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Surrealismo a la criolla

El jueves 4 abril, 2013 a las 10:39 am

Gloria Cepeda Vargas

Gloria Cepeda Vargas

El surrealismo puede ser ese zarpazo bretoniano de post guerra que nos volvió al revés o un empujón que termina por descoyuntar la lógica. Y eso es lo que sucede en la Venezuela del siglo XXI. Para los politólogos es anarquía, para los economistas derrumbe fiscal, para religiosos y moralistas “un quiebre de valores”, mientras los autores de esta nueva carta de navegación, aturden calles y asambleas con alaridos patrioteros, recién desembarcados de sus lujosos yates o de sus aviones privados.

El ingreso a este mundo, por surrealista único en el rompecabezas suramericano, ocurrió en Venezuela a principios de junio del 2011 cuando el comandante Chávez confesó públicamente ser portador de un “cáncer abscesado”(?) sin explicar en qué sitio de su cuerpo moraba tan extraño espécimen. Siguió con hinchazones y calvicies esporádicas, viajes a La Habana cada vez más frecuentes y terminó con un sainete doloroso y ridículo a la vez: un combo de presidentes latinoamericanos y un príncipe ultramarino rindiendo honores a un cadáver momificado que tras gruesa cubierta de cristal, desafiaba el sol caraqueño de uno a otro extremo de la ciudad entre voces plañideras y corridos llaneros.

Amarga e insólitamente surrealista fue la proeza saltimbanqui creada por el Tribunal Supremo de Justicia para invertir el espíritu constitucional, atrapando en el aire a Nicolás Maduro e insertándolo de un puñetazo en la más alta dignidad de la nación. Fuera de foco la actitud de Maduro casi transustanciado con el difunto. Como si fuera un zombi, le ordena hablar, gesticular, insultar y hasta amenazar por su boca. “Soy el hijo de Chávez”, farfulla. Lo que no le impide afirmar: “Todos los opositores son hijos de Hitler” exponiéndose a que el monje Mendel se le aparezca de noche y le temple los pies.

No debo terminar sin quitarme el sombrero ante la increíble, formidable, casi sobrehumana campaña electoral realizada por Henrique Capriles a solo trece días de las elecciones presidenciales. Hoy, a las 7 p.m. del 1º de abril, encabeza en Caracas una marcha de banderas y multitudes que se pierde de vista. Todos los obstáculos considerados reales, se los traga. Definitivamente, Venezuela es un testimonio de nuestra dualidad irreductible y mágica.

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