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Tareas inmediatas

El martes 13 julio, 2021 a las 5:19 pm
Tareas inmediatas - Ejército - Congreso - Policía

Tareas inmediatas

Por: Guido Germán Hurtado Vera

Colombia atraviesa por un cóctel de crisis cada vez más complejo. En lo político, un Estado incapaz de garantizar la convivencia y seguridad. En lo económico, un Estado del bienestar que solo opera en el papel y que cada vez robustece más los mercados financieros y al capitalismo arrasador de los recursos naturales. En lo sociocultural, un Estado incapaz de garantizar los derechos de los grupos sociales profundizando con ello la exclusión social.

Los partidos políticos, el Congreso y los Organismos de Control (Procuraduría, Defensoría del Pueblo y Contraloría) cada vez más desprestigiados, al igual que la Fiscalía, un remedo de investigación judicial. Y, después del paro nacional y lo hechos recientes en Haití, la Policía y el Ejército ni qué decir.

Los partidos políticos y su representación en el Congreso son una vergüenza. El balance de la legislatura 2020-21 es pobre. Diecinueve proyectos aprobados, de los cuales, en plena crisis social y económica, dos fueron conmemorativos: la declaración del Día Esthercita Forero para Barranquilla (promovido por la Casa Char) y el homenaje al prócer Marco Fidel Suárez. No obstante, fueron otros los proyectos de ley que causaron polémica, entre ellos, la Ley de la Procuraduría; la sobretasa a la gasolina; la Ley de comida chatarra; la reducción de la jornada laboral; la licencia paternal compartida; la transición energética; el abastecimiento de gas, entre otros. Y, como es parte del paisaje, cerró el periodo legislativo en sesiones maratónicas y a pupitrazo limpio.

Los organismos de control, en manos del Centro Democrático, son un pintoresco cuadro de esta pseudo-democracia: los ratones escogen al gato que los debe cazar. En las últimas semanas, estos organismos han cerrado casos judiciales que comprometían seriamente a miembros cercanos del CD y de los partidos políticos de la coalición de gobierno.

En un informe presentado la semana pasada sobre sobre la crítica situación social y de orden público que vivió Colombia entre mayo y junio, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos -CIDH– hizo dos recomendaciones de fondo que causaron polémica: la separación de la Policía del Ministerio de Defensa y que los funcionarios elegidos por voto popular solo puedan ser destituidos o separados de su cargo por orden de un juez penal (contrario con la recién aprobada Ley de la Procuraduría). Posteriormente de esta recomendación el mundo conoce que 28 exmiembros del ejército colombiano son los protagonistas del asesinato del presidente de Haití, Jovenel Moise.

Los efectos económicos de la pandemia según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) se redujeron el equivalente a 255 millones de empleos en el mundo, y se prevé una recuperación lenta, desigual e incierta del mercado laboral en 2021. Asimismo afectó laboralmente más a las mujeres, tasa de ocupación se redujo un 5%, que a los hombres, que fue del 3,9%. Y resultaron más impactados los trabajadores más jóvenes, una reducción de la tasa de ocupación del 8,7%, frente al 3,7% en el caso de los más adultos. En Colombia, el saldo de la pandemia es la peor recesión de la historia con una caída de 6,8%, con más de 4,1 millones de desempleados y con miles de empresas que tuvieron que cerrar ante el aislamiento que se extendió varios meses para poder contener al virus.

Ahora bien, en lo sociocultural la pandemia ha agravado los problemas en las comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes. Una gran parte de ellas se encuentra en condición de vulnerabilidad por razones asociadas a la pobreza y a la desigualdad, y es la fragilidad socioeconómica la que los hace especialmente propensos a ser víctimas de exclusión social. Sus condiciones de vulnerabilidad están asociadas, entre otras cosas, al desempleo, al subempleo o a la informalidad laboral; a la carencia de ingresos, o a los ingresos insuficientes o irregulares.

Las urgencias que plantea es coctel de crisis sumado a los acelerados procesos devastadores de destrucción del medio ambiente (de los cuales no hablé en este artículo) no permiten posponer hacia el futuro la tarea, ni siquiera a mediano plazo, de enfrentar esta crisis generalizada. Para ello es indispensable contar con todas las alianzas ciudadanas posibles. Es urgente responder colectivamente, en forma dialogada y negociada a este panorama desolador. Por ahora un paraje cercano y no único (hay otros) serán las elecciones parlamentarias del 2022. Deseo ver a todos los ciudadanos de este país, sin excepción, eligiendo los representantes capaces de proponer un mejor panorama para esta Colombia dolida.

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