fila india, para a “refrescarse”. Lo hacen con la medicina tradicional, moviéndose de la periferia hacia el centro, mientras otros hacen lo contrario.

El refresco, me dicen, es necesario en días de lucha y recuperación de tierras. Sirve para tener claridad y no olvidar que lo pasa en el planeta está ligado con los designios del cielo.

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