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Sábado, 19 de octubre de 2019. Última actualización: Hoy

Techo de nubes grises

El sábado 8 junio, 2019 a las 8:12 am
Imagen cortesía de: https://bit.ly/2Z8HRmy
Techo de nubes grises

Techo de nubes grises

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

Llueve levemente afuera. Afuera. Porque aquí, adentro, está calientico el recinto. El día amaneció frío pero el clima lo hace templado. Estoy con ropa de paseo. Me quedé vestido porque ya no saldré. Tenía toda la intención de caminar, pero lo haré más tarde por otro sendero. Caminar es como una terapia necesaria para sostener la voluntad.

Van cayendo millares de gotitas blancas y el pavimento las recoge contento. Llover en tierra caliente cae bien a cualquier hora. Dije mal. No hay nubes. El firmamento está encapotado: se puso esta mañana el capuchón grande y blancuzco que cubre toda su superficie visible.

Me he puesto una chaqueta de lana para estar sin que me moleste el clima que viene de allá, afuera. No entra por la ventana porque está cerrada. Pero, al parecer, los vidrios hacen permear algo de la brisa húmeda y fría. Es bueno que esto suceda para cambiar de hábitos de vez en cuando. Parezco un bogotano de tierra fría en esta Cali caliente y alegre.

Unos sonidos sobre la estufa me hicieron levantar para destapar la ollita del chocolate que está que hierve. Haré un alto en la escritura mientras le hago caso al desayuno. El pan ya se alistó pero el queso está aún dormido en la nevera. Me da pena pero lo despertaré…

Afuera el cielo y el ambiente está igual: nublado y medio lluvioso. Aquí estoy resguardado y no siento frío ni en el cuerpo y menos en el alma. Estoy como si tuviera los 15 o 14…

He pensado en ir a almorzar, a viajar en el Mío, como cuando era niño. No tengo caprichos de ir a restaurantes ni a mirar juguetes en los almacenes. Soy feliz con mi edad que me da para vivir sin preocupaciones y pensar y escribir y recibir llamadas de mis familiares y amigos. Creo que, sin pensarlo mucho, he llegado a esta etapa niño, de joven… Me miro las manos y los dedos. Como si fuera ayer. Soy el mismo que echaba a bailar el trompo en la calle y montaba en cicla prestada… Mi única entretención es este aparato en el que gasto mucho tiempo y me alegra decir lo que quiero. Y me tiendo en la cama a pensar y echar a volar los sueños para afuera y para adentro.

Arriba el cielo gris me está cubriendo. Deja pasar la luz para que pueda escribir. Aquí, sentado frente a mi teclado y la pantalla hago lo que más me gusta. Escribir sin pensar si lo hago bien. Poco a poco la cuartilla se ha ido llenando. Ya casi llego a las 500 palabras. Abajo me dice que llevo 455.

Me alcanza el conteo para agradecer a ustedes que me leerán. Tal vez alguien envidie mi suerte de gozar con este quehacer. Escribir es el pasatiempo para plasmar pensamientos, elucubraciones, verdades y pasatiempos. Veo que estoy en el límite para cumplir mi cuota diaria.

07-06-19 – 8:31 a.m.

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